Lunes, 29 Mayo 2017
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CUANDO EL EBRO SUENA

“Me dieron enormes ganas de sacarme el cipote pero me pareció una actitud muy punk para todo un electrónico como yo”. 

Música electrónica

-¡Rockero lo serás tú!- repliqué gritando una vez más tras darle una intensa calada a un cargado canuto de marihuana desde la banqueta de aquel bar nocturno. No estaba enfadado… ni siquiera pelín molesto… sencillamente no me quedaba nada claro qué es ser rockero en la primera década del singlo XXI. Supongo que rockero es quien escucha rock, claro. Parece ser que el término se ha reducido simplemente a eso…. No significa prácticamente nada más para nuestros contemporáneos melómanos. La cuestión es que tampoco comprendo del todo qué es ser, por ejemplo, popero. Me remito a estos dos vocablos por ser los que más he escuchado en referencia a mis gustos musicales.

Hubo una época en la que me tomaron muchos por rapero; organicé una fiesta donde actuaron Violadores del Verso lo cual me convirtió de inmediato en hiphopero durante un par de años. También recuerdo que alguien se refiriera a mí como mod… e incluso me han llegado a relacionar con las jotas… Ya, yo tampoco lo comprendo…

Ante mi “¡Rockero lo serás tú!”, otro compañero de barra fue tan ocurrente como el anterior afirmando con toda seguridad que yo siempre había sido popero. Mi enorme coloque no era rockero ni popero, era simplemente porrero lo cual no obstante no consiguió impedir que me levantase de la banqueta del bar y gritase con la fuerza de los vatios de cien disjockeys: –¡Os he engañado a todos! ¡ignoranteeees! ¡Soy electrónico!… ¿comprendéis?… ¡¡¡electrónicooooooo!!!

Mis compadres nocturnos y algún curioso del bar se callaron mirándome con una expresión cercana a quien se topa con un demente y no sabe si es peligroso. Claramente no comprendían nada. Entonces realicé unos sonidos guturales golpeándome a la vez con las manos en diferentes partes del cuerpo. Estaba imitando una sesión del mejor drum and bass… toques tribales incluidos… interpretando una obra de cosecha propia digna de los electrónicos más electrónicos… Cuando consideré que la demostración dejaba claro mis influencias musicales añadí: -¿Lo veis? ¡Me encanta el drum’n’bass! ¡Me mola el jungle y el trip hop!… si queréis os hago una remezcla de algo de Black Sun Empire… así improvisando un poco…

Miré a mi alrededor… y me vi encima de la barra con cuarenta ojos sin boca acuchillándome… Incluso habían apagado la música, lo cual no era de extrañar ya que sin duda merecía la pena escuchar mi impresionante interpretación. Me dieron enormes ganas de sacarme el cipote pero me pareció una actitud muy punk para todo un electrónico como yo.

Música electrónica

Noté el efecto de la marihuana… un efecto muy muy agudo… demasiada hierba aquella noche… y salté desde la barra a la cabeza de un tipo con barba situando mis pies en su calva. Mis plantas notaban las vibraciones de su cabeza… esa bola de billar sonaba a rock americano clásico… o creo recordar que en realidad era reggae… o jazz… o funky… Bueno, lo que sí puedo afirmar es que la cosa no sonaba mal… pero tenía trozos de su cerebro musical en un blanco impoluto. Aquel tipo a penas conocía obras de otros estilos que el único que conocía; piezas cuyo sonido le harían sentir que posiblemente mereció la pena nacer aunque sólo fuese para escuchar esos acordes. Lo peor del caso no es que aquel barbudo no conociese tanta y tanta música, sino que su cerrada mente le iba a impedir seguro descubrirla…

Entonces me paseé entre las cuatro paredes de aquel garito saltando de cabeza en cabeza. En todos los casos había tantas neuronas musicales en blanco… Con esas mentalidades encerradas en aquellas mentes comprendí claramente eso de que el ser humano utiliza sólo un 10% de su cerebro… me pareció incluso un porcentaje alto… ¡Cuántas piezas musicales desperdiciadas!

Mis compañeros nocturnos de borrachera no aumentaban mucho la media de neuronas musicales utilizadas en aquel local. Para uno de ellos no había música como el rock urbano… bueno, de hecho no había otra música. Allí andaba su mejor amigo que había preferido elegir el heavy de los ochenta como única elección. Solían discutir ambos de música muy a menudo… lo cual no dejaba de ser sorprendente ya que lo lógico sería reducir una conversación de ese calado a –pues me gusta el rock urbano. –Pues a mí, no; yo prefiero el heavy ochenteno.- Sin embargo a partir de allí… lo que se daba habitualmente era un interminable bucle surrealista… Otro de mis conocidos más íntimos de los allí presentes adoraba a los planetas… y también a Deluxe, El Niño Gusano… Para los dos rockeros ya nombrados esos grupos eran literalmente “una mariconada”. Para el popero, no obstante, esos dos melenudos eran unos togloditas… y su música completamente atemporal. También se encontraba en nuestro grupo de aquella noche un numetalero. Él era sin duda el más moderno, el más abierto y el más duro. El resto de los presentes, sin embargo, recibían según él antítesis calcadas de los adjetivos nombrados. No faltaba en esa juerga un camarada cantautor para quien el rockero urbano, el heavy ochenteno, el indie, el numetalero y quien falta de nombrar, un jovencísimo hiphopero de enormes pantalones rotos, eran sencillamente gente rara… difícil de comprender… Gente tan anómala en realidad, añado, como lo era él para sus padres, sin ir más lejos, que no entendían como podía permanecer tantas horas encerrado en su habitación haciendo sonar a su compañera de las seis cuerdas. El Hiphopero vestía como un superviviente del corazón del barrio de El Bronx… y su actitud era en realidad bastante parecida a la de un adolescente americano barriobajero… Lo curioso es que vivía con sus padres en pleno centro de la ciudad. Aquella noche faltó a nuestra cita con Baco el friki. Un tipo al que no le gustaba especialmente un sonido determinado a no ser que quien lo firme sea un total desconocido para casi todo el mundo excepto para cuatro culturetillas gafapastosos, expresión muy común en boca del resto de los noctámbulos de aquella variopinta pandilla… que por otra parte eran igual de intolerantes que él con respecto a músicas de cánones diferentes a los establecidos en sus monótonas mentes.

Música electrónica

Éramos todos como para darnos de comer a parte… como es fácilmente deducible… pero compartíamos algo que nos hacía superar toda rencilla, algo que estaba por encima de la mayor de las discordancias, algo que nos unía en cualquier circunstancia pasase lo que pasase: la religión del trago.

¿Y cuál era mi papel entre esa panda de pandilleros sin pandilla? Bueno, yo para ellos venía a ser algo así como un chaquetero, expresión que he escuchado también en otros círculos pequeños… pequeños de mente, claro. Si no eres encasillable consideran que cambias de chaqueta dependiendo de con quien te ven… lo cual teniendo en cuenta la peña nocturna que he tenido el gran gusto de presentaros no deja de ser de todo menos cabal.

Con la música apagada y yo tan crecido decidí dejar de andar sobre aquellas cabezas y volver de nuevo a posicionarme encima de la barra. Creo que “Vaya marihuana del copón” fue lo último que dije antes de ver como el suelo se acercaba acelerado hacia mi cabeza. Pasado el tiempo he llegado a la conclusión de que seguramente fue al revés y el suelo en realidad ni se inmutó, porque sin marihuana de por medio no recuerdo haber visto nunca baldosa violenta motupropio alguna…

Lo siguiente fue verme sentado en una silla rodeado de gente que me miraba con la cara de una madre cuando saca el termómetro del culo de su amado hijo y comprueba que el mercurio supera la cifra de los 40. En estos casos toda persona que se ofrece a ayudarte es siempre del género que no te gusta. Te abrazan, te masajean, te acarician… y te das cuenta que la caída no ha servido ni para conseguir siquiera algo de cariño femenino… aunque sólo sea por lástima…

Una vez recuperado se aproximó el regente del local. Pensaba que me iba a patear fuera de su choza e incluso prohibirme la entrada en futuras ocasiones… pero la sonrisa dibujada en su rostro me hizo ver claramente la alegre equivocación. Lo curioso fue que me comentó entre un apretón de manos de colegón absoluto que él también era electrónico y que por lo que veía teníamos una mentalidad sonora muy similar… -La música electrónica es la mejor del mundo- repitió en varias ocasiones -y los que no nos entienden- me aseguró -se quedarán siempre viviendo en el siglo pasado-. Por lo que a su -¿Quieres pinchar alguna vez en este garito?- sólo pude responder: -¡Rockero lo serás tú!-

Sergio Falces
[email protected]
www.cuandoelebrosuena.com

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