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MANIFIESTO POR LA MÚSICA 2009

Con motivo de la I Fiesta Aragonesa de la cultura que se celebró el pasado domingo 21 de junio y coincidiendo con el Día Europeo de la Música, el Gobierno de Aragón organizó una velada en el Club Nautico conducida por Javier Coronas en donde hubo reconocimientos (Medallas al mérito cultural para Ana Laguna, Ánchel Conte y José Luis González Uriol), música en directo (Mr. Hyde, Tr3s monos, David Angulo y dj Pendejo), un pequeño ágape y la lectura del siguiente manifiesto, realizado por Carmen París:

MANIFIESTO POR LA MÚSICA 2009. TODAS LAS MÚSICAS SON CULTURA

¿Qué es la Música?: “El arte de combinar los sonidos y éstos con el tiempo” (rezaba la definición del clásico método de solfeo). La música, históricamente, ha surgido del sentir y el pensar de los pueblos. Cada cultura atesora sus músicas que la identifican. Y ¿qué es cultura?, pues hasta en la Wikipedia encontramos: “es el conjunto de todas las formas y expresiones de una sociedad determinada que incluye costumbres, códigos, maneras de ser y hablar, rituales, celebraciones, expresiones artísticas, etc.”

También encontramos clasificaciones de la cultura. Y según la dirección que ésta toma en el tiempo puede ser:

– Postfigurativa: la que mira al pasado para repetirlo en el presente.
– Configurativa: la que reproduce modelos contemporáneos.
– Prefigurativa: la que se proyecta con pautas y comportamientos nuevos no tomando lo existente como modelo sino como referente.

Es decir, que tanto las músicas que reproducen el pasado, como las que reproducen el presente, como las que se proyectan al futuro, son culturales. TODAS LAS MÚSICAS SON CULTURA. Esta afirmación que puede parecer una verdad clara, sigue sin ser reconocida por las políticas culturales de la España europea de 2009 que sólo consideran “Cultura” a la música postfigurativa, la que reproduce el pasado, dejando por tanto a las músicas del presente y a las que proyectan al futuro, abandonadas a las leyes del mercado monopolizador al que sólo interesan fórmulas musicales elementales y repetitivas de nulo riesgo artístico, para el consumo masivo. A la teología de la “maximización de beneficios” que rige los mercados mundiales, le traen sin cuidado la diversidad cultural y estilística o la excelencia artística pues son valores que no cotizan en bolsa.

El teatro, la danza y el cine, son considerados cultura y reciben por ello ayudas y subvenciones que les proporcionan cobertura del Estado frente a la dictadura mercantil. Si todos entendemos que esto debe hacerse para proteger la cultura, es de justicia que todas las músicas también tengan igual consideración.

La música y las artes deberían estar bien integradas en la educación primaria pues está demostrado que favorecen el aprendizaje, ayudan al desarrollo equilibrado del cerebro e incentivan la creatividad. Es necesaria una enseñanza musical reconocida que homologue titulaciones y equipare entre ellos las condiciones laborales del profesorado musical, que actualice la pedagogía con los últimos avances educativos, que incluya todas las músicas en los programas de estudio y que reconozca la carrera de música como una licenciatura con sus especializaciones. Es necesario crear y mantener un circuito estable y variado de conciertos a lo largo del año pues si no, todo se concentra en el mercado de verano que copan mayoritariamente los fenómenos de superventas cuyos exorbitantes cachets dificultan en gran medida la contratación de más artistas con cachets más bajos. Es necesario que las administraciones favorezcan la iniciativa privada y homologuen de una vez las licencias para salas de música en vivo y dejen de considerarlas como meras salas recreativas. Que se reconozca la labor cultural que desarrollan y se les apliquen criterios culturales. Son necesarios un convenio profesional que unifique licencias y epígrafes de actividades económicas, un sistema de cotización adaptado, un régimen fiscal que tenga en cuenta las rentas irregulares de los que trabajamos en la música. Es necesario fomentar más intercambio musical entre comunidades y entre países y hacen falta más ayudas para giras en el extranjero. Es necesario incentivar la creatividad, la autoproducción y facilitar locales de ensayo a los jóvenes músicos… En definitiva, queda mucho por hacer en la música de nuestro país.

La desprotección y desconsideración hacia la música que estas necesidades manifiestan no son consecuencia de la crisis sino que forman parte de las causas del deterioro. Estas condiciones que hacen de la música una larga carrera de fondo jalonada de obstáculos y simas, son las que padecemos desde hace ya demasiados años, la gente que dedicamos la vida a la música y aunque yo sea una prueba andante de resistencia y adaptación al medio, no todo el mundo puede mantener eternamente las exigencias y renuncias que conlleva. Estamos, por ello, desaprovechando y perdiendo muchos talentos de nuestra cultura desde hace demasiado tiempo.

Los creadores, músicos e intérpretes que conforman el tejido cultural de una sociedad y la mantienen viva, son muchísima más gente además de los artistas famosos y generan trabajo: oficinas de contratación, entidades de gestión de derechos, representantes, promotores, personal técnico, chóferes, empresas de alquiler de sonido y luces, de alquiler de vehículos, hostelería, etc., además de las discográficas tanto grandes como pequeñas.

La industria de la música somos todos pero los dueños de la fábrica, que hasta hace poco eran las corporaciones discográficas, están desapareciendo o siendo fagocitados por unos nuevos dueños más poderosos: las corporaciones de comunicación. Estos nuevos dueños han conseguido superar en tiranía a los anteriores que daban un trocito de sus enormes beneficios a autores y artistas. Ahora, los nuevos, se lo quedan todo. Muchos son los millones de euros que genera la música en la red recaudados a los usuarios en forma de altas, cuotas, cánones y ventas de aparatos reproductores con su pantalla táctil, y su tarifa plana para que descargues y descargues mucha música de la que a ti te gusta, etc, etc. ¿Y a los autores y artistas?, ¿qué les llega de este inmenso negocio?. La respuesta es nada (a no ser que se considere algo cantidades como 12 euros al semestre por concepto de canon).

Ante este panorama de “río revuelto, ganancia de pescadores”, ¿se habrán unido los músicos y los artistas haciendo frente común ante el atropello?. Pues unos cuantos lo han hecho pero la mayoría intenta salvarse de la quema por su cuenta. Las crisis también son oportunidades para crecer y para romper patrones rígidos establecidos. Si permanecemos en la inacción y en la desunión, nuestra suerte está echada.

Quisiera, con este manifiesto, hacer un llamamiento a mis compañeros de profesión y no sólo ofrecer una crónica del estado en el que se encuentra la música hecha en España en los albores del tercer milenio. Si nos unimos todos los implicados en el sector, podremos mejorar las deterioradas condiciones en las que desarrollamos nuestra labor. La propuesta de varias asociaciones “Por una ley de la música”, requiere apoyo para ser escuchada. En nuestras manos está hacerla valer.

La música sintoniza los corazones, disuelve las barreras y es el mejor instrumento de entendimiento entre los pueblos. Por un mundo más armonizado, salvemos la música.

Carmen París
21 de Junio de 2009

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