sábado, 21 octubre 2017
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ESTIGE. Phoneix. Autoeditado 2008

Creo que por fin tenemos el gran disco que todos podíamos esperar de Estige. La electricidad desbordando por cada uno de los cortes, los bajos punteando el lado más metálico del pop, la tensión de la batería alimentando la telúrica batería del ave Estige. Y por eso hay que estar de enhorabuena.

Las composiciones que Alex Mariona (voz y guitarras) había ido puliendo en formato acústico -sólo o en compañía de los Motavation– alcanzan otra dimensión en su transmutación grupal, ganando en trepidación y agresividad. Las pinceladas de programaciones tienen el poso industrial que sirve de contrapunto a la propuesta orgánica de Humano o en la luminosidad sintética de No sé si existo, que guarda bajo los acordes una potencia lírica intermitente que se aloja en un final épico. La camaleónica función anfetamínica de Kaos parece destinada a un reposo no encontrada en la subsónica Vienen a por ti. Un single directo como Paradojas, bailable-como se concibe el baile en el indiepop, claro- para terminar con la Tumba de las Luciérnagas –dejen correr el vinilo hasta el final- en otro aquelarre de solapamientos y asonancias.

La producción soporta la descarga de distorsión amplificada, perfectamente manejada por Rafa Domínguez tras los controles, en una nuevo trabajo sobresaliente. Quizá, si hay que buscar algún pero, la voz superdotada de Alex, la que muchos hemos podido disfrutar en directo, no alcanza los matices hipnóticos esperados. Las letras, si bien están forjadas dentro de la correcta cotidianidad de la canción pop sólo se pueden llevar un aprobado (mención aparte de las acertadas La Ciudad Dormida y No sé si existo). Habrá que ver cómo construyen todas las capas en directo antes del aplauso final.

Estige soporta la comparación con Maga, con Muse, se pone de nuevo en la primera división de las bandas del pop aragonés. Hubo un tiempo en el que sólo con eso hubiera sido suficiente. Hay que seguir pidiendo una reflexión al respecto. Aunque, evidentemente, no es ese el tema que nos ha traído hasta aquí.

Texto: Octavio Gómez Milián
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