Domingo, 26 Marzo 2017
Efeméride
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CUANDO EL EBRO SUENA

“Que quien combata los corazones sea el combatido. Que quien asuste a las musas sea el asustado. Que quien pretenda acabar con la música sea el derrotado”

Imagen del grupo rumbero aragonés COMBAYS 

Hoy lo grotesco es grotesco… sin discusión… La semana que viene ya se verá.

A veces, el hada madrina de la música, adormecida tan habitualmente, hace de las suyas… despierta, y consigue el milagro.

Los corazones inquietos están hoy de enhorabuena. Parece que no está todo perdido.  Es injusto que las hamburguesas musicales triunfen, que se creen productos artificiales tan descaradamente y con tal éxito, que los que valgan sean los que no valen…

Es entonces cuando el bien triunfa sobre el mal. El Equipo A del ritmo, relegado a un frío almacén, se percata de los instrumentos que se encuentran allí. Blinda su furgoneta, escapa y, tocando blues, con el amparo de la negra voz de M.A. Barracus, acaba con los malos. Como la vida misma, vamos.

Al fin un triunfo. Sólo una batalla, nada más, pero sienta tan bien sonreírse… aunque sea sólo de vez en cuando…

Que quien asuste a las musas sea el asustado. Que quien combata los corazones sea el combatido. Que quien pretenda acabar con la música sea el derrotado.

Esta vez no te has salido con la tuya. Las brigadas del mal han dado contigo. No te has escapado. Tienes tu merecido. Esa voz gangosa calla… y la guitarra jipija… y tus letras chabacanas….

Se confirma la noticia: Melendi, detenido. La música triunfa… al menos por esta vez.

Sergio Falces
[email protected]
www.cuandoelebrosuena.com

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CUANDO EL EBRO SUENA

“Me encontraba por detrás de la última fila separado del resto de medios. Todos hablaban entre sí con caras sonrientes. Eran alguien… al menos así parecían sentirse… o así lo percibí yo. Nadie me dirigió la palabra, sí alguna mirada en plan: qué pretende aquel tipo con ese micrófono… A mí el sexo anal sólo me va en culo ajeno… por lo que… ellos mismos…”

De izquierda a derecha: PURITANI, ENRIQUE BUNBURY y SERGIO FALCES 

Difícil olvidar la primera vez que sufrí la industria musical en carnes propias… aparte de los dineros que me he dejado en discos, audiovisuales, conciertos… adquiridos muy por encima de su valor real.

Ese industrial desvirgue coincidió con la primera vez que entrevisté a Enrique Bunbury. El artista firmaba discos en la, ahora reconvertida, tienda Linacero un día antes de la presentación de su segundo disco en solitario: Pequeño. Un servidor por aquel entonces ya hacía todo lo que podía, o le dejaban -vamos, como ahora- para recoger cualquier detalle relacionado con el Aragón musical. Así que esperé micrófono en mano a que Enrique terminara sus deberes.

Ese día comprendí muchas cosas. Una de ellas, lo duro que es firmar discos. Parece que la actividad en cuestión consista simplemente en recibir elogios y escribir frases más o menos ocurrentes, si hay suerte incluso en escotes apetecibles… pero no. El pobre tipo se pasó algo más de 2 horas y media dale que te escribo, dale que te respondo, dale que te río… y ni un dale que te follo… Los tópicos son tópicos… y el curro es el curro incluso para toda una estrella del Rock’n’roll.

Terminada la dura tarea, aparece un chavalín con cara de pardillo, quien escribe, enseñando el micrófono de una emisora de radio local. El careto cansado del vocalista de Héroes del Silencio me lo dijo todo… pero aún así el hombre habló también verbalmente para hacerme comprender que no tenía el cuerpo muy para entrevistas. No obstante me invitó a que acudiera al día siguiente a la prueba de sonido de la presentación en directo del disco. Una vez finalizada, me aseguró que tendría mi entrevista. -Ya, ¿pero cómo entro?- pregunta creo que del todo necesaria. -Dile al de la puerta que eres colega mío- respuesta de las que descolocan.

Al día siguiente no falté a la extraña cita. Entré por la puerta de artistas del zaragozano pabellón Príncipe Felipe, me acerqué a un san pedro uniformado y le dije con poca cara de convencimiento que… -esto… soy… amigo de… Enrique Bunbury y… he… quedado… aquí… con él-. Para mi sorpresa, el repentinamente amabilísimo hombre, colgó una acreditación en mi cuello y me mandó por unos pasillos… a no sé donde leches…

Por allí dentro nadie me hizo puñetero caso así que exploré aquello por mi cuenta y riesgo… hasta que oí música y la seguí como rata de Hamelin hasta verme a pie de escenario… testigo casi único del nuevo directo de Bunbury.

Del planeta rock, el músico, había viajado hacía un par de años al planeta electrónico y del electrónico acababa de aterrizar en uno repleto de sencillez cuya atmósfera contenía copla, tango, Balcanes… Y allí me hallaba, antes que el resto del público, respirando de ese aire que tanto sorprendió a propios y extraños… No podía creer que Bunbury se hiciera acompañar por metales… además las guitarras eran muy descafeinadas… ¿dónde estaba el rock’n’roll? Eso tenía un sonido totalmente charanguero… Parecía música de gitanos rumanos de la que tanto le gusta a mi hermano Puri… Pero, ¿de verdad era Bunbury ese tipo? Esperaba que sí, porque llevaba ya un buen rato cargando con el micrófono y la grabadora.

Terminada la fascinante prueba de sonido -de verdad lo fue- pregunté por allí dónde tenía que esperar para entrevistar al artista. No fue sencillo conseguir la respuesta pero la obtuve… “Sólo” quedaba esperar… y esperando… esperando… al rato, apareció un tipo portando un micrófono… al que le siguió otro más… y otro… y un fotógrafo… y otro  más… y otro… y un cámara de televisión… y otro más… y otro… Miré a mi alrededor y me vi rodeado de periodistas “””de verdad”””. Hablaban con un tipo gordote y simpático que les iba dando la vez. Me acerqué, pues, al susodicho… que de repente se quedó sólo en gordote… y en unos segundos se transformó en Gordo Cabrón… Por lo visto en principio no iba a tener entrevista pero si esperaba a que terminaran el resto de medios… pues a lo mejor… quien sabe… puede ser que… quizás…

Gordo Cabrón nos llevó a todos a un saliente grande de un pasillo, y allí estaba Enrique Bunbury. Se encontraba en plena sesión de fotos para una importante publicación. Cabrón nos comentó a los allí presentes que en que terminara el artista con los posados comenzaría el carrusel musical. Primero Antena 3, luego la SER, seguidamente Antena Aragón… Radio Nacional de España… y no sé qué otra… ni cuál más… pero un servidor pasó sencillamente a no existir. Me encontraba por detrás de la última fila separado del resto de medios. Todos hablaban entre sí con caras sonrientes. Eran alguien… al menos así parecían sentirse… o así lo percibí yo. Nadie me dirigió la palabra, sí alguna mirada en plan: qué pretende aquel tipo con ese micrófono… A mí el sexo anal sólo me va en culo ajeno… por lo que… ellos mismos…

Mi grado de indignación era muy alto. Tenía cosas mejores que hacer que pasarme 2 horas y media viendo firmar discos… uno tras otro… Y otras 2 más sin saber muy bien qué hacer…

Terminó la estrella su sesión de fotos. La gente de los medios comenzó a saludarle estrechando su mano como a todo un mismísimo Juan Carlos I, con risas cómplices, comentarios de tal experiencia juntos y tal otra… Gordo Cabrón procedió a explicarle el orden de entrevistas… Bunbury asentía… Pero Cabrón no contaba con algo que a mí tampoco se me hubiera pasado por la cabeza ni harto de setas mejicanas. El cantante, mostrando una más que excelente visión, se topó con mi careto, que seguía intentando dejarse ver por allá lejos… Seguidamente dijo en voz alta para que todos le oyeran… muy pausadamente –Lo siento… pero con vosotros no he quedado, con este chico sí. Si no os importa… comenzaré con él-

Y así fue. Nos encerramos en su camerino camino al cual Gordo, aprovechando que Bunbury se había adelantado unos metros, me agarró el brazo diciéndome al oído que la entrevista no podía durar más de 5 minutos. Lo cierto es que duró un cuarto de hora, y no me dio la puta gana de prorrogarla más porque había gente que quería hacer su trabajo como yo había esperado para realizar el mío… en mi caso, por cierto, a cambio de cero euros… de los de entonces… que valen lo mismo que cero pesetas de las de ahora…

El trato por parte de Enrique Bunbury fue impecable. Mis preguntas no fueron gran cosa pero sus respuestas hicieron de aquella entrevista algo más o menos interesante para el oyente.

Ese día, efectivamente, comprendí muchas cosas. En qué consiste una firma de discos. De qué va una prueba de sonido. Antes de hacer una entrevista es importante documentarse, tener claro cómo enfocarla, prepararse algunas preguntas… En este noble oficio hay que tener más paciencia que un jodido santo.

Y lo más destacable: fue la primera vez que me choqué de morros contra el muro de la industria musical. Habría más veces -de hecho, las sigue habiendo-. Algunos artistas tienen mala imagen por culpa de quienes les rodean. Afortunadamente a día de hoy un servidor sigue saltándose todo lo que puede discográficas, promotores, managers… e intenta hablar de tú a tú con el artista de turno. Así resulta algo más sencillo saber cómo cojones es alguien. Bunbury lo demostró aquel día… y lo siguió haciendo en otras ocasiones… al igual que su grupo… y, faltaría más, también la industria que los rodea.

Mucha gente guarda un recuerdo negativo de su primera vez. Quien subscribe este texto se queda con ese intenso orgasmo que me acompañó al final e hizo que me olvidara de todo lo demás.

Sergio Falces
[email protected]
www.cuandoelebrosuena.com

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