Domingo, 20 Agosto 2017
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CRÓNICA: BIGOTT. Teatro Principal de Zaragoza, 15/11/11

Dice la norma no escrita que todo artista merece defender su obra en el mejor escenario posible. Cuando los astros se alinean no suele quedar nadie indiferente. Y esto, más o menos, menos o más, es lo que aconteció en el bicentenario Teatro Principal en la noche de autos. Laudo y compañía presentaban The Orinal Soundtrack a sus paisanos, butacas llenas de traseros entregados y un sonido que, para servidor, hizo que la velada fuera más perfecta si cabe. La acústica del Principal suele ser exquisita pero lo de ayer fue una auténtica delicia para los oídos y orejas del personal.

Con la banda rodada fruto de la inmersión en la gira internacional (qué gustico da decirlo), las canciones del genio aragonés fueron las auténticas protagonistas. Y es que el abanico de influencias es tal (folk, ritmos caribeños, psicodélica con teclados a lo Manzarek…) que lo que realmente importa es la canción en sí misma. Bigott es capaz de emocionarnos, de divertirnos, de poseernos y de que aplaudamos como locos al final de cada interpretación. Si a todo ello le sumamos el gran trabajo en los coros femeninos, el buen hacer de la percusión, de la guitarra y ukelele acompañante y de Clara Carnicer y de Paco Loco tenemos un grupo completo que ha sabido formar parte del particular mundo de Borja Laudo.

Cuando el concierto buscó lo íntimo triunfó con descaro, a los hechos me remito: My, my love o la preciosa Oh Clarin. Cuando rebuscó en las caderas del público arrasó, ya saben, Cannibal Dinner, Afrodita Carambolo, Sparkle Motion… Mención especial al recuerdo del otro genio aragonés con Algora Campeón. Borja Laudo se mueve como pez en el agua por el escenario sin necesidad de intercomunicarse con un público entusiasmado. Y cuando baila sigue siendo el mejor. Una mezcla etílica entre el padre de la novia en el día de su boda y el mono Mojo de Homer Simpson.

No podían faltar tampoco temas como God is gay, Flying Zirkus, She is my man, Pachanga o el megahit de los Monegros, Dead Mum Walking. Y para finalizar el recital nada mejor que la revisión del “Cheers” particular del maño, Bar Bacharach. ¿Genialidad? ¿Suerte? Bigott, simplemente y para el disfrute de todo el que se introduzca durante cinco segundos en su universo. Seguiremos recordando las películas de Elvis entre cubatas vacíos y suelos pegajosos mientras el tipo del espejo nos canta insultos al oído. Sean buenos y ante la oscuridad que se cierne sobre nuestros bolsillos bailen como Bigott, sean felices o por lo menos aparenten serlo que al fin y al cabo solamente recordaremos las fotos sonrientes y los conciertos como el de ayer.

Fotos: Lara Albuixech (Gustaff Room)
Bigott en el Teatro Principal de Zaragoza


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