viernes, 20 octubre 2017
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VOLADOR (Por Beatriz Pitarch)







No sabría explicar porqué, pero al escuchar a Volador en directo, me venían imágenes de bosque encantado. Más o menos como si entraras en un terreno -léase pop- que puedes haber pisado mil veces y que te sigue sorprendiendo. Es un bosque misterioso, verde intenso en ocasiones, y gris desolado en otras. Se unen vida y flores podridas, se une curiosidad e incertidumbre, y los árboles abren largas sus ramas, algunos para despejar el camino, y otros para no dejarte marchar. Más o menos como sus canciones.


Así que ayer, mitad expectantes y mitad confiados, decidimos adentrarnos sin brújula en el Fantástico mundo en su interior , título de la recompensa en formato disco, por haber sido ellos los que ganaron el concurso Interpeñas el pasado mes de septiembre. Era su concierto presentación y el momento de vestir de directo las nuevas canciones. Claro, que algunas ya las habían revelado en escenarios anteriores. Ya nos habían conquistado con las intenciones desarmadas de El poeta eléctrico o con las “palabras, sólo palabras” disparadas en Palabras y paisajes en directos preliminares. Y a ellas se sumaron otras que, publicadas y todo, encontramos en su primer disco Trozos de amor y otras miserias , como Princesa y espina, Por siempre, Amores salvajes o El año del dragón .


Pero digamos que del terreno conocido no esperábamos sorpresa, puesto que ya sabemos que el grupo es capaz de transmitir a ojos cerrados la intensidad emocional con la que juegan. Más bien andábamos con ojos y oídos bien abiertos ante las nuevas composiciones, y así nos topamos de frente con canciones elaboradas, que piden a gritos sonar en medio mundo, porque son de esas que pasan las horas y siguen dentro muy dentro de tu mente. Me refiero a El día de la suerte mundial , a Cosas difíciles de cumplir o a Abre las puertas , pero sobre todo, sobre todo, me refiero a esa melodía sin complejos de La duda o al ritmo de cabaret que marca el inicio de El autobús de los sueños al que se le ocurre frenar en medio de un guiño al Adagio de Albinoni .


Y ya que hacemos mención a compositores ajenos, de Antonio Vega y sus Nacha Pop hicieron una versión completa de Lucha de Gigantes con más guitarra que en la original, y de Aterciopelados , grupo con el que compartieron escenario allá por noviembre, interpretaron Maligno . Y tal y como hiciesen en aquel concierto, interrumpieron el análisis de autoestima que es la espectacular Tirado en la bañera , no para lanzar confetis como la otra vez, sino para repartir concentrados individuales de poesía en diferentes rollitos de papel con frases como “Enhorabuena, has ganado un viaje al corazón”, “Lo más importante es lo insignificante” o “Te espero en las estrellas “.


Y hasta allí nos subieron gracias, entre otras cosas, a una interpretación deliciosa de Nada , iniciada tan sólo con Antílope y su acústica, y terminada con un teclado edulcorante en las manos de Anazul y la guitarra adaptable y precisa de Draco . La batería, compacta, limpísima y rotunda fue cosa de Dani Blesa , y todo lo demás salía secuenciado entre verdores y ramajes de bosque encantado, donde el único grito que se nos pasó por la cabeza fue: ¡bajista para Volador ya!


Texto: Beatriz Pitarch
[email protected]


 


Volador durante el concierto (Foto: Sergio Falces)

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