Jueves, 27 Abril 2017
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El BAILE

ARMUchapa_gooniesss.jpgNo llevaba traje de esquimal pero sentía frío en el corazón. Nadie me había invitado personalmente a esa fiesta pero en un ejercicio de valoración personal decidí hacer acto de presencia en ella, así, tal cual. Y ahí planté mis sucios mocasines, sacados de un spaghetti western de Almería, ciudad andaluza dónde las haya. El gorila (a.k.a. Donkey Kong) al principio me miró con prudencia, luego, tras ver mi americana con chapas y camiseta de Los Goonies decidió que era tan sólo un moderno más. El grueso brazo que ejercía de muro infranqueable se levantó permitiendo mi paso apresurado. Mi disfraz de “cultureta modernuelo” había funcionado perfectamente, ya solamente me quedaba decir que el suicidio de Ian Curtis había sido la pérdida más importante para la música y que Truman Capote estaba un peldaño por encima de cualquier otro norteamericano. Hasta tenía preparado un discurso acerca de la supremacía de los londinenses y de lo ricas que tenían que estar las latas de sopa Campbell que había consumido Andy Warhol.

Supe camuflarme entre tanto snob y pijo reprimido, navegué entre clones de Audrey Hepburn, entre gafas de pasta, cigarrillos con boquilla y risas insulsas.

La danza era mínima, movimientos insinuantes al ritmo del Ágætis Byrjun de Sigur Ros, todo el rato, cuando terminaba el disco se volvía a poner, era de locos. Mucho humo, mucho Martini y mucha pared de colores. Tras cuatro horas de bostezos y falsas apariencias decidí poner fin a mi inútil estancia, mi experimento había fracasado, decidí probar suerte en el mundillo pero no había nacido para ese “cotarro”, ni siquiera las alabanzas de un fervoroso artista conceptual hacia la obra de Fabio McNamara me habían resultado graciosas. Arrojé las chapas a la ponchera, me rasqué el culo y alcé la voz al grito de: ¡Viva Robert Plant cabrones!

Después de un momento de incertidumbre y silencio, el baile siguió su curso y yo me retiré fracasado y cabizbajo a mi caverna particular. En la oscuridad no pude evitar que una lágrima de felicidad recorriera mi cara cuando Bon Scott me cantaba al oido “Well you ask me 'bout the clothes I wear”. En mi retiro fui feliz, el rock había triunfado.

Stabilito D.

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