Domingo, 26 Marzo 2017
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CUTI. LECCIÓN DE BOOGIE BOOGIE. La Casa del Loco, Zaragoza, 17/02/07

Nada de presentación exhaustiva de las nuevas canciones, nada de momentos excesivamente lentos. Cuti llegó a La Casa del Loco con un muestrario de boggie boggie, rock’n’roll o jumping blues, dispuesto a contagiarlo a quién se pusiera por delante. Y delante estábamos casi unas 200 personas.

Premeditadamente suena Yesterday de Los Beatles justo antes de comenzar el concierto. Una vez con la nostalgia en los oídos, comienzan los músicos con el inevitable Nada es como yesterday. De esta forma nos cala un poco más hondo el mensaje. Tiene Cuti una habilidad especial para contar historias tristes y parecer que tiene el mejor día de su vida. Cuti sonríe, imita, se levanta, disfruta, cuenta anécdotas y hace repetir el baile del boggie boggie al pobre bajista delante de todos. Y entre tanta risa, nos canta sobre sus carencias vitales, sus cambios de humor, sus  amores frustrados o sus momentos de desorientación. Pero siempre sonriendo. Así duele menos.

Y con esa constante, comenzó Cuti a rescatar Serenidad, Contradicción, 100 grados, Encontrando o El sparring. La mayoría de temas extraídos de  la primera parte de esa sesión doble de psicoanálisis que se completó hace unos días. Curiosamente de la segunda parte de Psicoanálisis de un man, su disco más reciente, apenas sonaron un par de temas. Miró hacia el pasado en Tonto’s Medicine (de El mundo de Irene), en El rock ha muerto, con su letra olvidadiza y en Música en mi jardín, la única balada de la noche, extraída de La Casa Naranja. Después de alguna versión como El Oso de Moris, y numerosos guiños a Elvis Costello, el Another One bite the dust de Queen, el Hey Jude de los Beatles o el Suspicious Minds de Elvis, puso punto y seguido, es decir, se despidió para volver a salir, con un tema de Los Dynamos, la banda rockabilly con la que lo conocimos en los primeros 90, invitándonos  a coger el último tren a San Fernando.

A esas alturas ya nos había presentado a la banda. Fletes a la batería, Roberto Montañés a la guitarra, Guillermo Mata al bajo, Jorge Reverendo a la guitarra y coros desmemoriados y el propio Cuti tras el teclado. Ya nos habíamos dado cuenta de su soltura y complicidad, de los brillantes duelos de guitarras, de sus miradas y de lo que eran capaz de hacer. Pero aún así nos volvieron a sorprender en el bis, con una frenética versión del Whole Lotta Shakin' Goin' On de Jerry Lee Lewis, en la que el desenfreno le llevó a Cuti a tocar el teclado pasando la pierna por encima, con tanta pasión como para que una tecla saliese disparada (observa la imagen) y terminase de tocar con el codo. Absolutamente memorable.

Para la parte final, Santi Díaz de Los Gandules subió con una tercera guitarra a cantar y tocar en Problemas y fantasmas, El rock del balón y Te doy un rock and roll, en la que el público acabó cantando las sílabas rock-and-roll al ritmo del All you need is love de The Beatles. Cuti, con el público en el bolsillo y sobredosis de actitud, dejó para la posteridad frases del calibre de: “Ey crítico local, ahora vete a tu periodicucho y escribe que esta es la mejor banda de rock’n’roll… y después me chupas la polla”. Afortunadamente no soy yo la que trabaja para un periódico, así que eludidas las indirectas, puedo afirmar lo primero sin necesidad de tener que hacer lo segundo.

Texto: Beatriz Pitarch
[email protected]

 

Cuti sin su tecla

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