Sábado, 19 Agosto 2017
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Calavera. Foto: Jaime Oriz

ENTREVISTA: CALAVERA. Por Jaime Oriz.

Calavera. Foto: Jaime Oriz
Calavera. Foto: Jaime Oriz

 

A finales de abril, Calavera presentaron su nuevo trabajo, “Quebranta”, en el Teatro de la Estación y la respuesta no pudo ser más positiva: lleno absoluto y un público entregado y más que satisfecho. Todo un logro para un grupo que prácticamente acaba de nacer. Calavera lo formaron los ex Limnopolar Alejandro Ortega e Ignacio Pérez y ya han publicado una primera demos con dos canciones y un Ep con Eric Pollar de Actual Wolff, con el que estuvieron de gira por toda España. Para conocerlos un poco mejor nos contesta, Alejandro, cantante, guitarrista y compositor de la banda.

¿Cómo vivisteis el concierto los miembros de la banda?

Contentísimos por la gente, por la aceptación que hubo. La verdad es que no nos lo esperábamos

¿Y a qué creéis que es debido este repentino éxito?

Lógicamente, los amigos y familiares siempre están allí apoyando, pero lo curiosos es que, en el fondo, no vinieron muchos. Así que no sé. Sí que acudieron muchos conocidos a los que le gusta la música. También supongo que vinieron las personas que han escuchado las primeras canciones y les ha gustado. Parece ser que existe una expectación y nos hace sentir muy bien.

¿Crees que puede ser porque la gente se quedó con ganas de más Limnopolar?

Tal vez. Habíamos hecho bien las cosas y existía gente que nos seguía. Fue una cosa un poco rara. Pero ya valía de pasarlo mal.

¿Qué es lo que pasó en el grupo para llegar a esa situación?

Cosas personales. Se había vuelto un infierno todo lo que tenía que ver con la banda. Era una locura. Se parió como una democracia de cinco miembros y cada uno quería una cosa. No es que no remáramos en la misma dirección, sino que había gente que echaba el ancla. Eso causó malos rollos.

Creo que lo dijo Bruce Springsteen en una entrevista: en los grupo de rock no funciona la democracia…

Por mi experiencia, ha sido una locura.

¿Del pasado que habéis mantenido en Calavera?

Quieras o no, el alma de las canciones. El resultado aún tiene algo en común, pero está pensado desde otro punto de vista. Digamos que Limnopolar era el más difícil todavía. Teníamos muchas referencias demasiado inalcanzables para nuestra técnica. Queríamos más, pero ahora ya no perseguimos eso. Buscamos algo más simple, pero no sencillo, que llegue a la gente y emocione.

Pienso que ahora apostáis más por la melodía, pero tampoco os apartáis tanto de vuestro orígenes en los directos, sobre todo por las guitarras.

Es que dos de las tres guitarras que había en Limnopolar están en Calavera y, quieras o no, eso se nota. En el fondo no buscábamos tanta ruptura, porque la esencia sigue. Nuestra personalidad es así. Huimos de otras cosas…

¿El año sabático en el que te retiraste de la música fue por esos motivos?

Sí, porque estaba muy desilusionado. Yo trabajo en mis cosas, pero mi única obsesión y pasión es la música. Yo me vuelco, doy el 100%. A mí me afectó mucho dejar el grupo, porque era una parte fundamental de mi vida. No tenía ganas de ni ver conciertos, pero después noté que lo necesitaba.

¿Qué te animo a volver a la música?

El amor que siento hacia ella. Me aleje de los miembros del grupo, pero en verano empecé a retomar el contacto con Ignacio, y me di cuenta que con él me siento my cómodo, nos entendemos. También hice cosas con Ana Muñoz. Le enseñé a Ignacio lo que había preparado y le gustó. Al poco nos salió la oportunidad de telonear a Eric Pollard y eso me animó mucho porque no podía desperdiciar esa oportunidad.

¿Ese año apartado, te hizo ver la escena musical de otra manera, más crítico?

Me aparté completamente y no puedo opinar de otras bandas.

¿Cómo surgió la colaboración con el batería Eric Pollard?

Edu Perez, de Bombo y Platillo, sabía que estaba por mi cuenta y me dijo que buscaba a alguien para que telonear a Actual Wolf en España y Portugal. Fue genial, una pasada. Valladolid, Leon, Pontevedra, Oporto, Valencia, Barcelona… Ahora somos amigos. La experiencia de tocar todos los días es enriquecedora. Casi dimos más conciertos en esa gira que en toda nuestra etapa de Limnopolar. Salas de todo tipo, casa, bares… Lo más importante es que aprendimos de una persona que vive de la música y que es una maquina, que hace conciertos todo el año.

¿Qué es lo más importante que aprendisteis?

Estar dispuestos a tocar en cualquier lugar y público. Hubo una noche que vinieron dos personas a vernos, y era una de la sala mas grandes. Unos conciertos fueron mejores, otras peores, pero hay que disfrutar. A Eric le empezaron a gustar las canciones, nos grababa con el iPad y nos ofreció grabar un Ep, aquí en Zaragoza. Fue sencillo: Javi Roldón, de Vacuum Mastering, nos dejó un ocho pistas analógico y nos metimos en un local. En tan sólo un día nos grabó en directo y el tocó la percusión. Es muy disciplinado, no paramos ni a comer y eso que estaba de gira por España.

En vuestro directo noté bastante influencia de Low, sobre todo por la intensidad, ¿lo ves así?

Son influencias. Todo lo que vamos escuchando va saliendo de alguna manera. Ojalá hiciéramos algo parecido a Low. Eric empezó en Low también y si que nos metió una percusión de ese estilo. De todas formas, las cosas han cambiado desde que tenemos a un batería y un bajista en la banda, a mejor.

¿Son acompañantes o son miembros ya oficiales de Calavera?

Ahora somos cuatro. Lo bueno de este formato es que si tenemos que tocar en acústico los dos solos, por motivos económicos, podemos hacerlo. Nuestras canciones se pueden llevar a ese terreno fácilmente. Pero en la música que nos gusta tiene mucha importancia el bajo y la batería y los queríamos meter. Sin hacer una cosa muy distinta, hemos mejorado nuestro sonido. Ivan (batería) e Isaac (bajo), de Kyoto, fueron los primeros que teníamos en mente. Siempre hemos tenido mucha afinidad con ellos. Además, las influencias son parecidas, no se cierran nada y tienen un sonido muy propio.

¿Por qué habéis apostado por un Ep?

Nos parece más cómodo. Pero para nosotros, “Quebranta” es un disco. Nuestra intención es sacar discos de cinco o seis canciones y Eps de dos. Por qué de un LP de diez canciones, ¿cuántas son buenas? Lo importante es que el oyente las escuche todas y bien.

Me llamó la atención cuando escuché vuestra primera maqueta que sonabais muy acústico. ¿Era la intención o el sonido ha evolucionado de una manera natural?

Era acústico porque no teníamos por entonces más medios, pero sí que estaba la idea de incluir más instrumentos.

También estáis dando mucha importancia a la estética de la portadas.
Realmente es de Erica Fustero, Álvaro se encargó de colorear y del póster interior. Nosotros teníamos claro que queríamos sacar algo físico, el diseño y demás fue idea de los artistas. De esta manera das más valor a las cosas. Como no teníamos dinero, el primer Ep lo hicimos con cartulina; “Quebranta” lo mandamos fabricar, pero es papel plegado y es mucho mas económico.

¿Cómo fue la grabación con Hans Krüger? ¿Fue muy diferente a la de Eric?

Nos decidimos por Hans Kruguer porque nos gustaba el sonido que sacaba. Además, Ivan e Isaac lo conocían porque con Kyoto habían grabado un par de veces y eso nos  convenció. Lo de Eric se resolvió en cuatro o cinco horas, pero en esta ocasión, las condiciones resultaron mucho más óptimas.  Como disponíamos de poco dinero, lo grabamos en directo en dos días, en el salón de la casa de su madre. Le quisimos dar más importancia en las mezclas, que es lo que nos recomendó él. Como es como podíamos sacar más partido al resultado, nos pegamos cuatro días en ello. Y aún así, nos quedamos un poco cortos.

Parece que vuestro sonido está de moda ahora, ¿creéis que tenéis un público potencial al que podrías llegar?

Yo no quiero llenar estadios, busco una actividad de conciertos, que no tengamos que apostar todo nuestro dinero para grabar un disco, que podamos realizar un videoclip… Lo que queremos es ganar un sueldo normal y vivir de la música. Y sí que es verdad que pienso que con este grupo podemos llegar a más público que Limnopolar, que tenía muchas cosas en contra para salir de aquí. Las canciones eran muy largas y la gente ahora no tiene paciencia. No hacemos música para gustar a la gente, pero sí que creemos que son más accesibles, fáciles de escuchar.

¿De las letras quién se ocupa?

Ignacio y yo. Normalmente yo saco una idea y una melodía con una guitarra, sin nada de letra. Ignacio coge sus guitarras y buscamos una temática que nos inspire. Y ahora con grupo seguiremos con este sistema. Quién sabe, igual viene Isaac o Iván con una idea que mola y la usamos, aunque yo creo que están encantado de seguir las pautas que les marcamos.

¿Y cuál es vuestra relación con Ana Muñoz?

Cuando grabamos el Ep, antes de salir de gira, nos faltaba la letra de “Topografía” y nos la hizo ella. Para el resto de canciones también nos apoyó en el estudio.

También has colaborado con Mister Hyde. ¿Existe sensación de apoyo entre diferentes bandas?

Yo produje su último disco, pero fue una cosa puntual. Pero sí que se ve esa sensación en estos momentos, sobre todo con los que compartimos intereses. El recopilatorio de Zaragoza Feliz Feliz también ha ayudado a conocernos más.

Parece que últimamente existe en Zaragoza un boom de grupos nuevos, ¿crees que se ve igual desde fuera o nosotros lo vivimos así, en un micromundo?

Sí que es verdad que hay una gran hornada, con mucha calidad. En el mundo de fuera ven a Bigott Tachenko Bigott, Amaral, Violadores y poco más. Pero es que esta ciudad tiene sus limites. Nosotros publicamos canciones pero, ¿cuánta gente lo escucha? ¿600 personas? ¿Nuestros amigos de Facebook? Es una lástima, pero hasta que un sello o discográfica se fije en nosotros, poco podemos hacer. Y ese es nuestro objetivo. No queremos quemarnos en Zaragoza. Ahora, de momento, con el disco recién sacado, queremos moverlo, enviarlo a gente que nos puede ayudar. Después de verano, si alguien se ha fijado en nosotros, lucharemos. Si no, pues también empezaremos a tocar fuera y dar que hablar.

¿Crees que la oferta y demanda de Zaragoza está ajustada?

No nos podemos quejar ni de la calidad de los grupos de Zaragoza, ni de los promotores. Pero no puedes hacer más, no podemos obligar al público a acudir. Es fácil conseguir un concierto, pero no queremos tocar mucho porque no puede ser bueno. Tampoco para las salas.

 

Texto y foto Jaime Oriz.

 

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