viernes, 22 septiembre 2017
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JUDAS PRIEST. Plaza de Toros, Zaragoza, 14/03/09

The Priest is back”, saludó Rob Halford al público zaragozano congregado en el Coso de la Misericordia antes de sonar el himno Metal Gods. Minutos antes aparecía sobre un elevador, al ritmo de los acordes de Prophecy, el tema que abre Nostradamus, el nuevo disco que Judas Priest venía a presentar a España en una gira de cuatro fechas: San Sebastián, Zaragoza, Leganés y Badalona.

Abrieron la noche Testament y Megadeth, animando a la parroquia heavy desde primeras horas de la noche, configurando un atractivo cartel que consiguió rozar el lleno. No acompañó el sonido a los primeros, la plaza de toros no suele destacar por su buena acústica, pero tanto la banda de Chuck Billy como la de Dave Mustaine (especialmente esta última, bestial la comunión con el público) consiguieron poner el ambiente al rojo para recibir a la mítica banda inglesa.

Megadeth

Tras Metal Gods, continuaron con Eat me alive, con lo que desterraban el miedo a un repertorio centrado en su nuevo trabajo. Habría más clásicos, como Between the hammer and the anvil, de su celebrado álbum Painkiller que a pesar de datar de 1990 es considerado clásico entre los seguidores del grupo, sobre todo los más jóvenes, pues muchos de ellos se subieron al carro gracias a esta joya del heavy metal. Después vendrían las ochenteras Devil’s child o Breaking the law, coreada por al abarrotada plaza de toros.

Tras Hell patrol (nueva llamada al Painkiller), con los ánimos ya bastante caldeados, de nuevo el telón de fondo cambió a la portada de Nostradamus lo que presagiaba otra canción de su última grabación. La elegida fue Death, lenta y oscura, como corresponde al cuarto jinete del Apocalipsis. Con Dissident Agressor y sobre todo Angel, la balada que incluyeran en su penúltimo trabajo Angel of retribution, llevaron de forma tranquila el concierto hacia su final.

Judas Priest

De las guitarras gemelas de Glenn Tipton y K.K. Downing brotó la melodía de The Hellion que daba paso a Electric Eye. Sin tregua, sonaron Rock Hard, Ride Free, Sinner (lástima que el solo de K.K. Downing quedase ensombrecido por el mal sonido) y el apoteósico final con Painkiller. Precisamente en esta canción se comenzó a notar el cansancio del vocalista, por la hora larga de concierto y la exigencia del tema. Desde luego no es el chaval que fue, capaz de llegar agudos imposibles, pero hay quienes saben envejecer bien y Halford (cercano a los 60) sabe compensar el paso del tiempo con su elegancia sobre las tablas y, sobre todo, su carisma: sus seguidores acudían en su auxilio para corearle cada vez que éste lo requería.

A lomos de una Harley reapareció en el escenario mientras la banda atacaba los acordes de Hell bent for leather. Green Manalishi y You’ve got another thing coming pusieron fin al recital en el que, por supuesto, se echaron en falta muchos clásicos. Así de memoria, Turbo lover, Diamons and rust, The Sentinel, Victim of changes o Living alter midnight. Y llama también la atención la total ausencia de canciones de los dos discos que Judas Priest grabase con el vocalista Ripper Owens durante el abandono temporal de Rob Halford. Pero es que no puede llover a gusto de todos con una banda que cuenta sus canciones por himnos…

Judas Priest

Texto: Juako Malavirgen
[email protected]
Fotos: Beatriz Pitarch

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