Sábado, 19 Agosto 2017
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CRÓNICA: SHUARMA. Terraza Torreluna. Zaragoza. 14 de septiembre de 2012. Por Alejandro Elías.

Shuarma tiene alma de cantautor. De cantautor moderno, aunque ambas etiquetas seguramente disgustarían al protagonista de esta crónica o incluso le resultarían incómodas. Pero al ver un concierto suyo en formato acústico, como el que ofreció el pasado viernes en la terraza de la discoteca Torreluna, uno se da cuenta de que sus canciones parten exclusivamente del imaginario de su autor, con una forma muy particular y un fondo exclusivo que es marca de la casa. Esta personalidad exclusiva a la que nos referimos ya la sacó a la luz con Elefantes, el grupo que él capitaneó durante la anterior década y que tan buenas sensaciones –y números- dejó en España y en los aficionados al pop en castellano. Cuando decidió dar carpetazo a esa aventura, el catalán no escatimó en esfuerzos para comenzar una carrera en solitario que le ha llevado hasta la publicación de su tercer disco “Grietas”, que sucede a “Universo” y “El poder de lo frágil”.

Shuarma vino a presentar a Zaragoza –una ciudad muy querida por él y que le ha aportado sin duda amigos y compañeros de viaje importantes en su trayecto vital- este nuevo disco a un escenario un tanto desconocido para el artista y para el público zaragozano en general: la terraza de Torreluna. Las instalaciones son inmejorables y la noche acompañó otorgando un marco óptimo para la realización de este tipo de show. Acompañado de dos músicos –bajista y guitarrista- salió Shuarma a escena con su carisma bajo el brazo y dispuesto a desentrañar unas canciones elaboradas con la precisión del artesano. “Grietas” fue el disco que más temas aportó al repertorio, de las que sobresalen “Llueven piedras”, “Tú”, o “Habrá que caer”; pero no se olvidó de sus dos discos anteriores, de los que tocó enormes piezas como “Virgen de Guadalupe”, “Otra ráfaga de luz” o “Te esperaré”, uno de los singles de su primer disco como solista. Mención especial a su linda voz, tan carismática y dulce que emana expresividad sin apenas esfuerzo. También reseñar a los dos músicos acompañantes, impecables en su labor de acompañamiento en un ejercicio acústico nunca fácil de ejecutar, que ambos practicaron con una solvencia sobresaliente. El público, como no podía ser de otra manera, puso su mayor énfasis en la revisión que hizo de una de las canciones más populares de Elefantes, ese “Que yo no lo sabía” tan popular entre los asistentes. También gustó y mucho la versión que realizó de Antonio Vega “Elixir de juventud”, para el que no faltaron palabras de alabanza y respeto.

Un concierto interesante, en un escenario atípico y protagonizado por un artista que no cede en su empeño por construir su propia carrera, su propio futuro, a golpe de trabajo y de canciones. Aun estando todo en contra para aventureros como él, es un ejemplo a seguir por los numerosos artistas –y ciudadanos en general- que persiguen ese futuro y lo intentan construir desde abajo, poco a poco, contra viento y marea.

 

Texto: Alejandro Elías

Foto de archivo: Pedro Popker

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