NIÑOS DEL BRASIL. Ángeles y demonios. Discos del Amor y del Odio, 2007.

Cuánto los habíamos extrañado. Habitaron sueños lúbricos y pesadillas tecno-rockeras, alimentaron el glamour de la sagrada ciudad de Zeta antes de que Zeta existiera. Se fueron, se fueron y no dejaron fiestas para mañana.

Ángeles y Demonios surge desde los sótanos habilitados para los penúltimos vampiros de esta época postmoderna. Entre el cielo y el infierno, Estrella fugaz es el primer corte, con un aire medio-industrial y un lametazo a las guitarras de Luis Miguelez – en esto Jafi Marvel, el cuarto NdB, tiene mucho que decir, con esa pose y esas voces tan macarras- .Un poco de los Depeche Mode más berlineses es el sabor que nos deja Jugar por Jugar,  un medio tiempo salpicado de dobles sensaciones y promesas incumplidas al borde de la cera más caliente. Esclavo suena como si Santi Rex hubiera decidido enseñarles a El Columpio Asesino o a Triángulo de Amor Bizarro quién descubrió la utilidad de los látigos para marcar los ritmos. Nacho Serrano tras los controles, la máquina de hacer ruidos, ebrio de Krafwert y house, en el delirio del estudio remezcla Estrella Fugaz para cerrar el vinilo. Porque los Niños del Brasil hacen sus discos para que la gente baile en los antros y ya  todos los pinchadiscos se lo están injertando directamente en vena.

Dejad sonar el EP hasta el final. Hay sorpresa. 405D Rojo y el Gran Puzzle Cózmico –que es la única colaboración- guardan pequeños insectos para continuar la fiesta. El regreso al paraíso perdido. Me gusta tanto esa pose rockera que les ha dejado Ainhoa Tilve. Tanto…

Texto: Octavio Gómez Milián
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