jueves, 19 octubre 2017
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Foto de familia de los XV Premios de la Música Aragonesa

COLUMNA: XV PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA. Por Jaime Oriz.

No fue mentado en ningún momento, pero el innombrable ministro de cultura de nuestro país fue uno de los protagonistas de la decimoquinta edición de los Premios de la Música Aragonesa. Aún así, que Santa Cecilia, patrona de los músicos me perdone, lo voy a escribir con todas las letras y bien grande: WERT, y su famosa subida del IVA cultural. Y es que oye, qué sería de una gala de artistas, que como todo el mundo sabe son una panda de comunistas facinerosos, en la que no se reivindica nada, ni se critica al gobierno de turno. Aunque claro, el problema que tenemos en Aragón es que los mandamases nos pillan un poco lejos y no se van a enterar. Un leve pitido en los oídos como mucho. Feo no quedaría, pero sí quizá un tanto ridículo. Aquí nos falta un villano de altura, un Darth Vader para descargar nuestra ira: Alberto Belloch sería un estupendo malo malísimo pero poco puede hacer en cuento a la subida del IVA y en la DGA no hay nadie con suficiente enjundia para tal papel. Así que en esas nos quedamos, mucha queja y pocos nombres propios. Siempre nos quedará Jerónimo Blasco con su habitual baño de abucheos (pero hasta esta bonita, incluso entrañable, tradición se está perdiendo) El malestar general de la industria discográfica lo resumió Chema Fernández de Antípodas Producciones, en un conciso discurso en el que hizo una radiografía de las salas de conciertos. Resumiendo: mucha oferta e iniciativa por parte de las salas, una gran base de grupos y solistas de calidad… y muy pocas ayudas. Y yo añado, poco público, poca cultura. Tan bien lo explicó que algunos premiados se quedaron con poco más que añadir, como incluso reconoció Javier Benito cuando subió a recoger uno de los reconocimientos más merecidos de la noche: mejor programación musical.

Premio Especial a la Federación Aragonesa de Radios Libres
Premio Especial a la Federación Aragonesa de Radios Libres

Y música hubo. Mucha y variada. La organización de los premios lleva años intentando diversificar el sonido de las actuaciones de la gala y este año han ido mucho más allá: el flamenco de Nacho Estévez El Niño, el hip hop de Dr. Loncho, el rock/pop de Elefantes, la jota de Carmen París y el power pop de La Nube. En este sentido, sobre todo hay que destacar el Premio Especial a una Trayectoria al turolense Antón García Abril, músico de reconocidísima trayectoria que con sus 80 años ha creado música de cámara, piezas orquestales y ha trabajado en bandas sonoras de cine y televisión. Notablemente emocionado y ante un público al que no está acostumbrado regaló un cuidado discurso en el que declaraba su amor a todo tipo de músicas. Respecto a las actuaciones lo más destacable fue que todas desplegaron un sonido estupendo, aunque con diferentes resultados. Lo mejor fue la deliciosa guitarra de El Niño, acompañado de una banda que sabe como arroparle (precisamente fue el ganador del Premio a Otras Músicas) y el regreso casi por sorpresa de La Nube. La banda de Nines, Cristina y Pepe se separaron justo cuando comenzaron a entregarse los premios, hace 15 años, y han vuelto por la puerta grande, con una actuación sólida como una roca. Pueden darnos muchas alegrías. Carmen París (ganadora del Mejor Álbum por “Ejazz con jota”) se alejó del complejo formato que presentó hace unos meses, perdió el factor sorpresa, pero se mostró igual de solvente ella sola al piano. Otros que regresan, Elefantes (Premio Global de la Música Aragonesa), ofrecieron una imagen correcta pero quizá no acertaron con el tema interpretado, una tanto plano, a pesar de la presencia de Ana Muñoz (Premio a la Mayor Proyección) les acompañó. La propuesta de Dr. Loncho, (Mejor EP) a pesar de rodearse de una completa banda con vientos y percusión incluidos, no acabó de funcionar.

Si las actuaciones resultaron variadas, lo mismo sucedió con el reparto de premios. Lo más parecido que hubo a un ganador del evento fue Pecker, que se llevó a su casa el de Mejor Vídeo (compartido con su mujer María Tresaco) y Mejor Directo. Ambos totalmente merecidos sabiendo que el oscense se caracteriza por su afán de sorprender al público tanto en su puesta en escena como en sus piezas audiovisuales. El resto del palmarés, pues de todo: viejos rockeros que se resisten al paso del tiempo (Las Novias, Mejor Canción), bandas experimentales difícilmente vendibles en grandes emisoras de radio pero con una propuesta fascinante (The Fractal Sound, Mejor Producción), pop imperecedero (Tachenko, Mejor Grupo), un rocanrolero incansable (Cuti, Mejor Solista)… Sin desentonar con el ambiente de indignación que se respiraba, destacó el otro Premio Especial, a la Asociación Aragonesa de Radios Libres, que en su discurso apeló a libertad de poder crear espacios de comunicación alternativos.

La gala estuvo bien conducida por Virginia Martínez, aunque siempre la preferiré en los momentos de improvisación: en todo momento sabe salir bien parada. Se intentó realizar una ceremonia variada y amena y a ratos funcionó muy bien, pero jugó en su contra el hecho de que al final se alargara más allá de las dos horas y media. El problema ya no es que los ganadores se enrollen en sus discursos, sino que también lo hacen los entregadores de premios (y eso que algunos estuvieron espléndidos, como el ya citado Chema Fernández o los Starkytch Pinchadiscos) y el ritmo se resiente. Pero como puntos positivos hay que destacar que técnicamente está cada vez más depurada, su innegable intención de sorprender al público (al que también hay que agradecer que cada vez acuda más arreglado al evento) y la capacidad de no repetirse respecto a otros años.

Arrancaba el texto hablando de Wert, ese personaje que estuvo en mente de los asistentes durante buena parte de la ceremonia, pero hubo dos nombres más que estuvieron omnipresentes en la sala: Bunbury y Sergio Algora. El ex Héroes del Silencio, tanto por devoción como rechazo, es innegable que hoy por hoy se mantiene como la gran figura de la música aragonesa. Lo de Algora es otro tema. No habrá vendido millones de discos, pero cada vez que se pronuncia su nombre se dibuja una sonrisa en quienes han escuchado su maravilloso mundo musical. El homenaje de Pedro Vizcaíno que le hizo hace cuatro ediciones, disfrazado de abeja, ya forma parte de la historia de estos premios y de la música de Aragón en general.

La noche de los aplausos, de las palmaditas en la espalda, de los abrazos, de qué amigos somos y cuánto nos queremos, de a ver si nos vemos un día de estos y echamos unas cañas, ya ha terminado. Ahora toca un año de lucha y de trabajo duro diario para sacar adelante esta industria, en la que tienen que remar juntos músicos, promotores, dueños de salas, ilustradores, productores, sellos discográficos… Ya hemos sufrido muchas crisis y está muy bien eso de protestar, y mostrar disconformidad, pero ahora toca buscarse la vida y trabajar, como expresó Sergio Vinadé al recoger su galardón. Está muy bien eso de que te otorguen un premio, pero luego no servirá de nada si no existe un esfuerzo constante y aprendemos a ser críticos con nosotros mismos y también aceptar criticas de fuera. Sólo conociendo los errores, enmendándolos y evitando  la autocomplacencia se podrá desarrollar un entramado musical sólido.

Texto: Jaime Oriz – Fotos: Ángel Burbano.

Antón García Abril, Sergio Falces y David Chapín
Antón García Abril, Sergio Falces y David Chapín

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