Domingo, 20 Agosto 2017
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Kenny Garrett. Foto: Jaime Oriz

CRÓNICAS. KENNY GARRETT. Sala Multiusos, 9/11/14. Por Jaime Oriz

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Kenny Garrett. Foto: Jaime Oriz

No sin esfuerzo y a contracorriente, la última edición del longevo Festival de Jazz de Zaragoza finalizó de manera exitosa: más de 2.000 personas distribuidas en cuatro jornadas. El número de asistentes, fieles y entregados, avala un evento que necesita un empuje para recuperar el brío de ediciones pasadas. Es necesario. Como cierre se recurrió a un viejo conocido y valor seguro, que no defraudó: Kenny Garrett, una figura completamente respetada por sus propios logros, pero que siempre será recordada por haber formado parte de las bandas de los legendarios Miles Davis y Duke Ellington.

El quinteto liderado por Garrett, completado por Vernell Brown (piano), Corcoran Holt (contrabajo), McClenty Hunter (batería) y Rudy Bird (percusión), no ofreció un arranque amable y durante algo menos de una hora dio rienda suelta a su faceta más libérrima, con largos desarrollos en los que no faltaron los lucimientos de cada uno de los músicos, con el pianista protagonizando uno de los momentos estelares. Aún en los momentos free jazz ninguno de los instrumentistas escaparon al férreo control de un Garrett tan concentrado como cómodo en su papel de estrella. Se reservó para él los últimos momentos de este tramo en los que, abandonado a su suerte, contoneando la cadera y con las luces al mínimo, exprimió hasta el límite su inseparable saxofón y las entrañas del público. Silencio. Aplausos.

Ya entrado en calor y completamente convencido de que tenía todas las de ganar, ofreció una larga recta final en la que el bebop que tan bien domina se difuminó con sonidos africanos, tanto por arreglos como por una trepidante polirritmia (el trabajo del batería fue encomiable), latinos y funk. Tampoco olvidó regalar unos bellos minutos propios de un club nocturno de jazz, en los que tan sólo se echó de menos (sólo por esta vez) el humo de los cigarros en el ambiente. Para el final dejó esa irresistible pieza cargada de groove llamada “Happy people”. Un público entregado le agradeció de pie y con una fuerte ovación las dos horas y diez minutos de espectáculo. Ojalá los aplausos lleguen bien lejos, a oídos que pongan cartas en el asunto y se mojen para crear una programación adulta y seria en Zaragoza.

Texto y fotos: Jaime Oriz

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