Jueves, 29 Junio 2017
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THE NEW RAEMON. La Casa del Loco, 24/11/11

Perdí cualquier atisbo de objetividad la primera vez que escuché a Ramón Rodríguez. Recuerdo que corría el final del 2008 y una casi desconocida Ana Muñoz me lo recomendó encarecidamente en el transcurso de una entrevista. “Es el cantante de Madee y ahora se ha pasado al castellano” luego farfulló algo así como “Ricky Falkner, Garfunkel…” Lo recuerdo bastante bien, y hoy me congratulo de tal descubrimiento. Y es que el impacto de descubrir mi vida en los versos de otra persona fue tal que a día de hoy sigo sospechando que el tal Ramón está escondido tras las cortinas de mi cuarto, espiando cada uno de mis pensamientos y escribiéndolos en sus melodías.

Ayer, por fin, tuve el placer de conocerlo. No en persona, Angela Merkel me libre, él estaba arriba y yo abajo, espiando, cada gesto, cada mirada desafiante al público, cada guiño a los atentos flequillos, cada broma y cada canción. Y no se preocupen, me camuflé bastante bien, entre tanta camisa de cuadros y cabellos alborotado es difícil llamar la atención. Ahora recuerdo cuando me reconocieron por la calle y me llamaron moderno de mierda. Me gusta. Que me reconozcan, claro.

Pero centrémonos en el concierto. Ramón Rodríguez no puede ocultar su pasado entre vinilos de Iron Maiden y demás lindeces. Hasta tres guitarras eléctricas sobre el escenario, imagínense la onda sonora que éstas desprenden. Y es que para mostrar al público un trabajo como Libre Asociación era necesario dotar a la escena de un bloque pesado eléctrico aderezado de pequeños matices: violín y teclados. Aunque Ramón Rodríguez no puede engañarme, le “conozco” demasiado y tras esa buscada oscuridad de su última grabación hay luz, hay un hilo brillante de positivismo que se muestra en cada acorde y en cada giro de luz. Así canciones como Lo Bello y lo Bestia, Consciente Hiperconsciente, Soñar la Muerte, El Refugio de Superman o Algunas Personas del Valle, la mayoría muy oscuras, se convirtieron en himnos de unión generacional. Y créanme que ver corear a más de cien personas “me han recomendado que me aleje de mí” tiene su aquel.

The New Raemon suenan eléctricos, que no se preocupen los talibanes amantes de Madee que aquí no se ha traicionado a nadie. Un batería más que contundente (no había visto destrozar una baqueta así en mi vida), un bajo de los que aportan y que no se camuflan entre tanto guitarrazo, ¡molt bé! Pero Ramón también tuvo tiempo para ponerse “old” y recuperar su figura de Dramón Rodríguez con temas antiguos como El fin de la resistencia, Sucedáneos, Te debo un baile (versión de Nueva Vulcano), La siesta, La Cafetera, Hundir la Flota o, la más que obvia, , Garfunkel la cual enlazaron con el Thunderstruck de AC/DC, ¿indies? Puede, pero una cosa no quita la otra.

Ramón Rodríguez es un tipo normal fuera de lo común, el vecino interesante, el tío al que ansias ver o el hermano mayor que nunca tuviste. Es también padre de familia pero friki de Star Wars, sencillamente un tipo genial que tuvo los bemoles de despedirse del público zaragozano con una canción compuesta con sus dos hijas Els gats de la veïna (el nombre del grupo es Germana). Así es Ramón Rodríguez, así es la gente que le acompaña. No seré yo quien se lo descubra porque correré el riesgo de perderle, de que deje de espiarme tras las cortinas y de que ya no hable sobre mí. Y eso no sería justo.

 

 
Fotografía: Pedro Popker
http://popkerzgz.blogspot.com
[email protected]
 
THE NEW RAEMON en Zaragoza

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