Domingo, 30 Abril 2017
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EL HOMBRE LENTO. El hombre lento. Autoeditado, 2009

El primer disco de El Hombre Lento es la mejor colección de canciones que ha dado la música aragonesa desde En Flor de Muy Poca Gente. Sé que es una sentencia muy tajante y que otras bandas han entregado canciones notables (los singles de De Vito, la clase de Gabriel Sopeña en sus distintas encarnaciones), EP´s muy interesantes (Domador, el Fantasmas de Mister Hyde, Insulina Morgan o Nubosidad Variable -incluyendo el repertorio de sus últimos directos) y pequeñas joyas escondidas bajo producciones mejorables (Copiloto, el primer disco de Picore)… pero un disco tan redondo es realmente complicado. Quizás  Banda Sonora Original de Dos Lunas… y no es casualidad que JJ Gracia se encuentre tras las guitarras de ambos LP´s. Trabajado desde un culto primerizo a la Virgen de los Pantanos, en locales apestosos cargados de humo, El Hombre Lento ha dejado que sus canciones fermenten hasta entregarnos este disco sobresaliente.

Mi aeroplano africano es un tema árido, sostenido a base de guitarras fronterizas, de cuerdas acústicas que cortarán tu carne un segundo después de que te desmayes. Del perezoso canto inicial pasamos a La Muerte Europea, la trepidante crónica que mezcla el terciopelo subterráneo con las guitarras epilépticas, apocalíptica y hermosa, Pólvora Mojada nos trae el punto más lúdico de El Hombre Lento, tóxicos y excesivos, como tiene que ser una banda de rock, un estribillo perfecto, sin solos, sólo letra, estrofa y estribillo, lo demás es onanismo musical. La Tentación de Existir muestra el reverso más tenebroso de la filiación ochentera de El Hombre Lento, es una letanía salmódica de un ángel que esconde sus alas dentro del abrigo para parecerse un poco a nosotros. El incendio recorre con su lengua mercurial cada uno de los poros encendidos de nuestra piel, el Hombre Lento lanza dardos envenenados de menos de tres minutos. Pablo Picasso es punk, punk elegante, punk iconoclasta (suena a epíteto…), pero punk.  Cloroformo nos recuerda que romper el espejo sólo multiplica el problema y que no siempre se encuentra la solución en una cuchilla de afeitar. Que narcotizamos nuestros sueños hasta hacerlos soportables. La primera vez que escuché La Balada de Janice y el Brazo Vengador sólo se me ocurrió pensar en los Surfin Bichos haciendo boleros, en Johny Cash con bajón de anfetaminas en un pueblo perdido de la Baja California, buscando un mariachi con el que dar un bolo. Si abres suficiente los ojos podrás ver aviones despegando hacia los refugios marcados por las autoridades competentes. Todos los demás nacimos dormidos. El disco termina con La Conquista del Espacio, una especie de epopeya cósmica en la era de la postmodernidad, la arquitectura de las ciudades abandonadas se dibuja sobre una amanecer rojizo de bomba nuclear. Una reflexión tan lúcida como dolorosa.

El trabajo con las guitarras de JJ. Gracia es impresionante, un instrumentista superdotado como el antiguo seis cuerdas de Dos Lunas es capaz de generar los ambientes adecuados, sin florituras innecesarias, jugando con toda la paleta de influencias, rock setentero, nueva ola, bolero, acidez inmediata. Guillermo Mata y Carlos Gracia son el puntal imprescindible desde la sección rítmica. Me gusta la batería de Carlos, llena de matices, variada… siempre con ese punto marcial. Y si el trabajo instrumental es sobresaliente, JM Castejón aka Chiqui Lento con su voz y sus letras, no se queda atrás, tremendamente original, con una potencia poética muy compleja, utilizando temáticas que mezclan la tragedia urbana con los excesos impuestos una sociedad enferma. Ha merecido la pena esperar el primer disco de El Hombre Lento. Y en directo son unos fieras, por cierto.

Texto: Octavio Gómez Milián
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