domingo, 17 diciembre 2017
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LOUISIANA. Paseo de la Independencia. Zaragoza, 15/10/09

Comentaba hace poco con unos amigos lo difícil que es conocer una fórmula para tener cierta repercusión en la música. Muchas veces es estar en el momento adecuado y en la mayoría de las ocasiones es suerte. El talento, por desgracia, no siempre acompaña. Algo así seguro que piensa Luis Cebrián, un músico incansable que con su anterior grupo (Nubosidad Variable) no logró tener la repercusión merecida, a pesar de sus años de experiencia en los escenarios. Y ahora, un año después de conocer a Ana Muñoz en La Campana de los Perdidos y formar Lousiana, acaba de dar una gran actuación en el paseo de la Independencia ante cientos de personas en las Fiestas del Pilar, como teloneros de Amaia Montero.
Louisiana empezó como un pequeño proyecto (sus primeros ensayos fueron en el salón de la casa de Ana) pero poco a poco se han ido sumando miembros, primero con los “nubosos” Dani  y Richi (a la batería y a los teclados respectivamente), y recientemente, con Raúl (al bajo). Los cinco salieron al escenario de Independencia con sus mejores galas. Los chicos, de traje impoluto; y Ana con un corto vestido rosa y unos tacones de vértigo (por suerte, aún quedan grupos que cuidan tanto su imagen como la música, pero sin perseguir ninguna estúpida moda).
No lo tenían fácil ganarse al público, su indie-folk no es un estilo con el que comulguen los fans de la ex cantante de La Oreja de Van Gogh, pero aún así salieron con ganas y Ana más segura que nunca de sus capacidades vocales. Comenzaron la actuación con unos pequeños problemas de saturación en los bajos, pero que no hicieron deslucir el resultado de las composiciones. Sin embargo, a partir de su tercer tema, No hay valor (probablemente, su mejor tema), todo fue hacia arriba. Si algo me gusta de Louisiana es que ningún instrumento está por encima del resto, todos los miembros aportan su granito de arena para crear pequeñas piezas delicadas y sencillas, pero llenas de pequeños matices. Todo ello aderezado de pequeñas explosiones controladas de guitarras.
De lo que queda de la corta pero intensa actuación (30 minutos, siete canciones) destaca la bella Sinestesias, con la que cerraron la actuación; el homenaje a El Polaco con una versión de Vidrio (realmente fue una reivindicación de toda la música aragonesa); y la sorprendente actitud de Luis Cebrián, mucho más calmada que de costumbre. Eso sí, tuvo su momento de interacción con el público, al que le pidió que coreasen con él una estrofa de Escuela de calor (Radio Futura).
Al acabar, caras de satisfacción entre los cinco miembros. Sabían que casi habían hecho el mejor de los conciertos posibles, a pesar de la indiferencia de cierta parte del público. Ahora sólo pueden seguir creciendo y dando unos conciertos tan hermosos e intensos como este. Próxima parada: la edición de su primer disco en virtualbum.es.
 
 
Textos: Jaime Oríz
[email protected]
Fotos: Gustaff Choos
 
Louisiana en Independencia 2009

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