lunes, 23 octubre 2017
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Joaquín Carbonell - Foto: Juan Miguel Morales
Joaquín Carbonell - Foto: Juan Miguel Morales

COLUMNA: JOAQUÍN CARBONELL y la nueva canción aragonesa. Por Ánchel Cortés.

Aprovecho para el presente artículo el empentón que me origina la gentileza que han tenido conmigo la buena gente de la productora Arguila y, responsable del imprescindible programa Te Suena, que se emite durante el horario prime time de la parrilla de los martes en nuestra televisión autonómica Aragón Tv, pues la amable visita de Alberto Librado y Luis Vallespín se resuelve mediante un interesante diálogo, eso sí mediatizado con micrófono y camcorder en posición on, en el que me plantean mi humilde reflexión en torno al rol cultural de Joaquín Carbonell en concreto y el movimiento Nueva Canción Aragonesa en colectivo.

A la cuestión de si existe la Nueva Canción Aragonesa, la respuesta es tan clara y rotunda como afirmativa, con la personalidad propia de la idiosincrasia de este pequeño país europeo, otrora potencia mundial, llamado Aragón y con un histórico vínculo que se entronca con a la música popular reivindicativa que se produjo durante la II República y la Guerra Civil, pero recogiendo claras influencias tanto de la renovación que se produjo en la música norteamericana, consecuencia de la generalizada oposición a la Guerra del Vietnam con el recientemente fallecido Pete Seeger (inolvidable la versión que de su tema”Pay me my money down” hizo Joaquín Carbonell como ”suelta la pasta ya”) y sus alumnos y estandartes sonoros Joan Baez y Bob Dylan, como de la chanson française también claramente renovada en el proceso revolucionario del parisino Mayo del 68 con las canciones de Boris Vian y Georges Brassens y en un ámbito más cercano y vecino la canción protesta catalana llamada nova cançó que con figuras como Joan Manuel Serrat, María del Mar Bonet o Lluis Lach surge en torno a els setze jutges, gracioso nombre tomado de un popular trabalenguas catalán según el cual, diecisiete jueces del juzgado comen hígado del ahorcado, lo que para ser los años 60 y Franco vivo, no está nada mal, ja, ja.

El fabarol Ángel Villalba, candidato a la mejor canción en lengua autóctona para los próximos premios de la música aragonesa, que hace una “prodigiosa” década gestiona esta imprescindible web, participó desde Barcelona en el nacimiento de la nova cançó, ayudando a crear en 1972 una cooperativa de músicos donde estaban los cantantes Manuel Gerena, Luis Pastor o Elisa Serna, así como formando en 1973 el grupo Bordó junto a Marina Rossell y Quintín Cabrera, adquiriendo desde luego mucha mayor trascendencia que otros cantantes en catalán de Aragón como Antón Abad y los Maelláns, José María Puyol y Miquel Estaña,,

La Nueva Canción Aragonesa surge a raíz de los recitales y conferencias organizados en el Colegio Mayor Cerbuna por residentes como Agustín Sánchez Vidal y que fueron testigos del debut de José Antonio Labordeta, quien para 1976 ya era su máximo representante. De esos principios cal resaltar la capital importancia del Paraninfo de la Antigua Facultad de Medicina amparando actuaciones de Raimón y Paco Ibáñez, -auténtica vanguardia del movimiento de la canción de autor, pues en 1964 Paco Ibáñez había grabado en París un disco LP con letras de García Lorca y Luis de Góngora con portada de Salvador Dalí y justo al mismo tiempo, Raimon grabó también un LP con la recopilación de sus singles. A punto de cumplir. 50 años de ambos eventos. Paco y Raimón siguen vivos y dando por culo, ja, ja-, así como el Colegio Menor San Pablo de Teruel residencia del propio Joaquín Carbonell o los recitales promovidos por el locutor de Radio Popular Plácido Serrano, quien cual un Bill Haley cañau, difundía su música en el inolvidable programa Alrededor del Reloj.

El pistoletazo definitivo se logró durante la 1ª Semana de Cultura Aragonesa que tuvo lugar en la primavera de 1973 y en la que junto al Grupo Renaxer y Tomás Bosque actuaron juntos por primera vez Carbonell, Labordeta y La Bullonera (palabra aragonesa que indica el agujero por donde sale un líquido a presión) así como con el Primer Encuentro de la Canción Aragonesa que Pilar Garzón y José Juan Chicón organizaron en el zaragozano Teatro Principal en noviembre del mismo año y que mantuvo una relativa regularidad con sucesivas ediciones realizadas en Huesca y Monzón.

Esta música de autor o de texto creció de la mano al participativo Aragonesismo que protagonizó el principio de la transición democrática y que llevaría a Emilio Gastón, futuro Justicia, a ser elegido diputado constituyente en las filas del autogestionario Partido Socialista de Aragón en federación con el Partido Socialista Popular del viejo profesor Don Enrique Tierno Galván, el mejor alcalde de Madrid. Dicho movimiento de defensa de la tierra, que en la nuestra sobre todo lo es del agua, homenajeó a Labordeta en el Primer Congreso de Estudios Aragoneses que tuvo lugar en julio del 76 en Caspe, cuarenta años después de la gestación del Estatuto de Autonomía no nato por el estallido de la Guerra Civil. El carácter reivindicativo también llevó a participar a casi todos los cantautores aragoneses en un macrofestival que reunió el 16 de junio de 1978 a doce mil aragoneses de la diáspora en el barcelonés Palacio de Deportes de Montjuic apoyando el imprescindible semanario Andalán, periódico más importante de la Transición en Aragón, que bien dirigido por ese hombre sabio que es Eloy Fernández Clemente, se había caracterizado desde su aparición en 1972 por unos contenidos con claras referencias a la izquierda, el Aragonesismo y la cultura ocupándose de cuestiones como la información laboral y aspectos de política internacional prácticamente ausentes en otros diarios y revistas, con una perspectiva muy crítica, lo que le llevó a sufrir varios secuestros en una trayectoria aún viva, hasta el infinito y más allá a través de la red de redes Internet.

Las transformaciones sociales y políticas se llevaron por delante a la canción protesta con la excepción de Labordeta y el éxito de la segunda generación de los Boira, Tierra Húmeda, Daniel Pequerul, Ana Martín o Valentín Mairal fue bastante menor, salvándose quizás los divertidos Puturú de Fuá de un palo más satírico y surrealista. Caso parecido ocurrió en los 90 con la calidad de María José Hernández, Carlos y Alicia, o Paco Cuenca, salvo un mayor triunfo disfrutado por algunos grandes como Gabriel Sopeña de la mano de Mauricio Aznar o el propio Loquillo, hijo del escopetero y mi admirado tocayo bilbilitano Ángel Petisme.

Ya en pleno siglo XXI la alternativa está muchísimo más completada musicalmente pues además de modernos ya veteranos como el, imprescindible aragonés de la diáspora, Santiago Auserón, conviven algunos brotes interesantes como la original Nieves “Facunda” Arilla, el poeta cojo y loco Julio Donoso, dignos interpretes como Quique Artiach, Xavi Benedé, gente divertida como Juaco Malavirgen, Luis Cebrián o el poliédrico Pepín Banzo, algún otro  compañero en recordadas aventuras televisivas como el genial David Angulo, los magníficos rockeros Juan Ramón “Cuti” Vericad o Salvatore Stars y por supuesto los exitosísimos Violadores del Verso con Kase O Ibarra como máximo representante, diversos estilos musicales que trascienden de traza absoluta la arcaica imagen del lírico rapsoda y la de cantautor ahí arriba solo con su guitarrica.

Mas no querría terminar estas líneas sin desglosar, muy brevemente, pues es tan larga como aún viva o al menos resucitada la carrera de Joaquín Carbonell, quien a pesar de andar toda la vida un pelín a rebufo de José Antonio Labordeta, no en vano fue su alumno en el Instituto Ibáñez Martín de Teruel (donde por cierto ganó el concurso de canción con una versión sui generis del Crying in the Chapel del mismísimo Elvis Presley) así como de Eloy Fernández Clemente y de José Sanchís Sinisterra, e incluso abandonando por el periodismo más de una década una carrera musical que supera la decena de discos (dos de ellos dedicados a Georges Brassens), para volver mucho más lírico que en su exitosa época de la transición y sobre todo con la generosidad de en los últimos años recuperar junto a Eduardo Paz de La Bullonera y nuestro querido abuelo, los viejos y famosos éxitos de antaño en ¡¡Vaya tres!! o dicho con más sorna “Los tres terrores”. Desde luego la vida de este allocino, hijo de maestro republicano a quien los Salesianos de Sarriá aconsejaron no repetir matrícula, colocándose con quince años de botones en el hotel Subur de Sitges, currando de camarero estival por la costa catalana y de molinero aceitero invernal en su pueblo, hasta que reemprendió los estudios en Teruel, daría para un biopic hollywoodiense. Poeta, literato, documentalista y biógrafo, es protagonista de una enorme carrera periodística con memorables programas como Musicaire en el circuito territorial de Tve y magistrales crónicas televisivas en el Día y en el Periódico de Aragón, donde además de sus originales entrevistas, su sección la Antena Paranoica ha sentado cátedra en el análisis y comentario de los contenidos audiovisuales capaces de crear opinión, y que llegan a todos, todito, todos a través de la mal llamada “caja tonta” ya no solo desde el altar mayor adorado desde cada cuarto de estar aragonés, sino en plena vorágine tecnológica del Siglo XXI, desde cualquier rincón y a voluntad a la carta de autocreación de palimsestos personales.

Además y a pesar del handicap que supone la lamentable circunstancia de que arropado por buena parte de la nomenklatura política local, un sátrapa soriano se hiciera con una aplastante mayoría absoluta en el accionariado de la Sad y nunca conocieran los tiempos época futbolística más triste para el primer equipo de Aragón, el bueno de Joaquín siempre fue capaz de transmitir su amor al Real Zaragoza con perlas sonoras como Corazón de León, Zaragol o el Himno del septuagésimo quinto aniversario de nuestro equipo.

Viva la Cultura y Aupa Zaragoza Siempre, pues!

Ánchel “Látigo” Cortés. Productor y Académico de Televisión y de la Música Aragonesa.

Joaquín Carbonell - Foto: Juan Miguel Morales
Joaquín Carbonell – Foto: Juan Miguel Morales

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