martes, 24 octubre 2017
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CRÓNICAS: COPILOTO. Casa del Loco de Zaragoza, 21/5/11. Por Jaime Oriz

Cada cierto tiempo necesito escribir esto: pop pluscuamperfecto. Pocas definiciones de música me parecen tan repelentes como acertadas. ¿Y qué significa? Pues para mí, pop tremendamente pegadizo, con un sonido limpio y con melodías que te hacen ver todos los días el sol. Y, casualmente, es una gran definición de cómo suenan las canciones de Javier Almazán, más conocido como Copiloto. El oscense ha sacado un nuevo trabajo, El inicio, el desencanto y el círculo de confianza, que sigue profundizando en ese camino que ya comenzó con sus dos anteriores álbumes. Así pues no es de extrañar que esté amparado por el sello Grabaciones en el Mar, gran estandarte del género, con El Niño Gusano al frente.

Como suele ocurrir con otros artistas similares en directo, Copiloto busca una forma más directa de llegar al púbico, con mayor presencia de las guitarras y con un sonido más contundente, menos sutil; algo que me recuerda mucho a Tachenko o a Travis. Para ello, se ha rodeado de músicos curtidos en la escena musical aragonesa (Estige, Nubosidad Variable, Guisante), cumpliendo con nota.

Lo primero que llama la atención de su nuevo disco es lo poco que ha cambiado su estilo, y no lo digo como algo negativo; lo ha ido depurando, dándole más consistencia, y ha casi ha logrado un sonido propio regalando de paso grandes canciones pop. Y muchos de esos temas cayeron el pasado sábado en La Casa del Loco: Dotes innatas, El modelo de Watson y Crick, P. S. (a la que sólo le faltó el apoyo de Ana Muñoz para redondearla), Copiloto (tremenda, cantada por Almazán en solitario)… Las inminentes elecciones del día siguiente también hicieron acto de presencia con La conjura de los necios.

A Almazán se le vió cómodo, seguro de sí mismo y eso se transmitió al público (donde también estaban otros ilustres oscenses como Domador y Justo Bagüeste) que recibió con agrado su recital de pop. Sólo hubo una pega: el sonido no fue el deseado y el concierto no pude acabar con nota alta por culpo el ello (una lástima porque el día anterior, El Columpio Asesino sonó perfecto). De todas maneras, el final del recital fue de una de las maneras más originales que ha visto un servidor: Almazán sólo con su guitarra se bajó del escenario y tocó la última canción en la mesa dónde se vendían sus discos. Eso es hacer marketing con estilo.

Texto: Jaime Oriz

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