A veces, de cuando en cuando, sentimos un estremecimiento de orgullo, una sobrecogedora aprensión a la que no sabemos, podemos o queremos dar nombre. Tal vez no sea inadecuado llamarlo miedo. Tal vez no sea inadecuado tenerlo. Perderlo. Recuperarlo. Utilizarlo en alguna ocasión, por qué no?. Abandonarlo sobre aquel banco del parque, tantas veces solitario,...
A veces, de cuando en cuando, sentimos un estremecimiento de orgullo, una sobrecogedora aprensión a la que no sabemos, podemos o queremos dar nombre. Tal vez no sea inadecuado llamarlo miedo. Tal vez no sea inadecuado tenerlo. Perderlo. Recuperarlo. Utilizarlo en alguna ocasión, por qué no?. Abandonarlo sobre aquel banco del parque, tantas veces solitario, pero que en algún momento no lo estuvo; o recibirlo repentinamente cuando no lo esperas, cuando no lo quieres, cuando no sirve de nada luchar contra él. Y simplemente podemos disfrutarlo o con un gran esfuerzo transformarlo en música, en canciones.