Lunes, 27 Marzo 2017
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Ahora que Eduardo Benavente ha dejado de llorar.

Hay canciones que se meten en tu vida sin preguntar. Nadie les da permiso, nadie les da el ok y, de pronto, extrañas los dycs con cocacola que servían en el viejo Tarazona y necesitas Si es para mejorar de los Insulina Morgan para sobrevivir a estas madrugadas extrañas. Recuerdo que Simón Zico me la pasó, grabada en directo para Que viene el lobo. La incluí en una de esas marcianadas que montaba cuando era más joven. Y la jodida canción se quedó para siempre en mi cabeza. Sin preguntar, sin permiso. Ahora ya no hay saxo, están los teclados de Diego, la penúltima promesa de esta Zaragoza ZiudaZ, con ribetes de swing y un brindis, chaleco y camisa almidonada si no es mucha molestia. 

La primera vez que los vi tocar fue en una edición del Roscón Rock, antes de la masificación y el griterío, cuando los muchachos de Volador me invitaron a recitar unas palabras frente a un público helado, uno de esos diciembres arcanos. Los Insulina Morgan tocaron una versión inmensa de La Sangre de tu tristeza. Pensé, completamente aterido, gorra rollo Jaime Urrutia en Caray en mano, descubriéndome con respeto, que había algo, algo en esos tipos con mirada desafiante y aroma de recién salidos del peor jergón de pensión viguesa. De esas donde alguien escribió en el espejo de un baño: La Vida Mata.

Luego perseguí a Insulina Morgan de bolo en bolo, de fecha en fecha y acabé, como siempre, perdiéndomelos todos. Me hice colega de Jorge Morgan tras algunos achaques en mi voluntad rockera y cuando me invitaron a presentar su tributo a los más chulapos, a los Pacientes del Doctor Caligari, solapón y diatriba, tras un latigazo de whisky antes de la resurrección sentí que, gracias a ellos, nunca antes había podido presentar una candidatura seria a una fotografía de Alberto García-Alix. Después, entre el público, todos los amantes del malevaje sacamos hasta el último resto de ricino de nuestros dedos cuando Jorge Morgan se puso de pie para golpear la batería como sólo hacen los grandes, los rockeros de pura cepa.

Una noche en el Calaveras y Diablitos, Gabi pinchaba DelaOya de Estelares. Eso son palabras mayores.  Gabi escribe con la sencillez de lo exquisito y con la letra de Desolado ha vuelto a agarrar la guitarra de tatuar canciones en los corazones de esta ciudad. Otra noche abrimos Pablo Malatesta y yo, con dos de las chicas más guapas de la ciudad y Jorge bajo nos recordó que la vuelta de los Fabulosos Cádillacs estaba cerca, prácticamente en la parte de delante si te fijabas bien. Con semejante fondo de color fue fácil conseguir los favores de las féminas.

Portada del disco de Insulina Morgan

Jaime L. Novo da un porcentaje de más del 30% de hits. Demasiado prosaico. Sólo puedo decir que la amalgama de sonoridades que destilan los temas de Insulina Morgan me devuelve la esperanza de que el rock aragonés recupere el lugar digno que se merece en España. En la sección de rock español de una tienda de vinilos, sección Aragón, junto a MasBirras, El Frente, Proscritos, Mestizos o Días de Vino y Rosas. Fuera de localismos endogámicos, Rafa Domínguez le ha sacado el dobladillo a las melodías hasta hacerlas crecer, salpimentando de taberna y frontera con la misma elegancia que demostró con El Galgo Rebelde.
 
Estoy escuchando el EP de Insulina Morgan, en un viejo walkman de cassette. Una cinta de 90, mezclada con temas de Machín, Lapido y Vicentico. Os diría algo sobre cómo estaban antes Malamente y Dos Lunas y lo mucho que los extraño pero el bar está cerrando y me toca volver solo a casa. Quedémonos con las chicas de las revistas guarras como fondo de nuestro amor, un carajillo, un sol y sombra e Insulina Morgan: CANCIONES y ACTITUD.

Octavio Gómez Milián
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