miércoles, 18 octubre 2017
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VOLADOR. Sala Costello Club, Madrid, 4/01/07

 “Leganés os ama”, “Sueños en Movimiento”, “Teruel también vuela” o “Voladores somos todos” eran algunas de las frases que aparecían escritas en diferentes pancartas sujetadas por un entregado público que viajó hasta Madrid para arropar el concierto de Volador en la Sala Costello Club. La idea de las pancartas surgió en el autobús de los sueños, el que se había puesto en marcha cuatro horas antes del concierto desde la capital aragonesa y que sirvió para ir calentando el ambiente. Benasqueses, turolenses y zaragozanos compartimos creatividad, risas y la escucha de El Fantástico mundo en su interior, el último disco de Volador, para terminar de aprender las canciones.  Resultó ser efectivo, porque las cantamos todas.

 

El autobús de los sueños. rumbo a Madrid

 

Llegamos a la sala y permanecemos atentos al hit de salida: Princesa y Espina de su penúltimo disco Trozos de amor y otras miserias. Se notan nervios, pero sobre todo se notan ensayos continúos, ganas, gestos repetidos delante de un espejo para darle mayor impacto visual al espectáculo y mucha pasión. Antílope extiende los brazos al cantar, nos muestra las palmas de sus manos mientras Alberto salta con el bajo a cuestas, Draco sonríe detrás de su guitarra, Dani Blesa establece el orden desde la batería y Anazul se levanta sin dejar de tocar los teclados.

El día de la suerte mundial, con su estribillo hiper-adherente sirvió para empezar a destensarse, y cuando llegaron a los acordes saltarines de La Duda, ya disfrutábamos de una complicidad máxima entre el grupo y el público. Su presentación no dejó lugar a dudas: “Para los que no nos conocen somos Volador, el mejor grupo del mundo, el resto ya lo saben…”

 

Antilope, de Volador, en el concierto de Madrid

 

Pero había que demostrarlo, así que mezclaron hábilmente la sutileza de Cosas difíciles de cumplir con la vitaminada Abre las puertas, donde descubrimos que en un concierto de Volador también se pueden hacer pogos. Los saltos siguieron en El año del Dragón, y las manos se alzaron para dejarse llevar por la ternura de De estrellas y rosas. Pero no todo fueron sus dos últimos discos. El grupo también nos regaló la canción Vienen y Van, incluida en el recopilatorio Natural de Aragón y un tema inédito con personalidad 100%  Volador llamado La flor del mal. Antílope en su papel de galán se lo dedicó amablemente a las mujeres con exceso de belleza y se fue del escenario. ¿Ya? Solo habían hecho 9 temas.

Para el bis decidieron repetir las dos primeras. No por falta de repertorio, puesto que se quedaron decenas de grandes canciones fuera, más bien para convencer de que sus estribillos se pegan aunque no quieras. Y para dejar cantando a algún pez gordo de discográfica aún más gorda que se acercó hasta el concierto. La pandereta de Anazul chocando con la batería, los guiños de unos y otros y la compenetración absoluta del grupo te hacía darte cuenta de que lo único que no tiene Volador es un contrato discográfico. Del resto andan sobrados.

Lo estrictamente musical terminó ahí, para dar paso a una noche de mil anécdotas donde no faltaron risas, canciones de misa, alcohol, bailes por el suelo, habitaciones sin pagar, discusiones sobre el Opus, policías nada simpáticos y comida china. Pero eso ya son otros cantares.

Texto: Beatriz Pitarch
[email protected]
Fotos: Sergio Falces

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