Jueves, 29 Junio 2017
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LOUISIANA, viaje concierto en Madrid. Sala Moby Dick. 28/01/2010

No nos engañemos, la mayoría de los periodistas musicales son músicos frustrados. Lo reconozco, me hubiese encantado saber cantar, ser capaz realizar una sucesión de más de cuatro acordes seguidos o tener el ritmo suficiente para tocar una batería. No ha sido así. Por suerte, de vez en cuando los grupos nos permiten a los plumillas acompañarles en sus giras y poder formar parte de la experiencia: viajar en furgoneta (los humildes, claro), estar en las pruebas de sonido, disfrutar (o no) de los momentos previos en los camerinos y, por supuesto, ver el concierto. Por eso, cuando se me ofreció la oportunidad de acompañar a Louisiana a su concierto de Moby Dick (Madrid) el pasado viernes 28 de enero no me lo pensé ni un momento. Además, era una buena ocasión: la primera vez que este grupo zaragozano actuaba en la capital, y no en una sala cualquiera. Poco importa que tuvieran que ser los teloneros de otra estupenda banda, Le Traste.

Los miembros de Louisiana se están tomando muy en serio su carrera. Acaban de lanzar su primer EP, pero la mayoría de los miembros llevan muchos años subidos a los escenarios (Nubosidad Variable) y tienen experiencia. Para la ocasión contrataron un road manager. “Queremos dar una imagen profesional”, me confesó el propio Luis Cebrián, guitarrista y fundador de la banda. La otra mitad del núcleo es Ana Manzana, cantante, guitarrista y, además, reconocida poeta. Es una pareja extraña: él tiene incontinencia verbal y es hiperactivo, y ella es muy calmada y discreta. Sin embargo, la unión ha funcionado desde el comienzo. En el viaje en furgoneta también venían Richi, teclista del grupo, Fernando, el road manager (y batería de Controversy y de DeVito) y la hermana de Ana, Cristina.

Salimos de Zaragoza poco después de comer. La prueba de sonido era a las 19.30 horas, había tiempo de sobra, pero no era cuestión de llegar tarde en un día así. La banda sonora del viaje la pusieron Eslogan, Cut Copy, Copiloto o los propios Louisiana. El Facebook se llevó buena parte de la conversación muy seguida, eso sí, de “adivina el personaje”. Muy poco rockero.  A mí los Rolling me habían vendido esto de otra manera… Poco antes de llegar a la capital comenzaron a salir los primeros nervios. Discusión: el setlist. Luis lleva la voz cantante, pero al poco tiempo se ponen de acuerdo. Mientras, suena en el equipo de música su primer disco. Están orgullosos, se les nota, y ya están pensando cómo sonaran las futuras composiciones. Luis lo tiene claro, quiere que la influencia de Arcade Fire se haga más patente. “¡El ritmo tiene que ser cuatro por cuatro!”.

Finalmente, llegamos a la prueba de sonido, sin problemas. De hecho, el turno de Louisiana comenzó más tarde de lo previsto, debido a que Le Traste tuvieron unos problemas con el equipo. La emoción era patente. “No te creas que es algo muy común que un grupo como nosotros toque por primera vez en Madrid y lo haga en la Moby Dick”, avisa Luis a Ana. Sabe de qué habla.

No tenía intención de ir en un principio a la prueba. Considero que es algo personal de los músicos, que forma parte de su intimidad. Es algo así como cuando te desvelan la trampa de un truco de magia de un mago. Sin embargo, decidí quedarme, no era un buen día para pasear por Madrid, hacía frio. El primer contacto con Le Traste ya fue positivo. Dani Cabezas y su banda son gente también muy curtida en el mundo de la música (su bajista, formaba parte de Standstill, entre otros proyectos) y saben lo que se siente cuando se intenta iniciar una carrera en este mundo. Al poco tiempo llegó el resto de la banda. Dani (batería) tuvo que venir en AVE y Raúl (bajista) viajó con su novia. Tras una pequeña toma de contacto en los camerinos, comenzaron las pruebas sonido, lentas y aburridas, como suelen ser. Antes de que llegase su turno, Louisiana atendieron a unos periodistas que acudieron para entrevistarles y hacerles unas fotos.

La cena fue un simple peaje, que sirvió de puente entre la prueba de sonido y el concierto. Creo que Ana ni salió de la sala, se llevo la cena en un tapper,  y Luis se fue del bar en el que estaba el resto de la banda y varios amigos para meterse en los camerinos. Estaba nervioso, consideraba que no había tenido suficiente tiempo para probar.

A las 21.30 horas, puntuales, salieron Louisiana al escenario, impecablemente vestidos, como es costumbre. El concierto no fue muy diferente de lo que han ido ofreciendo en sus últimas actuaciones de Zaragoza. El sonido fue impecable y poco a poco la banda se fue sintiendo más a gusto en el escenario. No hay valor fue la primera en sonar, como suele ser habitual, y a continuación hicieron un repaso a su reciente primer EP, publicado en Virtualbum.es, un trabajo que mezcla el pop con el folk y con el indie. La interpretación de Vidrio fue uno de los momentos más especiales de la noche: El Polaco, autor de la canción, estaba entre el público y se le podía ver especialmente emocionado; era la primera vez que escuchaba la versión. No era el único amigo que se acercó a la sala, de hecho, fueron muchos quienes lo hicieron (periodistas, músicos, familia…), lo que ayudó a reforzar la sensación de concierto especial.

Le Traste tampoco defraudaron. Había escuchado mucho a este grupo en Spotify, pero su actuación me sorprendió gratamente. El folk intimista del que hacen gala en estudio se carga de fuerza y contundencia gracias a la potente voz de Dani y el virtuosismo de una sincronizada base rítmica. Presentaron varios de los nuevos temas en los que están trabajando para su próximo disco y ya dieron pistas de hacia dónde se dirige su sonido: cada vez más presencia de partes instrumentales y estructuras más complejas. Farewell o Long Winter fueron buenos ejemplos, aunque no desentonan con bonitos medios tiempos como The rain on me o Every single may. Su próxima visita a Zaragoza el 19 de febrero en La Ley Seca será un buen lugar para volver a verlos y hacer un repaso más exhausto a su directo.

Llega el momento de las felicitaciones. Ambos grupos se han gustado mutuamente, aunque lo mejor llega cuando les informan de la buena venta de entradas: casi 100 personas se acercaron a Moby Dick a ver a dos bandas que están comenzando en este difícil mundo, muy buena cifra. Por su puesto, después de recoger los instrumentos y cargar la furgoneta, llegó el momento de la celebración, pero esa ya es otra historia que no toca relatar aquí.

Texto, viaje y fotos: Jaime Oriz
 
LOUISIANA EN CAMERINOS

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