Sábado, 27 Mayo 2017
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M2 INDOOR FESTIVAL. Feria de Muestras, Zaragoza. 11/11/06

Oficialmente el festival empezaba a las 5 de la tarde, aunque el público se fue acercando  a la Feria de Muestras de forma paulatina, e incluso pasada la media noche seguían llegando  nuevos adeptos a la música electrónica (a esas horas de hip hop ya no quedaba nada).

Servidora decidió llegar pasadas las 20 horas, para poder ver la puesta en escena de Ice Cube, pero primera sorpresa: Los chicos y las chicas entraban por pasillos diferentes. En principio es para que te cacheara una persona de tu mismo sexo, aunque el cacheo tampoco era exhaustivo.

-¿Qué es eso?
-Unas gafas
-¿cortan?
-(?!?!?!) No
-Vale pues pasa.

Los primeros apelotonamientos fueron en la cola de las chicas, esperando a que la única mujer revisara todos los maxibolsos de las que tenía delante. Mientras ellos pasaban en apenas unos segundos, a mí me tocó estar más de media hora esperando para entrar al recinto. Así que cuando llegué a Ice Cube estaba casi finalizando. El ex NWA estuvo pletórico a juzgar por las caras de satisfacción de los que llegaron antes. Bases pesadas, conexión con el público, participación y rap del bueno es lo que pudimos ver en esos momentos en el escenario Expo 2008, patrocinadores del festival.

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Y contra la Expo escuchamos una de las rimas de Violadores del Verso (“el enemigo es la Expo y por su fracaso brindo, chin chin”), pero fueron los siguientes en actuar con la imagen del patrocinador bien grande en la mesa de R de Rumba, y los luminosos en la parte superior de la carpa. Al fin y al cabo, pagaban muy bien. Y eso tampoco impidió que se marcaran el verso en cuestión añadiendo “Expo de mierda” en pleno escenario. Bien puestos.

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El concierto de Violadores se centró en su disco Vivir para Contarlo, recién salido a la venta, con canciones que funcionaron especialmente bien entre el público, como A las cosas por su nombre, la optimista Cantando, el tema que da titulo al disco o No somos ciegos, en el que pudimos ver a Suizo (vocalista de Jah’sta) en el escenario apoyando ese estribillo generacional. Tampoco se olvidaron los de Zaragoza de hits como Máximo Exponente o Ballantains, para delirio de las casi 15.000 personas que se encontraban en la carpa. Se empeñaron en ofrecer un juego audiovisual a la altura de sus canciones y lo consiguieron, con fragmentos de rimas aquí, imágenes estáticas allá o con videoclips que iban al ritmo exacto del directo. Para quitarse el sombrero. Perdón, la gorra, que es más propicio.

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En realidad nos lo habríamos quitado absolutamente todo en el pabellón San Miguel Experience, puesto que la temperatura era sofocante. El ritmo que marcaban a los platos dj’s como Tiefschwarz, dj Krush o François K no hacía sino aumentar el calor. Nos acercamos al hall central para intentar apagar hambre y sed. A primera vista estaba todo muy bien organizado. A la segunda, después de apelotonarte en una gigantesca barra de comida, con una sola freidora y ¡tres! camareros para las 19.000 personas que asistieron, ya no parecía lo mismo. En cualquier bar de copas tienes más camareros por barra que en todo el recinto del festival. El colmo, conseguir pedir un bocadillo después de 1 hora y oir: “No, ahora no estoy apuntando tortilla, ahora sólo estoy apuntando Frankfurt”. Y 20 minutos más de espera para que le llegue al turno a la susodicha tortilla, y que te digan: “Ahora se ha acabado la tortilla, pide otra cosa”. En total 1 hora 40 minutos para un bocadillo. Que listos los que vinieron cenados…

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Aún así conseguí dividirme y no perderme a Kraftwerk. Míticos. Pioneros. Maestros. Creadores. Sin ellos no hubieran existido ni New Order, ni Depeche Mode, ni Human League, ni la mitad de los grupos que inundan ahora las pistas y listas. Ellos inventaron el techno y ellos volvieron a dar una lección de seriedad en el escenario. Cuatro mesas, cuatro ordenadores y los cuatro componentes paralizados, lanzando sonidos de uno y de otro mientras el espectáculo visual se desarrollaba en la gigantesca pantalla trasera. Trans Europe Express, Radio-Aktivität o Tour de France no faltaron en el repertorio. Igual que tampoco faltó el momento “robots”, no por previsible, menos deseado. Se cierra el telón y se proyectan las sombras de los 4 maniquíes robotizados que sustituyen a los de Düsseldorf en el popular The Robots. Cuando se ve de nuevo el escenario, los robots realizan coreografías con los brazos (lo cierto es que se movían bastante más que Krafwerk) mientras suena el mítico tema del disco The Man Machine del 78, para volverse a ocultar posteriormente y regalarnos, esta vez los humanos, vestidos con impactantes luces de neón, el clásico Music non Stop con el que finalizan sus actuaciones, desapareciendo primero Hütter, luego Schmitz, más tarde Hilpert y por último Schenider.  De derecha a izquierda, apagaban el Macintosh, dejaban de sonar parte de los sonidos, y se despedían del público.

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Público que se fue repartiendo en el resto de escenarios. Nos acercamos al Grupo Zeta Auditorio, donde pinchaba Ken Ishi. Era raro ver un espectáculo de música electrónica sentados en butacas, y eso que el japonés se centró en el ambient para dejar el techno en su siguiente sesión en el pabellón San Miguel. Aún así,  se hacía extraño. De nuevo en el hall, merchandising en los stands oficiales y sustancias para todos los gustos en los no oficiales. Llegaba el turno de los Chemical Brothers, en versión djs. La última vez que aparecieron por Zaragoza fue para hacer un live, así que esperábamos algo diferente. Y lo fue. Incluso se atrevieron a pinchar temas nuevos que aparecerán en futuros trabajos de los de Manchester. Esperaremos impacientes. A eso y a una nueva edición del M2, a ser posible con más camareros.

Texto: Beatriz Pitarch
[email protected]
Fotos: Ángel Burbano

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