
| Fragmento del Capítulo IX de "Hola, soy Ángela y tengo un problema": El restaurante que habían escogido para cenar juntos estaba repleto, pero siempre hay un reservado para los buenos clientes. Sabina y Ángela habían acudido puntuales y casi coincidieron en la entrada. El encuentro fue glorioso; besos y arrumacos, piropos acompañados de tacos muy malsonantes, sonrisas mutuas. La expedición no era íntima. Joaquín Sabina venía acompañado de Jimena, su novia, y de Lena, su secretaria. Por su parte, Ángela también traía a sus mozos de guardia, Sabino y Juanito, más don Alberto y doña Seve. Una vez tomaron asiento en el agradable comedor privado hicieron las presentaciones y no se pudo evitar un poco de chanza por las similitudes entre Sabina y Sabino. --Era mi sueño conocerte -comentó tímido Sabino. --Ahora mismo te cambiaba el nombre. Joder, yo tengo nombre de tía. ¿También eres del gremio? -le preguntó el cantante. --¿Del gremio? -se extrañó Sabino. --Si cantas, coño. --¡No, no! Nada de cantar… --¿Eres manager? --Tampoco… --¿Eres gigoló?! El silencio de Sabino desató la carcajada del cantautor que mirando a Ángela soltó un "¡Joder, qué chollo! Es la ilusión de mi vida, ser un hombre objeto". --Eh, pinche cabrón. Aquí el muchacho no es un hombre objeto. Es mi hombre -aclaró Ángela. --Perdona, Sabino, era todo una broma, no te lo tomes a mal. No me odies, joder. Ya sabes cómo soy, un cabronazo. ¿De dónde eres? |
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