Viernes, 18 Agosto 2017
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DECALLES. La noche que matamos al barman. Autoeditado, 2009

A veces nos tratamos de complicar la vida demasiado y terminamos perdidos en una zona pantanosa de falsa sofisticación, impostura y arreglos interminables… pero también, hay instantes en los que somos capaces de darnos cuenta de que lo que realmente importa es un buen riff de guitarra, algo de actitud y unas buenas botas de piel de serpiente (y conseguir sacar a bailar a las chicas, que eso no se nos olvide nunca). Decalles lo tienen muy clarito y lo demuestran con este primer EP, La noche que matamos al barman —cinco temas, directos, claros y meridianos, como diría J., agradezcamos la capacidad de criba de Decalles—, píldoras extraídas directamente del viejo botiquín de los Tequila y los Burning, que ya han saqueado durante años Los Ronaldos o Pereza pero que mantiene la saludable verborrea tóxica del que tiene un buen dealer.  El disco se abre con la noche que matamos al barman, es un perfecto ejercicio de rock español de toda la vida, directo, nutritivo, coreable, con un estribillo resultón. Seguimos con Hasta luego soledad, reduce ligeramente la velocidad, dando lugar al momento épico del disco, (qué sería un buen rockero si no tuviera el corazoncito vacío tras una ruptura). Con Agárrame fuerte descubrimos que el funky escuela argentina ha impregnado por fin a las bandas españolas, cerca del Rot más disco, la electricidad exuberante y los bajos negros dan señales de vida. Con los acordes de piano del señor Diego (nunca tengo suficientes sombreros para quitármelos en su presencia) nos ponemos tiernos en Coge mi mano. Y es que los Decalles, como todas las buenas bandas del mundo, hacen canciones para conocer chicas después de los conciertos. Es una de las mejores excusas del rockandroll. Y para terminar un poco de trepidación, un poco de boggie boggie para dejar un buen sabor de boca, Menos mal es un tema estupendo para el directo, para dejar a la gente moviendo las cadenas. Las letras cumplen, en el rockandroll sólo funcionan los extremos, o eres Dylan o eres Jagger, aquí vamos más en la onda costumbrista de las piernas en minifalda, los antros (lo del ron no se lo perdono a los Decalles) y los triples saltos mortales de taburete en taburete. Me ha gustado mucho el disco de Decalles, me gusta que se sigan los libros de estilo, me gusta que tengamos a Insulina Morgan, a Hotel, a Crisálida, a los primeros Señorita Evans… me gusta que nunca termine la noche que matamos al barman.

Texto: Octavio Gómez Milián
leocamaleon@hotmail.com

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