lunes, 18 diciembre 2017
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Xoel López

CRÓNICAS: XOEL LÓPEZ. Las Armas, 13/11/15. Por Stabilito, D.

Difícil, muy difícil escribir la crónica de lo acontecido ayer en Las Armas. No por la calidad del concierto ofrecido por Xoel López que fue magna, más bien por lo que nos encontramos al llegar a casa. La miseria humana en su máximo apogeo. Ante el odio, el amor y junto a él la música, y esas son las sensaciones que nos dejó el gallego a su paso por Zaragoza, esta vez con la compañía de su banda, seis músicos reconocidos y reconocibles del panorama nacional (Miguel Rivera, Chapo, Lola Garrido…). Hablar de Xoel López es hacerlo de un artista universal, un viajero sin clase de turista, un hombre que se nutre de todo lo bueno de cada cultura. Reflejo de ello sus dos discos, Atlántico y Paramales, un recorrido a través de los continentes hecho con el mimo del que quiere volver a todos y cada uno de los sitios que ha recorrido.

Las Armas con un Sold Out como hacía tiempo que no se veía, había ganas de cantar y bailar canciones como Patagonia, El hombre de ninguna parte, Ningún hombre, ningún lugar, Caracoles, Laberinto o Tierra (si hay una canción perfecta aquí la tienen). Y la banda rodaba entre percusiones caribeñas, coros africanos y guitarras sureñas. Como si Paul Simon hiciera un Graceland en cada punto del mapamundi. La audiencia, sin reclamar a Deluxe (y eso que cayeron Reconstrucción e Historia Universal –El amor no es lo que piensas-) y con ganas de corear y danzar al son  de cada acorde. Hubo tiempo para la psicodelia, A Serea e o Mariñeiro o los quince minutos de El Asaltante de Estaciones (Improvisar un poco es necesario) y para el rock, Sol de Agua o Un año más.

Mención aparte para la interpretación de La casa hace ruido cuando no estás en la que Xoel y Lola, pegados como siameses, dejan claro que un matrimonio artístico funciona mejor que cualquier empresa. Final de fiesta, todos llevados a bailar entre piedras y arena mojada. Xoel López es necesario a todas luces, es el istmo que nos une a cualquier punto del planeta, es una voz verdadera que se quiebra y que vuelve con fuerza cuando menos te lo esperas, su banda: un regalo. Dejemos que la música sea la que marque nuestros pasos en el futuro y obviemos al odio. “A los monstruos no mirar” querida Lisa.

Texto y fotos, Stabilito, D.
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