sábado, 16 diciembre 2017
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Crónicas de ZarAGOTA. Mayo 2006 (III Parte)

“El sábado cuando salí del trabajo me di cuenta de que tenía ocho horas para ver a StereAnt en el Sol, un trozo de la interpretación de The Wall que hacía Gonzalo Valdivia y su banda en El Páramo y dormir”.


Imagen de CHECHU MARTÍNEZ


Ya sé que hay un hueco de más o menos una semana entre la anterior columna y ésta, pero entre el trabajo y mi escapada a Guadalajara para participar en una semana de la poesía y el rock no anduve demasiado por la ciudad. Sólo el domingo 14 que me acerqué por el Teatro del Mercado para ver No, no siempre fui tan feo, un recital con textos de escritores españoles (Vilas, Miriam Reyes, Luis García Montero…) en la voz de José Luis Esteban y con música del guitarra de Dos Lunas, JJ Gracia. Mandé una crónica a aragonmusical pero se nos estropeó el servidor. Hay una en otra web donde colaboro, www.milyunahistorias.com,  por si os apetecer echarle un vistazo.


El jueves me acerqué a la inauguración de una exposición en la Birosta. Me encontré al omnipresente Dani Clemente, que compatibiliza su labor como batería de DA en directo con alguna percusión para Ángel Petisme cuando el bilbilitano le reclama y, por supuesto, su proyecto de rumba transgresora, Quién son? con los que ha hecho varios bolos en los últimos meses por la ciudad (Reset, Teatro del Mercado…) y cuya primera referencia estará pronto en las calles. En la banda está Alejandro Monserrat, Fletes… palabras mayores. A Franco Deterioro lo conocí hace ya bastantes años en un complicado viaje a Graus para ver a La Costa Brava. Me dejó la maqueta de este primer disco y me cedió su versión del Venimos simplemente a trabajar de la Bullonera para que lo incluyésemos en el disco Mauricio, levántate y anda, en el que metimos veinte canciones inéditas de grupos aragoneses. Es una versión cojonuda. Esperamos a las próximas semanas para ver físicamente el disco. Santi Rex se acercó camino del concierto de Chick on Speed, en el Centro de Historia. Están siendo días difíciles y tengo un horario de alumno de cuarto de EGB, así que nada de conciertos si se hace de noche, ¿Tampoco irás a ver a Javierre el sábado? tampoco, tampoco.


Los cuadros y acuarelas de Javier Burguete eran absolutamente impresionantes, con parte del reverso luminoso que a veces nos enseña la vida, luz, pan de oro, horizonte y mar, un mar que de tanto verde acaba siendo azul. Los textos tatuados sobre ellos eran de Rosario de la Varga, de una belleza ajena a los estereotipos, se mezclaban en sincronía absoluta a las pinceladas y los restos del color. Una gozada. Os recomiendo que vayáis a verla. En la Birosta, junto a la plaza de la Magdalena.


También andaba por allí Cristian Picore que me confirmó las ganas que tenían de tocar con Standstill el 23 de Junio. Allí estaremos.


Pero por esa noche, prontito a la cama, que al día siguiente había que estar a las cuatro y media arriba. 


El viernes no podía ni con el pelo. Como suele ser habitual las citas se multiplicaban y, también como suele ser habitual, me quedé dormido y no acudí a ninguna. Quería ir a ver pinchar a Aldente en la terraza nueva que han abierto al otro lado del Ebro, Le Pastis, creo que se llama. Aún no me he podido pasar pero dicen que hacen conciertos en directo y que si te sientas en las mesas y esperas el tiempo suficiente puedes ver un buen puñado de chicas vestidas de primavera. Me quedé sin martini, sin Lounge y sin vestidos de algodón. Otra vez será.


Pero a Carlos Desastre no me lo pensaba perder. Carlos fue el líder de una banda de rock ruidista, sucio y atormentado, que se llama 713avo Amor. Creo que alguno de sus discos los produjo Corcobado, en esa onda. Recuerdo que cuando les pedí a los Volador que colaborasen en Confesiones de Margot por primera vez, cuando grabaron La Estatua del Jardín Botánico de los Radio Futura, me propusieron como opción alternativa hacer Botellita de Cielo de los 713avo Amor. Anazul y Antílope tenían una especie de proyecto paralelo más destrozalmas, de nombre PrincesacontraMundo, un nombre, por cierto, bien guapo. dedicado a versionear a los de Carlos Desastre. De todas maneras creo que no llegaron a grabar ningún tema. Con el tiempo le he podido agradecer a Antílope todas las colaboraciones que ha hecho para mis proyectos regalándole una copia en vinilo de   A veces el dolor. El Desastre disolvió la banda, sobrevivió a los excesos, montó Corsal Desastre, un proyecto con una carga lírica importante, que dejó dos discos y algún libro de poesía y ahora lidera Después de Nunca, que esa noche de viernes tocaban en el Mar de Dios.


Antes del concierto se pasó Pablo Malatesta por casa y estuvimos escuchando a Corcobado, Esclarecidos y Bambino poniéndonos en ambiente… más algún vodka con zumo de naranja. En el Mar de Dios ya estaban los PrincesaContraelMundo reunificados, más Chuán Lázaro, del servicio secreto de Volador, Félix a.k.a Noiseferatu por Zacarías, auténtica realidad local de la crítica musical y próximo colaborador de CdM, los tres Haikus supervivientes a la quema Kirlian (y os puedo asegurar que cuando los Después de Nunca se pusieron rumberos los vi bailar) y a las tres o cuatro canciones llegó Merche Valero, ahora conocida como Merche Bandolero (el Bandolero es un fanzine de agitación que deja hueco para las expresiones artísticas más experimentales, buscad los números en cualquiera de esos antros a los que vais. ), que venía del concierto de The Secret Society (no se me ocurre nada más brasas que un tipo de Madrid, solo, con una guitarra eléctrica, en rollo cantautor, no-folk, post todo y cantando en inglés. Quizá ya no soy moderno. ). Y el escritor y poeta Alfredo Saldaña, una de las voces líricas más importantes de Aragón. Yo parecía ser el único que sabía quién era el tipo de las gafas que se apoyaba discretamente en una esquina, cerca del escenario, pero no dije nada.


Después de Nunca traía la sangre en petacas de estaño, sangre de niña contenta al mancharse las manos por primera vez, traía la rumba de las hierbas secas por el calor del sur, Después de Nunca hacía un ruidismo tan espeso que costaba moverse de nuestro sitio en la fila, Después de Nunca servía para sentirse vivo. Y para eso sirven las guitarras eléctricas y los cuentos de personajes de hojalata, ¿no? y si no te gusta porque no te vas a la puta barra y te callas de una vez (Pablo Malatesta dixit a un pesado)


El sábado cuando salí del trabajo me di cuenta de que tenía ocho horas para ver a StereAnt en el Sol, un trozo de la interpretación de The Wall que hacía Gonzalo Valdivia y su banda en El Páramo y dormir. Así que poco más de dos canciones de los chicos de la hormiga estérea, aunque me encontré a Pablo Marín, exBorrachos Melancólicos y exBloody Marys ahora en la banda de Daniel Egido, que también andaba por allí con Chechu Martínez, el capo del estudio de grabación Séptimo Cielo. Pablo fue a clase conmigo hace muchos, muchos años, pero la verdad es que nunca lo veo por las noches. Todavía guardo una entrada del concierto que los Borrachos Melancólicos dieron en el Psicodelic Underground (lo que es ahora el Mar de Dios) hace un montón de años firmada por él. Si estás leyendo esto Pablo, un abrazo. En el Páramo había un montón de gente y apenas pude ver un poquito de los bises, pero me contó JJGracia (Dos Lunas) que la cosa había estado muy bien (qué va a decir él que tiene a su hermano Carlos, de Staff, tocando la batería). Para casa, que hay que madrugar otra vez.


Y el domingo en vez de pasarlo tranquilamente durmiendo aún me pasé a ver otro concierto por el Mar de Dios. Me llamaron Eduardo Sullivan y Ricardo Fandango´s y es un tipo de propuesta que no se puede rechazar fácilmente. Tocaban Salvatore, un grupo de música instrumental noruego. Yo me temí que fuera el típico peñazo rollo avant-jazz o free-jazz, pero no, nada de eso: los tipos, nada más y nada menos que siete en el hueco (porque no se puede llamar escenario) del Mar de Dios, hacían una especie de post-surf bastante lúdico y trepidante. Una sorpresa agradable.


Y aún terminé en la Morrissey tomando unas aguas minerales con gas, donde me recogió Luis Nubosidad Variable para llevarme hasta la Zeta, pero las cosas que suceden a partir de entonces se me presentan borrosas. Recuerdo que tratábamos de recordar una canción del Niño Gusano que terminó siendo Un rayo cae, hablamos de El Polaco, de la bondad de los cretinos y alguna cosilla más. Pero bueno, eso es otro tema y la columna me está quedando un poco larga. Ale, besos y seguimos.


Octavio Gómez Milián
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