domingo, 19 noviembre 2017
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CUANDO EL EBRO SUENA

“Hay quienes opinan que la música de Marilyn Manson provoca violencia… Quizás lo que sí la provoque sea el mensaje satánico de Antonio Machín” 

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– ¡¡Fóllame otra vez! ¡¡Vamos!! ¡¡Y ahora átame y pégame!!

¡Vaya! ¡Me meto en cada una!… nunca mejor dicho… La cuestión es que un tercer polvo en dos horas… pues no sé… Y lo de pegar reconozco que nunca me ha ido. Ni por sufrimiento, ni por placer… De pequeño me zurraron demasiado mis mayores y, la verdad, como que no…

Hay quienes opinan que la música de Marilyn Manson provoca violencia… Quizás lo que sí la provoque sea el mensaje satánico de Antonio Machín -lo que está sonando en el hilo musical-. Con lo romántico que estaba quedando el bolero… y la tía… ahí encendida… sacando la jodida lengua y todo…

– ¡¡¿Te has cansado ya?!! ¿¡¡No serás un puto maricón!!? Vamos, vete de esta casa, ¡¡maricón!!

¿Qué problema tiene contra los gays esta chica? Puede llamarme cosas chungas de verdad; no sé… banquero, especulador inmobiliario… que ni con esas me pienso ofender. Evidentemente no es nada personal… sólo pretende que alguien le haga el amor… Bueno, la expresión “hacer el amor” posiblemente no sea del todo correcta en esta situación. Y, por cierto, una cosa es un polvo, o quince, pero amenazar con echarme de mi propia casa…

Desde que me he encontrado por la calle con la vieja conocida, mi avispada intuición preveía que acabaría escribiendo sobre esta experiencia. La tengo grabada claramente en mi cabeza… y ahora sólo tecleo letras de modo automático en el periférico más horizontal de mi ordenador. Las frases salen solas.

– Vaya, ¡no te vas! ¿eh? ¡¡Quieres follarte a esta zorrita!! ¿A qué coño esperas? ¡¡Átame!!

Pues, la verdad, no sé donde coño tengo cuerda para complacer a esta tipa.

Sigo de pie, desnudo, a unos metros de la cama. Bajo el cuello. No es por reflexión, ni derrota, ni timidez; simplemente compruebo cómo está la de abajo. En cierto modo, que este relato no acabe aquí, dependerá de ella, que habitualmente toma decisiones por su cuenta.

Esta vez parece ser que le ha gustado la situación y se anima. También ayuda escuchar de fondo a Concha Piquer. No me preguntes porqué pero me pone cachondísimo. Sin duda, con las prisas, he sintonizado el canal copla en el hilo musical.

Mi conocida se levanta de la cama tras cerciorarse de que otra cosa, también de carne, se está levantando a la par. Viene hacia mí arrastrándose por el suelo, completamente desnuda. Me suplica que le deje chuparme los pies. No sabía que hubiera que pedir permiso para algo así… pero la chica está tan metida en el rol que, haciéndome el enfadado, le digo que no le voy a dejar.

– ¿Ah, no? ¿Y qué tengo que hacer para que me dejes? ¡Vamos!

¡Mierda! ¿Qué carajo le mando hacer ahora a ésta? Cuando me creo algo reconozco que soy el tipo con más creatividad del barrio, o al menos de mi calle, pero en según que tesituras… o se me bloquea la mente o se me bloquea otra cosa. Afortunadamente esta vez le toca el turno a la mente… pero hay que salir de la situación. Entonces recuerdo que tengo algunos cacharros sucios y le grito a la chica con la mayor credibilidad que puedo, que tampoco es mucha, que se acerque a la fregadera y proceda.

Ella no dice nada. Se enfunda un delantal y comienza a darle a los platos. Observo su hermoso culo… ¡Bonito de verdad! Tiene la forma de una gran manzana. Dan ganas de morderlo… Quiero morderlo… Me acerco lentamente… y… veo como con cada plato que friega, su vagina se moja cada vez más…

Se pone de puntillas con el culo en pompa para dejar cada pieza en el escurridor del armario y mi visión de su agujero de placer es muy clara. Está mojadísima. Parece que le da morbo el jueguecito… y me está quitando de encima todo un curro…

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Ahora escuchamos a Juanito Valderrama. Entre la música y la situación pienso que esto parece una película de Almodóvar. Sólo espero que la chica no haya sido hombre en otra época.

Le chupo la vagina y veo como su flujo se desliza por mi barbilla e incluso gotea sobre el pene. Me levanto y mientras sigue fregando los platos le penetro desde atrás. Suena un conocido tema musical de Joselito a dueto con el mismísimo Jorge Negrete. La canción es animada y decido seguir el ritmo con mi cadera… de alante a atrás. No hay nada mejor para el sexo que el ritmo… y nada mejor para el ritmo que la música…

– ¡¡Pégame!!- Insiste ella.
– ¡¡No jodas!! ¡que está sonando Joselito!- contesto. –Pobre crío.
– ¡¡¿¿Joselito??!!

No sé muy bien que pasa. La tipa se acaba de quedar como congelada. Ni se mueve, ni habla, ni disfruta, ni sufre, ni ríe, ni llora…

– ¿Qué te pasa?- Le pregunto bastante preocupado… Pero no contesta.

Su corazón late… muy intensamente además, algo es algo, pero intento seguir bombeando y la cosa no va ni palaante ni patrás. ¡¡Estoy atascado!! Pruebo en varias ocasiones a sacar el miembro de mil nombres de su agujero de otros mil… pero ¡¡resulta imposible!!

Alguien me contó una vez que le pasó lo mismo con no sé quien. Si me lo contó será que se sobrevive… supongo… ¿no? También me contaron que el primo de la cuñada de alguien se rompió el pene intentando hacer el salto del tigre… y que a la hermana de esa misma persona se le quedó una botella metida en la vagina cuando se estaba masturbando al provocarle el efecto de vacío. Pero el supuesto mal de muchos… no acaba de consolarme… No debo ser tan tonto.

Me siento como un perro pegado a una de sus hembras tras la eyaculación. Recuerdo haber visto la escena canina en más de una ocasión. ¡¡Pero esta vez el perro soy yo!!, y la otra, ¡¡una jodida perra!!, aunque ambas calificaciones quedasen ya claras desde hace un buen rato…

No sé muy bien si es su vagina la que se ha cerrado o mi pene el que envidioso de Nacho Vidal ha decidido, como siempre por su cuenta, pegar el último estirón de los treinta –años… espero-.

Decido intentar taparnos lo máximo posible y acudir a urgencias, ¡qué remedio!, pero la chica permanece quieta de pie. Imposible cargar con un grano tan grande pegado en la punta de mi bendito cipote.

Como remedio desesperado decido llamar a Tío Beni, un verdadero experto en todo lo referente a la cama. Lo suyo es follar y dormir. En este caso no me interesa saber cómo combatir el insomnio precisamente… pero seguro que me puede ayudar.

Él fue quien me aconsejó meterle el dedo pulgar en el ano a una chica durante la penetración para provocarle varios orgasmos seguidos. ¡Siempre dando buenos consejos! Aunque ahora que recuero… cuando lo puse en práctica, la compañera de aquella noche me dijo, de no muy correctas formas, apunto, que le metiera el dedo por el culo a mi puta madre. Bueno, este es un caso diferente ¿no? Se las ha visto seguro en situaciones peores. Peores, sí… pero iguales…

A falta de nada que perder le llamo explicándole la situación tartamudeando… muy desordenadamente. No recuerdo haber tenido que exponer a nadie algo así… al menos en las últimas dos semanas… Sorprendentemente Tío Beni ni se inmuta. Le parece una situación de lo más normal. Sencillamente me dice que no es algo grave, que cómo se me ocurre escuchar copla practicando la cosa del folleteo y que todo pasará con algo de Simon & Garfunkel. ¡Y va y cuelga!

Hay que decir que Tío Beni ha hablado como todo un profesional de la musicoterapia. De habérselo consultado en persona, fijo que me extendía una receta para entregar al tipo de la sección de discos de la Fnac.

Bien, todo solucionado entonces… al menos cuando consiga saber de dónde cojones saco a estas horas una canción de Simon & Garfunkel. Y a los pocos minutos proclamo a los cuatro vientos… una vez más… ¡¡¡bendito Emule!!!”

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Sergio Falces
www.cuandoelebrosuena.com

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