Jueves, 17 Agosto 2017
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CRÓNICA: THE PAINS OF BEING PURE AT HEART. Sala López.- 15/11/2012. Por Alejandro Elías.

Estamos de celebración. Siempre que echa a andar una nueva iniciativa para promover la música desde estas tierras –sea del estilo que sea- debemos aplaudirla sin condición. Hablamos en este caso de la creación y puesta en marcha de Big Star Music, la nueva productora aragonesa de conciertos llevada a cabo por Sergio Vinadé y los suyos. Desde hace algunas semanas, la productora programa varios conciertos de artistas independientes en el mítico El Plata, donde ya han pasado figuras de la talla de Bigott, Fanfarlo o Anni B. Sweet. El jueves pasado, en la Sala López, hicieron lo propio trayendo a los neoyorkinos The Pains of Being Pure at Heart, una de las formaciones punteras de la nueva ola de grupos americanos que miran con cariño a los primeros años 90, aquellos en los que las guitarras saltarinas y las melodías más dulces hicieron que millones de chavales se engancharan al power pop.

Una vez terminada la actuación de Muy Fellini –los teloneros en la noche del jueves- saltaron al escenario los cinco miembros de The Pains; cuatro chicos y una chica con pintas de no haber roto un plato en su vida. Esos compañeros del colegio que se quedaban rezagados en el recreo escuchando su walkman y mirando a las nubes mientras los demás jugaban al basket emulando a sus ídolos de la NBA. Esos que ensayaban en el garaje de sus padres cuando salían de clase de economía en la Universidad. Aquellos que ponían a My Bloody Valentine a todo trapo en el radio casete antes de acudir a su primera cita con la chica de sus sueños en la 5ª Avenida. Pulcros y sonrientes, sin tocar un solo acorde, estos cinco muchachos ya se ganaron el gesto cómplice del numeroso público que acudió a la López.

Las primeras notas, sin embargo, dejaron una cierta sensación de incertidumbre y la primera canción se desarrolló con altibajos serios en el sonido; el teclado absolutamente pasado de volumen, las guitarras muy bajas, la voz prácticamente inexistente. Parecía que no hubieran hecho prueba de sonido. Afortunadamente, la banda viajaba con su propio técnico de sonido y en cuestión de minutos hizo que todo sonara perfecto, arreglando toda imperfección y devolviendo la confianza a la concurrida audiencia. A partir de ese instante y hasta el final del concierto, el sonido fue perfecto. La banda se sentía como en casa y así lo reflejaron en todo momento, haciendo gala de su simpatía y de su amor por esas melodías saltarinas que combinaban con las guitarras más potentes y distorsionadas. Su gusto por The Jesus and Mary Chain, Teenage Fanclub o The Posies no se escondió en ningún momento, dejando entrever también otras influencias como Smashing Pumkins en canciones como “The Body” o “Belong”. La única pega –y gran error por su parte- fue que estuvieran tan sólo 50 o 55 minutos encima del escenario, cosa que sorprendió y defraudó en gran medida a los espectadores, que quedaron con ganas de más e incluso con la duda de si volverían a salir a escena pasados algunos segundos. No ocurrió, por tanto, el concierto fue corto y conciso, hecho que indignó a buena parte del público que había pagado entre 15€ y 18€ por su entrada.

Texto: Alejandro Elías

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