sábado, 21 octubre 2017
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Homenaje a GEORGE BRASSENS. La Campana de los Perdidos, 01/05/08

Hace ya unos cuantos años que la Campana de los Perdidos celebra el primero de mayo con un concierto en homenaje a George Brassens. En el día de la clase trabajadora, teníamos ocasión de participar en el concierto que diferentes músicos de estas tierras brindan a quienes quieren recordar al estupendo músico francés.

Un acto que creíamos sentido y a la altura de las hermosas canciones de Brassens, compuestas por él mismo o musicadas a partir de poemas de Louis Aragon o Victor Hugo, entre otros muchos. Una persona sencilla, comprometida, anarquista en fondo y forma, que bien merece pervivir a través de sus melodías y composiciones.

Con casi una hora de retraso comenzó el recital, dinamizado en todo momento por la guitarra de Ernesto Cossío y el contrabajo de Coco Balasch, dos músicos muy nombrados por aquí y que tendría la primera ocasión de disfrutarles sobre un escenario. Todo comenzó con la canción que, compuso Ennio Morricone y escribió Joan Baez en recuerdo de Sacco y Vanzetti, dos italianos que fueron ejecutados injustamente en los Estados Unidos de América, tema que tocó en numerosas ocasiones George Moustaki.

Tras el brindis por “la salud, la fuerza y la anarquía”, al que siguieron posteriormente otros como “por la paz en el mundo y la guerra en la cama”, comenzó el homenaje en un tono muy improvisado y guasón, sin formalismos ni alusiones a la figura de George Brassens. “Le testament” y “Le parapluie”, a ritmo de swing, fueron las primeras versiones, la segunda de ellas acompañadas a la voz por Luis Millas, que se arrancó también con “Jesuis un voyou”, cantado al estribillo en castellano por una pequeña parte del público.

Las siguientes canciones, “Les croquants” y “L'Orage” no acabaron de calar en la opinión de quien escribe, seguramente por su dificultad técnica a la guitarra y la voz. El tono en el que empezó el “homenaje” tampoco me gustó, centrando las presentaciones de las canciones en chorradas entre Ernesto y Coco, o chistes que no venían a cuento ni hacían gracia.

A continuación, Gabriel Fernández se atrevió con “Marquise” y “Je me suis fait tout petit”, sin que las canciones llegaran a brillar a pesar del toque, evidentemente, personal que le dio la voz de Gabi. Siguieron “Chanson pour l'auvergnat”, con improvisaciones que no acabaron de cuajar, más chistes largos y sosos, y llamamientos de Coco para que se fuera la mitad del público porque hacía calor. Uno, a veces, no entiende las bromas ajenas, sobre todo si son largas. Iñaki Fernández subió con su guitarra para cantar “Supplique pour être enterré 'a la plage de S'ete” y “Cheval Blanc”. A estas alturas, apenas diez canciones en casi dos horas estaban haciendo un poco pesado el “homenaje”.

Pasada la medianoche acabó la primera parte del recital, a la que mediahora después (¡y dijeron cinco minutos!) siguió otra tanda con otros invitados. Tras “Mourir pour les idées” le llegó el turno a Joaquín Carbonell, que llegó sin la carpeta con las letras de las canciones que había preparado, así que se lanzó con dos temas más o menos improvisados. El estribillo a capela de “Fernande” dio pie a “Au bois de mon coeur” y “La Porte de Lilas”, que sonaron con poca fuerza y, a ratos, en un “macarrónico” francés, supongo que fruto de no saberse las letras y andar leyéndolas en directo.Tras “Auprés de mon arbre” cogió el micrófono Paco Cuenca, que subió el listón con dos preciosas canciones, la primera en recuerdo de un acordeonista, de cuyo nombre no logro acordarme. Su voz sonó potente y dejó pie para que Ernesto y Coco se soltaran con sus respectivos instrumentos, haciendo que, por primera vez en toda la noche, el público vibrase con Brassens.

Guillermo Fernández fue el último de la familia en subir a escena, presentado como el cantante más aplaudido del homenaje del año anterior. El público le recibió con entusiasmo y no defraudó. Interpretó “Les Funerailles d'antan”, un ejemplo estupendo del delicioso humor negro del cantautor francés, “La femme d' Hector” y, por petición popular un bis, “La premiére fille”, a duo en la voz con Ernesto Cossío, a estas alturasdel concierto mucho más centrado y diestro en la guitarra.

“Les copains d'abord” unió a la familia Fernández en el escenario, Iñaki, Gabriel y Guillermo, cada uno de ellos llevando las estrofas de la canción a su terreno. Guillermo se quedó para acabar con “Mariette”, un final digno a una noche un tanto larga y que esperábamos más fecunda tratándose de un homenaje a George Brassens dinamizado por músicos que despiertan muchas espectativas. Supongo que cuatro horas en La Campana de los Perdidos para escuchar apenas 20 canciones cansaría a cualquiera,…

Texto: Nacho Escartín
[email protected]

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