Domingo, 30 Abril 2017
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MARÍA JOSÉ HERNÁNDEZ. Teatro Principal, Zaragoza, 6/03/07

Hace tan solo unos días, la veíamos levantar un trofeo en forma de mariposa clavada en un corazón que servía de base. Era el premio a la mejor solista aragonesa 2006, que otorga el público con sus votos a través de aragonmusical.com. Maria José Hernández subrayó entonces la idea de que el corazón es la base para continuar en el camino, sople hacia donde sople el viento.

Y así, con el corazón volcado en el directo, Maria José pisaba el Teatro Principal con sus canciones, su piano de cola y su guitarra acústica. Tras una introducción instrumental, empezó con el repaso absoluto de su tercer disco. Las estaciones, Círculos Concéntricos, Siempre o Imagínate fueron las primeras canciones en asomarse. Los –excelentes- músicos juegan con el volumen, en ocasiones empiezan de forma calmada, para romper en el primer estribillo, en otras el acompañamiento se convierte en protagonista y nos regalan un poco de magia en forma de ritmo. No es una cantautora al uso. En sus temas también aparecen melodías sixties, preocupaciones, ironía, imaginaciones, arreglos engrandecidos respecto al disco y letras trabajadas a conciencia.

Maria José se confiesa tímida. Dice que por eso empezó a escribir canciones, para decir todo lo que no sabía cómo decir. Quizá por eso sus intervenciones entre tema y tema fueron espaciadas, dejando tiempo para las canciones. Versos y Rabia nos la cantó con despecho, con esa voz que se usa para el tango y que luego utilizó de nuevo en su bolero La punta del iceberg, momento en el que el cable del micro decidió estropearse justo cuando tocaba cantar aquello de “lamento lo sucedido”… fue casualidad, pero la frasecita en cuestión arrancó las risas del respetable.

Éste se dejó sorprender por las apariciones estelares invitadas para la ocasión. El guitarrista Ernesto Cossío apareció en el momento de cantar Ay luna, Josué Barrués se quedó con el cajón flamenco, (además de darbouka o shaker) para marcarse varios temas, entre ellos una versión de Sabina y Ruibal llamada Bendito Veneno, y Miguel Ángel Fraile salió con su flauta en temas como Mujer de Arena, o con la gaita en la primeriza Palabras, del disco La línea del Cielo. Los tres músicos se fueron sumando a la banda para quedarse en el resto de las canciones; una de ellas, Puedo, con otro guitarrista invitado: Juan Aguirre de Amaral, que puso el punto más rockero de la noche, con la única guitarra eléctrica que se vió en el escenario.

Otro de los momentos emotivos del concierto fue la dedicatoria a sus padres al interpretar la versión de Mermelada de moras de La Ronda de Boltaña, con letra estremecedora que, según Maria José, contaba en parte su propia historia. O los momentos a solas con el piano, en Todavía a veces o Niña Buena que utilizó para abrir el bis.

Para cerrarlo, dos temas de su segundo disco El mar del deseo. El primero, el que le dio título, con la flauta de Miguel Ángel Fraile y el slide de Joaquín Pardinilla. El segundo, Como agua que pasa dedicado a sus dos pequeños. Va a tener razón en esto de que la base de todo está en el corazón.

Texto y fotos: Beatriz Pitarch
[email protected]

 

 

María José Hernández en el piano
 

María José Hernández y Juan Aguirre

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