viernes, 20 octubre 2017
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COLUMNA: A través de mi ouija “El gran secreto de L. Cohen”. Por Sergio Falces.

Portada Nº 13 de la publicación CONFESIONES DE MARGOT

   Todo gran seguidor de Leonard Cohen sabe que existe un gran secreto que rodea cada paso de la vida del artista, cada uno de sus álbumes, cada acorde de sus interpretaciones…

   Accedo habitualmente a pequeños círculos de culturetillas elitistas con los que odio relacionarme… pero con los que tengo que lidiar por motivos profesionales… la música no siempre es tan bonita como a uno le gustaría… En dichos ambientes he oído mil hipótesis sobre el gran secreto de Leonard Cohen. Puede ir simplemente sobre su opción sexual, que sus canciones las compone un primo suyo que vive en Jamaica, que ha dejado de fumar, que sigue fumando, que si debe su personal voz a la ingesta accidental de salfumán cuando contaba con algo menos de diez años de edad, que es un extraterrestre, que tiene más de mil hijos secretos… y que todos son varones… Aunque parezca mentira tales conjeturas se comentan con total seriedad en esos ambientes… a veces incluso sin demasiadas sustancias ilegales de por medio.

   Pero el gran secreto de Leonard Cohen entraña algo mucho más complejo. Lo afirman los profesionales musicales más entendidos de entre los más entendidos. Es algo inimaginable. Y algo a lo que he tenido el enorme privilegio de acceder en primera persona… Ya han pasado unos cuantos años de aquello y me ha carcomido tanto no contar nada… que creo que ha llegado el momento de relatar mi experiencia. Además acabo de cumplir los treinta… y este es sin duda un buen momento.

   Todos recordamos la última visita del artista a la ciudad de Zaragoza y el impresionante concierto que pudimos disfrutar… para mí sin duda inolvidable. Sin embargo lo mejor llegó después. Tras unas cuantas gestiones con varios representantes suyos había concertado una entrevista micrófono en mano. Tengo que reconocer que los nervios agravados por mi falta de experiencia profesional en los medios de comunicación que tenía entonces me hicieron ir al servicio en más de una docena de ocasiones… y además al de mujeres que era el único con papel y una higiene casi digna.

   Después del concierto me tocó esperar más de dos horas en el hall del hotel donde se alojaba Leonard pero desde luego todo indicaba que iba a merecer la pena.

   Me hicieron pasar a un amplio despacho situado en la planta calle del edificio y después de unos minutos apareció por allí el gran genio con cara cansada pero aire de intensa serenidad en sus ojos. Me apretó la mano con una tenue sonrisa y un guiño de ojos. Me señaló una silla por lo que me apresuré a sentarme, luego lo hizo él y comencé con la mayor rapidez posible, pues disponía de poco tiempo, a leer literalmente las preguntas que tenía redactadas en un folio que según recuerdo estaba muy arrugado víctima de mis nervios… y por supuesto con el botón rec de mi grabadora correctamente pulsado.

   A Leonard le hizo cierta gracia que leyera las preguntas una a una sin entablar conversación con él. También mi mala pronunciación del inglés. Apestaba a periodistilla principiante con una fragancia fuerte y mareante… lo notaba pregunta a pregunta incluso yo… y cada vez más intensamente. No hace falta que diga que Lehonard Cohen está bastante poco acostumbrado a entrevistas con novatos.

   Hoy he estado escuchando aquella cinta grabada… y según van pasando los minutos, Cohen, entre risas, comenta que hacía años que no le hacían una entrevista de esas características. Y también escucho como me dice que soy una persona muy inteligente y que llegaré a algo dentro de los medios de comunicación… que sencillamente tenga paciencia. También que yo soy uno de sus hijos… Eso último no entiendo muy bien a qué vino… reconozco que me ha hecho dudar de la castidad de la que siempre ha presumido mi santa madre… ¡como si no hubiera roto un plato en su vida la mujer!… Aunque quiero pensar que el cantautor lo dijo figuradamente… no sé. Hay que reconocer que la hipótesis de más de mil hijos varones repartidos por el mundo cobra con esa afirmación cierta credibilidad. También es cierto que cerrar una entrevista con Leonard Cohen en exclusiva está reservado a grandes medios de comunicación y no a la emisora local para la que colaboraba (por supuesto sin cobrar un duro). Todo muy raro.

   La cuestión está en que siguiendo con la escucha de la cinta oigo como Leonard dice que me va a desvelar su secreto. Cierto, lo dice tal cual… ¡¡el gran secreto de Leonard Cohen!! Y continúa afirmando que ese secreto me hará ser un periodista de gran prestigio en el mundo… que lo haga público cuando cumpla los treinta años… que ese será el momento adecuado de que todos lo conozcan de una vez.

   Seguidamente se oye como apaga la grabadora… para que el secreto quede sólo entre él y yo. Recordando aquel día… posteriormente me miró fijamente, se acercó, reconozco que entonces se me pasó por la cabeza la hipótesis de su opción sexual, y eso que todavía no la conocía, y me dijo con una vocalización perfecta en un tono similar al que utilizaba el maestro saolín de la serie Kunfú para dirigirse al Pequeño Saltamontes… siete frases. Recuerdo su número perfectamente… ya que es lo único que pude hacer… contarlas. ¡¡Ah!! y también lamentar no haber sentido a esas alturas de mi vida todavía ningún interés por el tan necesario hoy en día aprendizaje de la lengua inglesa.

Texto incluído en el número 13 de la publicación Confesiones de Margot
www.confesionesdemargot.com

Sergio Falces
[email protected]

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