domingo, 17 diciembre 2017
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JUANA DE GRANDES RECIBE EL PREMIO DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA DE LA MANO DE DAVID CHAPÍN, DE ARAGÓN MUSICAL
JUANA DE GRANDES RECIBE EL PREMIO DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA DE LA MANO DE DAVID CHAPÍN, DE ARAGÓN MUSICAL

GALA DE XII PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA. Teatro Principal de Zaragoza, 8/2/2011

Ya casi ha pasado una semana desde que se celebraron los XII Premios de la Música Aragonesa en el Teatro Principal de Zaragoza, y su repercusión se ha dejado notar en casi todos los medios informativos de la comunidad (desde los informativos a programas de variedad como Boulevar pasando por un completo reportaje especial en El Periódico de Aragón), foros de internet e incluso en las conversaciones de bares. La respuesta ha sido bastante positiva y poco a poco esta ceremonia se está dando a conocer a una mayor audiencia. No todo el mundo está contento. Algunos sectores, sobre todo desde la red, han aprovechado para juzgarla como una exaltación del amiguismo, un escaparate artificial en el que no se refleja el auténtico estado de la música aragonesa, una noche para dar palmaditas en la espalda mutuamente y salir en fotos muy guapos… Y probablemente, en parte, haya mucha razón. Pero lo importante es que esa noche se habló de música, y de Aragón. Pocas veces en todo el año está la oportunidad de reclamar de una manera tan fuerte y alta que la música de aquí está viva y se merece una oportunidad. Todas las galas del tipo que sean son un mero escaparate, pero no nos engañemos, la música también es negocio y, como tal, tiene que venderse. ¿Cumplió en este aspecto? Sin duda.

Los premios nunca se repartirán al gusto de todo el mundo, eso es obvio. El sistema de votaciones es muy cuestionado: primero votación popular (este año 27.000, casi nada) y después un jurado especializado de 70 personas escogen entre los cuatro finalistas. Sencillo. Puede que no sea el más ideal, pero es el que hay. ¿Cuál sería el sistema más justo?.

El resultado resultó muy variado. Sólo Tachenko repitió premio (mejor canción y videoclip) y la mayoría se repartieron entre bandas muy jóvenes o de reciente formación. Sólo hay que ver la lista de los ganadores: Lousiana (proyección), Dadá (EP), Delirium Tremens (álbum autoeditado), Pepín Banzo (canción en lengua minoritaria), Diego Stabilito (portada)… Además, artistas inquietos y trabajadores, que no han parado de actuar durante todo el año por todo el país, como son Pecker (mejor artista solitario) y Volador (mejor grupo), también han recibido el reconocimiento del público. Hubo dos sorpresas: Bunbury sólo se llevo una estatuilla de las cinco que estaba nominado (mejor directo, que estaba cantado) y Rapsus klei se alzó con el premio a mejor disco del año. Los bunburianos aún echan chispas. También hay que destacar que Bigott, tras ser completamente ignorado en las votaciones populares, fue rescatado por el jurado, entregándole el premio a la mejor producción (a cargo de Paco Loco). Lo recogió Pedro Vizcaino, como era de esperar. El resto del palmarés se completa con el blog de Matías Uribe (mejor web), Luis Lles (mayor apoyo) y Chelis (DJ).

¿Y cómo fue la gala? Corta, directa, entretenida y emotiva. Encima, su retransmisión por internet fue impecable. Virginia Martínez se estrenó como presentadora y pasó la prueba, con nota. Aunque su guión fue ágil y estuvo plagado de divertidas referencias a los músicos presentes, su lucimiento vino en todas las ocasiones en las que tuvo que improvisar. Tener tablas que se le dice. Como todos los años, hubo actuaciones en directo, con resultado desigual. Dadá sonaron los que mejor y se ganaron al público con su mezcla de música, teatro y cabaret (con algún que otro recadito a los políticos); Almas Mudas convencieron. No tocaron su mejor canción ni el sonido fue el ideal, pero su actitud en el escenario demostró que es una banda a tener muy en cuenta. Volador se llevaron la peor parte. A pesar de que tocaron  la que es una de sus mejores canciones, El largo viaje, su actuación se quedó algo coja, con un sonido que no reflejó su potencial. Mención especial se merece Pepín Banzo, que con su sentido del humor y sus peculiares instrumentos, arrancó las mayores carcajadas de la noche.

La parte emotiva vino, como no podía ser de otra manera, en el momento del homenaje a José Antonio Labordeta. Su mujer, Juana de Grandes, recogió entre lágrimas el Premio Especial a la Trayectoria. Más de medio Teatro Principal se levantó de sus asientos para aplaudir. Para finalizar, los premiados, junto a Joaquín Carbonell a la guitarra, entonaron desde el escenario El canto a la libertad. No soy muy amigo de las pantomimas al estilo We are the world, pero cuando se hace por una figura realmente importante y surge de un auténtico sentimiento de admiración es algo digno de recordar. Al año que viene, más y mejor.

Texto: Jaime Oriz
Fotos: Ángel Burbano
JUANA DE GRANDES RECIBE EL PREMIO DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA DE LA MANO DE DAVID CHAPÍN, DE ARAGÓN MUSICAL
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