Viernes, 18 Agosto 2017
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CRÓNICAS: XÓEL LÓPEZ. Sala Oasis de Zaragoza, 6/4/2013. Por Alejandro Elías.

Hacer canciones es un oficio. Y mucho más que eso, claro, pero también un oficio; quizá uno de los más sublimes que existen. Al igual que el doctor salva un cuerpo, el escritor de canciones salva un alma. Existen músicos que dignifican la música al igual que todos conocemos profesores que dignifican la enseñanza, médicos que dignifican la medicina e incluso políticos que dignifican la política. No sé qué ocurre, qué hemos hecho mal, para que los oficios vocacionales deban ser dignificados… pero así es. Dentro del de escribir canciones e interpretarlas, Xoel López es uno de sus máximos exponentes en España. Uno de esos autores que realmente dignifica esta actividad y la eleva a su máxima expresión. Lo que desconocíamos hasta la noche del sábado era su faceta como intérprete en solitario. Así, él solo, subió a las tablas de la centenaria sala Oasis de Zaragoza, tan sólo acompañado por dos guitarras –española y acústica-, un piano y varios instrumentos de percusión que accionaba con sus pies. Con una soltura y simpatía abrumadoras, Xoel se arrancó a presentar las canciones de su primer disco, Atlántico, un álbum a mitad de camino entre Latinoamérica y España –como bien describe su título-. “Buenos aires” puso aire en el pulmón de los doscientos espectadores que acudieron a verle, pues se trata de una de sus canciones más celebradas. “Por el viejo barrio”, “Caballero” o “De piedras y arena mojada” son también algunos ejemplos de lo más inspirado de su repertorio. A todos dejó con la boca abierta al presenciar su destreza instrumental: Xoel es un maestro tocando la guitarra española; es impresionante ver cómo maneja el ritmo y hace punteos a la vez, mientras canta, percute ritmos con ambos pies y jalea al público para que participe en el show. Dicho de otro modo, se trata de un virtuoso, un superdotado musical que no ha parado de aprender hasta alcanzar un estatus en la interpretación de canciones que muy pocos pueden alcanzar. La sensación de ver a una persona sola encima de un escenario, cerrar los ojos, y sentir la música como si la estuvieran tocando tres o cuatro músicos es, al menos, sorprendente. Al piano también alcanza cotas muy altas en ejecución, pero es su voz la que le define, una voz personalísima y muy reconocible que, unida a su capacidad de reinvención como compositor, le ha situado ya en el mapa de cantautores de éxito en nuestro país. Sus últimas composiciones –las pertenecientes al ya nombrado Atlántico- se tiñen de sonoridades latinas y de música iberoamericana, dejando un sabor nuevo y excitante en el oyente neófito. Sus fans de toda la vida, los que le siguen desde sus años con Deluxe, también celebran este cambio de rumbo, pues Xoel es un artista que goza de ese margen de experimentación y búsqueda otorgado por su público–al igual que Bunbury, por ejemplo-. De ahí que canciones de sus anteriores proyectos como “Rostro de actriz”, “Ver en la oscuridad” o “Parando el tráfico” (Lovely Luna) se transformen por completo musicalmente para alborozo de la parroquia. Mención especial para “Tierra”, una de las mejores composiciones en lengua castellana del 2012 y que Xoel guarda como disparo final a sabiendas de su poder de magnetismo y seducción. Una canción enorme, que tan sólo con guitarra y voz –¿para qué más?- consigue levantar hasta el último pelo de cada una de las personas presentes en sus conciertos. Como bises hizo “El amor valiente”, “Joven poeta” y la archiconocida “Que no”, echando el telón a una velada mágica a cargo de un cantautor en estado de gracia, con un repertorio inmejorable y una capacidad instrumental e interpretativa al alcance de muy pocos.

 

Texto y foto: Alejandro Elías

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