Tengo entre mis manos la cajita del cd. El reproductor vibra. Vibra como si un intruso se hubiera deslizado dentro y me destilara directamente tazas y tazas de café de arteria en arteria, todo retumba en mis sienes y un extraño traqueteo asola mi musculación. Es el nuevo disco de Picore: Lista completa de heridos –nombre basado en una idea de Sergio Algora para la ilustración de la portada, obra de Mari Ángeles Cuartero.- es un disco con aire continuista que carece de esos antisingles que casi hacían accesible la anterior entrega de la banda de los exSuperyó/El Polaco –porque los había en La Postura Perfecta, la anterior entrega, Virus, Compartía corazón o el Cómprate un arma.- y lo convierten en un exponente más claro de lo que los Picore llevan haciendo en directo estos últimos meses.
Los que esperaban una entrega que les llevara a una mezcla entre El hombre burbuja o las últimas propuesta de Standstill se van a quedar con un palmo de narices, es más bien como pasar a limpio los temas ensayados en vivo. La parte instrumental ejecutada todos a una y luego la voz de Dani aka Abuelo, con esas letras que son siempre uno de los puntos más fuertes de la banda, sobrevolándolo todo con una imaginería pre-acocalíptica, con esa manera de beber de los últimos bondis a Finisterre, en el papel de un Indio Solari maño. Me gusta Diógenes y El Pastelero en llamas. Me gusta eso pero extraño un punto más arty en la onda de los Talking Heads más experimentales o el Peter Gabriel de Intruder, pero esto es Picore: la rabia hecha decibelios, no hagan palmas siguiendo el ritmo porque lo cambiaremos. Vi a Pavese recitando: "Un cadáver es el resto de demasiados despertares", vi dos edificios dorados derribados y vi una furgoneta fantasmal que recorría Europa.
Sin mesa de mezclas pero con pelucas rubias y guitarras saturadas.
Picore ha vuelto.
Texto: Octavio Gómez Milián
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