lunes, 11 diciembre 2017
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CRÓNICA: AMPARO SÁNCHEZ + DR. CUTI AND THE MOGAMBOS. Casa del Loco, 14/12/12. Por Alejandro Elías y Lara Albuixech

La sala zaragozana La Casa del Loco lleva la friolera cifra de 15 años programando conciertos. Podrá parecer un dato sin trascendencia, pero en esta ciudad es un logro sin precedentes. Durante estos años se ha subido a su escenario un buen puñado de las figuras más interesantes del underground mundial: nombres de reconocida trayectoria e importancia capital en la historia del rock n’ roll, tanto nacional como internacional. En la noche de ayer le tocó hacer los honores a Amparo Sánchez, ex cantante de Amparanoia, presentando su nuevo disco ‘Alma de Cantaora’. Para abrir su concierto, un peso pesado de la música aragonesa: Cuti se reencarnó esta vez en uno de sus ‘alter ego’ más novedosos, Dr. Cuti and the Mogambos.

El trío local practica un rock con esencia de New Orleáns, muy “africano” –si es que se le puede poner alguna etiqueta-, lleno de energía, ritmo contagioso y buenas canciones. Un bajo y dos bongós son las únicas armas del combo zaragozano para arropar el piano y la voz de Cuti, disfrazado de maestro vudú en estado de gracia. Sus composiciones son nerviosas, directas y gozan de ese toque de humor rocanrolero de los años 50 y 60, que hicieron bailar y sonreír a todos y cada uno de los espectadores presentes. Calaveras, máscaras de plumas, pieles de leopardo y sombreros de explorador terminaron de contagiar del todo a un público que terminó rendido a los pies del compositor zaragozano.

Tarea difícil para Amparo Sánchez, la de igualar la sensación que Dr. Cuti y sus Mogambos habían dejado entre la escasa parroquia que se acercó a ver la puesta de largo de su nuevo disco. He aquí el primer hándicap de la noche para la artista andaluza: poca afluencia de público. No sería el único, puesto que el concierto comenzó con mal pie: transcurrida la primera canción, se quejó en voz alta del mal sonido que tenían los músicos en del escenario. No se le veía a gusto, no mostró ganas ni predisposición para ofrecer un concierto de calidad; así fue, puesto que no remontó el vuelo en todo el recital. Eligió un repertorio lento y aburrido; entre canción y canción, contaba la gestación triste de algunas de las canciones, hecho que no motivó en absoluto a un público que venía a otra cosa: a ver un concierto con ritmo, alegría y buenas vibraciones.

Tras interpretar algunas de las mejores canciones de su nuevo disco como “La flor de la palabra”, “Vieja pasión” o “Pulpa de tamarindo”, donde Amparo hizo gala de su voz especial y curtida, revisó algunas de las canciones de “Tucson-Habana”, más agradecidas por la gente que todavía tenía ganas de mover el esqueleto. En un momento determinado, la cantante paró literalmente el concierto para pedir silencio a la audiencia y echarles en cara que “algunos de nosotros hemos dejado a nuestra familia, a nuestros hijos, para venir aquí a dar este concierto”, algo que en ningún caso solucionó los problemas de comunicación entre artista y público. A pesar de la indudable solvencia creativa de Amparo y la calidad de sus discos en solitario, su gente demanda conciertos con algo más de energía, con más ritmo, con más “juerga”. De hecho, uno de los momentos más especiales y celebrados de la noche fue cuando interpretó la bellísima versión de “El destino” de Amparanoia.

Texto: Alejandro Elías / Fotos: Lara Albuixech

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