domingo, 22 octubre 2017
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SULLIVANS (Por Jaime stereAnt)

CONCIERTO DE SULLIVANS



LA CASA DEL LOCO, VIERNES 26/11/04. ENTRADA LIBRE.
AFORO: UNAS 150 PERSONAS


Formación: Alberto (voz y guitarra), Eduardo (guitarras), Pablo (bajo) y Gosky (batería)


Tenía un servidor gran curiosidad por ver a Sullivans por primera vez y acabar para siempre con esta vergonzosa virginidad musical. Ello unido a la presencia en el mercado de su esperado primer larga duración – “Amanece en blanco” – fueron argumentos más que suficientes para avivar en mí el deseo irrefrenable de hacer una crónica. Por otra parte, la comparecencia en la sala de conocidos músicos autóctonos implicados en el proyecto y de unos aplicados Javier Losilla y Gonzalo de la Figuera – cuaderno de notas en ristre – delataba la importancia del evento y daba una pista importante a los profanos en la materia para comprender por qué unos tienen acceso a un espacio tan tremendamente elitista y restrictivo con las bandas locales y otros no.


Polémicas al margen, allí estuvieron los chicos de Sullivans para presentarnos su recién horneado Amanece en blanco, un compendio de canciones que se mueven con acierto entre el pop épico anglosajón de los ochenta y otras influencias más actuales (Radiohead, Placebo, Chucho…) pero no exentas de dramatismo. Y es que no fue casualidad que el concierto terminara con una lograda versión de Personal Jesus de Depeche Mode


Así, el grupo zaragozano nos sirvió en bandeja sus inquietudes musicales plasmadas en temas propios como Atmósfera cero, Mis horas perfectas, Feedback emocional o Amanece en blanco y en dos versiones, ya que a la ya mencionada de Depeche Mode hay que unir Vicente del Bosque de El Niño Gusano, incluida en Pana, pijama , lana, disco tributo a los mismos y todo un ejercicio de onanismo musical a cargo de Grabaciones en el Mar.


Lo cierto es que el cuarteto demostró en directo por qué siempre aparece en todas las quinielas de grupos aragoneses “exportables”: canciones que mantienen un buen tono general, un sonido trabajado y cuidado, un bajo con gran protagonismo y una voz más que aceptable – aunque no privilegiada – que se desenvuelve cómodamente en su estilo dan como resultado un producto creíble, no exento de defectos, sí, pero meritorio para una banda de su calibre.


Suenan bien estos Sullivans, aunque quizá se eche en falta la presencia de un “hit” que logre levantar al público de sus asientos, así como un mayor rigor guitarrístico a la hora de incrustar los arreglos en los temas. Tampoco acaba de entender el que suscribe estas líneas esa obsesión por adoptar poses escénicas un tanto forzadas, si bien se agradece profundamente su esfuerzo por intentar dar ese plus de espectáculo a su música y por mostrar una actitud diferente a la de la mayoría de los grupos de su nivel.



Jaime stereAnt, venciendo a los prejuicios.

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