Sábado, 19 Agosto 2017
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MAIKA MAKOVSKI en Zaragoza

CRÓNICAS: Maika Makovski. Las Armas, Zaragoza. 4/6/15. Por Stabilito, D.

Hay noches que dejan posos, retazos, trozos de armonía compartida, gestos. Hay noches que dan frutos, que fecundan ideas, que reflejan estados de ánimo. Curiosamente, todas esas noches tienen banda sonora, tienen protagonistas, tienen historias que contar. La noche del jueves fue una de esas, el escenario del CMA Las Armas fue el epicentro del mundo durante una hora y cuarto. Centenares de afortunados llenaron el recinto para presenciar un experimento que lleva consolidándose año tras año, artista a artista. Y es que la LIPA (léase con acento de sir) lleva recorriendo la península un tiempo con la compañía de artistas como Marc Parrot, Jairo Zabala o Julián Maeso. Para este curso escolar se eligió la presencia de Maika Makovski y lo que puede parecer un gran acierto se convierte en un tremendo error. Me explico; la presencia de la mallorquina deja en un segundo plano a cualquiera, ella no se come el escenario, lo devora.

Por eso brillaron los alumnos de la LIPA, por saberse mantener en la sombra enriqueciendo el talento de la artista, genio y figura. Por supuesto el acompañamiento fue sobresaliente, bajo y batería como un reloj suizo, un guitarra con gusto, un teclista apañado, un saxo interesante y una corista cumpliendo con el papel. El resto, Maika Makovski en estado puro. Canciones como Friends, The bastard and the tramp, Language, When the dust clears, Number o Vulnerable que hablan por sí mismas.

Atrás quedan las comparaciones con PJ Harvey o cualquier figura femenina del rock, Makovski vive cada acorde, cada susurro, lo hace suyo y lo convierte en un mensaje atrayente, sensual para cualquier oído y cualquier aplauso virgen. Salma Hayek danzando con la serpiente en La Teta Enroscada, Axl Rose haciendo su Snake Dance, Sade invitándome a su habitación, Serge Gainsbourg camelándose a Whitney Houston y un sinfín de imágenes más o menos potentes pero que inciden en la pasión, en el pelo enredado y en la erección del alma. Eso es Maika Makovski, esa es su obra, la cual no entiende de géneros ni edades pero si de garantía de calidad.

Si al desborde enérgico le añades un final apoteósico con la hipnótica Lava Love y un bis memorable con Song of the Distance (servidor ya la tiene grabada en la retina como una de las mejores interpretaciones que ha vivido en un concierto) finiquitas una de las noches de las que divaga al principio de esta crónica. “Qué difícil es hacer buenas canciones” me decía mi amigo Alex Elías durante el concierto. Yo ahora puedo decir: “Qué fácil es disfrutar de buenas canciones” y me quedo tan ancho. Gracias Maika. Gracias Paul.

Texto y fotos, Stabilito, D.
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