Sábado, 27 Mayo 2017
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Salvemos Eurovisión

No me había enterado de la que hay montada con el tema Eurovisión, principalmente porque se me ocurren varias docenas de cosas mejores que hacer que prestar atención a un festival que se arrastra moribundo desde hace años, dejando a su paso un tufo a rancio y a siesta de pijama que no hay quien lo aguante.

Pues se conoce que este año la gracia está en que a través de un “Myspace”, y bajo el lema “Salvemos Eurovisión” el público puede elegir a nuestro representante. La organización (que no se por qué me da que estará formada por viejas glorias de la canción patria de la talla de Massiel o Salomé), en vista del poco éxito que nuestra amada España cosecha en el citado evento, al fin parece que ha hecho ejercicio de autocrítica y se ha dado cuenta de que no saben qué coño llevar ya al concurso. Porque la excusa de que los países del este se han fragmentado y se votan entre ellos ya no cuela.

Sin embargo parece que el tiro les ha salido por la culata. A saber: Buenafuente, esa máquina de subir audiencia, lo ha visto claro y ha colado a uno de sus cómicos entre los participantes. Juro que no he escuchado la canción de marras, aunque me consta que es un chiste alargado más de la cuenta; pero lo que está claro es que la gente ya está de vuelta de todo, y que para quedar los decimoséptimos por detrás de Suecia y sus clones de Abba, prefieren tirar la puta al río y echarse al menos unas risas.

Escuchaba a unos eruditos musicales hablar del gran error que supondría que nos representase el tal Rodolfo Chiquilicuatre, por el desprestigio que supondría para la música del país, amén del intrusismo profesional que supone que un humorista se cuele en terreno vedado. Pues mira por donde han conseguido que me caiga simpático el tipo este, y no porque haya sufrido esos comentarios talibanes en mis propias carnes más de una vez, sino porque cuando echas la vista atrás encuentras en Eurovisión a tal panda de payasos jugando a ser músicos (varias “operaciones triunfo” incluidas), que me alegra que por una vez sea un payaso de verdad, de oficio, el que se encargue de montar el circo. Que el humor es una cosa muy seria, señores… y si de lo que se trata es de hacer el ridículo, mejor que lo haga un profesional, que al menos sabrá conservar la dignidad.

Y digo esto convencido de no escuchar en el futuro (al menos no por voluntad propia) el jodido “Chiki Chiki”. Y por supuesto no pienso quedarme delante de la tele esperando esos puntos de Portugal que nunca llegarán.

 
Juako Malavirgen
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