lunes, 11 diciembre 2017
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CRÓNICA: JUAKO MALAVIRGEN en La Campana de los Perdidos, por Beatriz Pitarch

Imagen de la actuación de JUAKO MALAVIRGEN

 

No era la única persona que se había quedado con ganas de más después de ver a Juako Malavirgen en los VII Premios de la música aragonesa. En menos de diez minutos supo hacer que todo el público estuviese con la sonrisa puesta. Y si eso ya de por sí tiene mérito suficiente, más lo tiene sacarla (la sonrisa) y hacer que no decaiga en hora y media larga (la sonrisa, la sonrisa). Y eso es lo que se propuso en su actuación en la Campana de los perdidos.

 

Para mantener la curiosidad, Juako dividió el show en varias partes. Quizá la más floja –o la menos brillante, según se mire- fuese la primera, donde las letras caían ocasionalmente en provocaciones manidas sobre el sexo o la religión. Lo mejor de esta primera parte fue el homenaje a Gerardo Masana, fundador de Les Luthiers, en un tema con guitarra tanguera y acento argentino, apoyado vocal e instrumentalmente por Nacho Margeli, de La Comodidad del Anillo, en el que aprovechó para ironizar sobre algunas de las leyes más recientes como la del divorcio rápido o la ley anti tabaco.

 

Imagen de la actuación de JUAKO MALAVIRGEN

 

Y para romper el ritmo, nada mejor que introducir un monólogo con pantalla incluida donde los protagonistas, por una vez, eran algunos de los “segundones” más entrañables de la historia. Gente que no ha tenido sus quince minutos de fama, porque siempre se los llevaba otro. Desde el abuelo de Benny Hill hasta el ciclista Raymond Polydor (cinco veces segundo en el tour de Francia y nunca primero), pasando por una imagen de Villabajo (los que se perdían los fuegos artificiales fregando la paellera) y terminando con Froilán, aspirante a rey hasta que llegó Leonor. Y a ritmo de pasodoble tenebroso, le cayó dedicatoria también al príncipe destronado, en el tema que cerró la primera parte del show.

 

También hubo cambios de ritmo en la segunda mitad. Primero con Juako solo, sin el apoyo guitarristico de Nacho, asumiendo acordes erróneos y letras olvidadas para dar el gustazo a los que echábamos de menos la faceta más desastrosa de sus primeros directos. Para los demás, Juako permaneció entre el público mientras Margeli se marcaba un recuerdo a Mauricio Aznar a través de Cass, y una versión de Fito & Fitipaldis cantada por Isma de El Vicio del Duende.

 

Pero estábamos hablando de Juako ¿no? Capaz de hacer participar al público más reticente, capaz de encontrar dieciocho millones de palabras que terminen en –iso, o en –ez, o en –encia. Capaz de que sus divagaciones habladas sean tan ingeniosas como las cantadas,  capaz de sorprender, de hacer reír sin dejar de pensar y capaz de crear sátiras del calibre de No te soporto, Soy guay o la indiscutiblemente grande No me llames Co!!. Y con tantas capacidades, no es de extrañar que tampoco fuese la única persona en volver a quedarme con ganas de más. Habrá que repetir.

 

Imagen de la actuación de JUAKO MALAVIRGEN

 

Texto: Beatriz Pitarch
[email protected]

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