Lunes, 24 Abril 2017
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MI PEQUEÑA RADIO + COPILOTO + PECKER. Interpeñas, Huesca, 11/08/09

Decir que Huesca siempre ha sido una cuna de buena música pop –con un toque alternativo y arriesgado- es un tópico demasiado manido como para comenzar con él una crónica, pero si esta primera evidencia le añadimos la realidad de una nueva edad de oro de la música oscense nos queda realmente redondo el párrafo inicial. Sólo había que fijarse en el programa de la noche: Mi Pequeña Radio, Copiloto y Pecker. Los tres con contrato discográfico, conciertos de nivel y una actitud profesional que engancha con el carácter cosmopolita de cada una de las propuestas.

Confesiones de Margot en su faceta viajera –escasa y muy exclusiva- se plantó en pleno recinto de Interpeñas, en mitad de las fiestas de San Lorenzo, para disfrutar de una buena cantidad de guitarras, estribillos y programaciones. Todo de marca y abundante.

Abrieron Mi Pequeña Radio, la banda de David Tabueña, el antiguo líder de Less. Presentaban Esquiando hacia arriba, publicado por Astro. Un compendio de electricidad y actitud rockista que engancha con lo mejor de la penúltima ola de la música anglosajona con letras en castellano. No hubo sorpresas, perfectamente arropado por una banda compacta, empezaron lánguidos con Como hadas plateadas para terminar con Siempre positivo, nunca negativo. Entre medio la visita al cancionero Dinarama con Ni tú ni nadie, en la onda de los Volován mexicanos, algo de reflejo distorsionado de Love of Lesbian –con la guitarra acústica en primer plano- o Cien años enteros –sólo puedo criticar el verso dondesonabaelyeloudecolplay– para un repertorio correcto, de indiepop de alto voltaje. Y es que hay gente con oficio.

Copiloto transmitió magia. Magia en tus ojos, como la canción de la Granja. Uno de los mejores songwriters de España, arropado por una banda excepcional: Javier Tafalla aka Pozo en la eléctrica, Jorge Metrobass en el bajo, Isaac StereAnt en guitarras, teclados y pandereta y Javi Polo en la batería, sólo puede emocionar. Un comienzo liviano, de densidad contenida para terminar arrollando a base de emociones y canciones perfectas. Javier Almazán es el perfecto letrista de pop, sin arabescos ni florituras, midiendo las palabras como si se le escapara la vida en cada una de ellas, introduciendo frases de las que se te clavan en la médula y no se quieren marchar. Marta y los escaparates sonando a The Jam, el humor latente de Jornada de Reflexión, esa Alicia Subterránea desenterrada de las nubosidades ácidas de El Niño Gusano, la perfecta ebanistería pop de Moleskine… y ese final de fiesta, esa canción que se merece un poema, una película, una vida, que es Chicos en pie de guerra. Almazán no engaña, en disco, en acústico, en Almau o subiendo el voltaje, son una colección continúa de favoritas.

Pecker juega en una liga distinta. La de la electrónica de baile, el house vocal de la escuela de los Amigos Invisibles, la auténtica revisión del sonido Madchester más epicúreo (el que va de los Happy Mondays a los Housemartins con bocanadas de martini rojo y soda), el pop de la más alta graduación… Pecker hace conciertos en los que son una visita a la música disco de última generación, en los que la gente puede saberse o no las canciones pero siempre termina bailando. Bases elegantes, guitarras puntillosas, te llevaste el Souvenir remezclado y todos fuimos felices durante unos segundos. Menos mal que tocó Encantadora Lunática. Si no me muero. Siempre punkrockers enamorados, aunque pinchemos Santa Esmeralda para hacer bailar a las chicas.

Texto: Octavio Gómez Milián
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