Lunes, 27 Marzo 2017
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Volador “Trozos de amor y otras miserias” Estudios Púrpura 2004.

TROZOS DE AMOR Y OTRAS MISERIAS – VOLADOR


ESTUDIOS PÚRPURA


Resulta sorprendente que una banda aragonesa se imponga a los prejuicios y logre alzarse con el premio de un concurso musical en “territorio enemigo”. Lo cierto es que no sólo los castellonenses no guardan rencor al pueblo aragonés sino que además una conocida emisora de radio del lugar hace posible que uno de los mejores discos de pop que se han publicado por estas tierras en los últimos tiempos vea por fin la luz. Sin duda el nefasto Zaplana no estaba en el jurado del COMAC 2004 ya que, en ese caso, a buen seguro les hubiera confiscado sus bártulos musicales en aras del interés general. Ironías del destino, tampoco permitiremos que trasvasen a Volador, porque Volador es nuestro tesoro, nosotros lo vimos primero.


Y aquí están los muchachos de Volador para demostrar el poder de la autoproducción con un sonido espléndido en el que brillan una batería casi perfecta, una voz bien modulada y templada y unas inspiradísimas melodías de teclado. Que nadie espere poses roqueras ni solos de guitarra, pero sí cuidadas armonías vocales, algún que otro destello electrónico y envolventes arreglos de teclado que dan a los temas la emotividad que se merecen.


Ecos de Placebo, Coldplay, del techno y el pop de los 80 se engarzan con acierto para crear un sonido propio y reconocible que arroja un balance ciertamente positivo en forma de doce canciones asequibles  – que no facilonas – de una brillante sencillez sonora. El año del dragón, Los amores salvajes, Por siempre, Terciopelo tus ojos o el gran trabajo vocal de Mi infinito son pruebas fehacientes de la calidad que atesora el primer y esperadísimo CD de los aragoneses. Ello sin olvidarnos de A cielo abierto con ese estribillo a lo Roy Orbison en Love in time. Casualidad sin duda esta rebuscada similitud, pero quizás no tan casual el hecho de que la aflicción impregne Trozos de amor y otras miserias dotándolo de una intensidad emotiva a la altura de los mejores a través de unas letras que surgen del desencanto post adolescente para sumergirse de lleno en la melancolía. Claro, que si se sacudieran algunos tics y huyeran de lugares comunes («tus fotos, tus recuerdos», «si ahora no te tengo», «días tan largos»…) su credibilidad como letristas mejoraría sustancialmente, ya que esa vena romanticona puede llegar a confundir al personal y eclipsar, sólo en parte, otras letras mucho más inspiradas.


Canciones que, por otra parte, han perdido aspereza y resultan demasiado homogéneas (precio lógico de buscar una identidad y un sonido propios) pero que por el contrario dejan entrever un gran trabajo de grupo basado en la autoexigencia y en una producción cuidada al milímetro (ventajas de tener el estudio en casa). Sin embargo, esa minuciosidad no resta frescura sino que permite crear una atmósfera propicia que se apodera del oyente y le permite adentrarse de lleno en el peculiar universo sonoro y emocional de Volador.


En definitiva, podríamos estar seguramente ante uno de los discos locales del año, con una calidad impropia para un grupo amateur y que es fiel reflejo de una banda en franca proyección. Volador no es música, es un estado de ánimo.


Jaime stereAnt le da una oportunidad al pop local.

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