Sábado, 25 Febrero 2017
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GRABACIONES: Crisálida. Sol de medianoche (Siamm, 2016). Por Stabilito, D.

Son Crisálida uno de esos grupos que resisten al paso del tiempo y de las tendencias a base de constancia, de mimo, y sobre todo, de la paciencia necesaria para la creación de canciones. Y es que a pesar de tener el rock americano como credo, los zaragozanos son un grupo de canciones, de los que en estos días de freestyle y de movimientos de caderas insípidos son de obligada mención. Sol de Medianoche reúne un puñado de composiciones de las que acompañan al oyente en algunos de sus momentos biográficos, 3 cigarrillos, dos balas y un solo dios es uno de esos claros ejemplos, una producción impecable (cortesía del propio grupo y de Xavi Estivill) en la que todos los elementos luchan por el bien común, el del himno, guitarras y coros en la orgía del crápula nocturno. Sonido Skynyrd y un estribillo de los buenos. Empiezan bien.

Ella continúa la senda del guitarrazo más Townshend y la batería reminiscente de Free, un medio tiempo sensual en el que el hammond de Raquel Alonso se antoja necesario. Music es la gran sorpresa del disco, juguetona y deliciosa como la voz de Cris Alonso que debuta como voz principal en un tema de Crisálida, y lo hace con guiños a la gran Aurora Beltrán, a Laura de los Garaje Jack y a otras grandes voces femeninas del panorama rockero nacional, está a la altura. El country tiene presencia en el disco con el corte que mantiene el concepto del disco en primera plana, El Jinete Eléctrico, la banda viaja al lejano Oeste actualizado para ofrecer uno de sus clásicos inmediatos que continua con la festiva Un Romance Fluvial (El Monstruo de la Laguna Negra) en la que, ojo, participan el Gran Bob (armónica) y Cuti Vericad (banjo), y el folk frenético invita al baile y a la fiesta, gracias en parte al “curro” de Diego Sangrós en el bajo y Santi Aguado en la batería.

N marca el momento álgido del disco, quizás la mejor canción del disco, la más visceral pero también la más pausada. Y es que cuando se crea música desde el sentimiento, desde la pasión solamente se puede ganar y dejar a un lado los retazos robados por algún ser inerte y sin compasión. Una balada digna de aparecer en recopilatorios, documentales o biblias paganas. La Cabaña marca el camino del final, con un eterno slide marca de la casa de Luis Esteban y el ritmo trotón típico de las composiciones de paja en la boca y porche en quietud. El universo lírico de Alejandro Castro se ve reflejado a la perfección a lo largo de todas las letras y, especialmente, en Yo (y mis circunstancias) y The End, los temas que finiquitan Sol de Medianoche. En el primero cuentan con la colaboración del gran Óscar Carreras al teclado en un rock clásico que recoge una de esas frases que marcan: “Me gusta verte así, bebiéndome”. El segundo, The End, cierra el larga duración (aunque habría que mencionar las magníficas Intro/Sol de Medianoche – en la que cuentan con Alberto Milagros en el saxo -y Outro/Mare Crisium) con reminiscencias a Bowie, a Orbison, a Reed, a los FabFour o a cualquier alma que se haya dejado la piel en esto de la música. La balada de la eterna despedida y el telón de cierre y aplausos.

Sol de Medianoche se antoja como el paso definitivo de una banda que se ha cerciorado de la importancia que tiene la música en nuestras vidas. Crisálida y sus canciones nos hacen ser mejores personas. No lo duden, disfrútenles, los tienen a mano y pueden salvarles la vida o meterles en algún problema de esos que cuentan los viejos a sus nietos con lágrimas en los ojos.

Stabilito, D.
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Portada del álbum

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