Lunes, 29 Mayo 2017
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Portada de Siempre hacia delante, de Jesús Viñas
Portada de Siempre hacia delante, de Jesús Viñas

GRABACIONES: Jesús Viñas. Siempre hacia delante (Autoeditado, 2016). Por Stabilito, D.

Suena el timbre, diez minutos más tarde de la hora marcada. Es comprensible, Zaragoza y sus aparcamientos. Es la primera vez que afronto una reseña de un disco con el culpable, frente a frente. No será la última. Me he propuesto conocer hasta el último entresijo de la obra, los errores, las musas, etc. Conozco a Jesús desde hace unos cuantos años, es de distinta generación y eso lo noto y no evito que se note, no sé si me explico. Tal vez mi complejo de músico errático e impostor haga que mire a los verdaderos expertos con cierto recelo. Diferentes puntos de vista, supongo.

Jesús Viñas no llama al timbre, lo hace golpeando tímidamente la puerta, algo extraño en alguien que es un verdadero tornado, para lo bueno y para lo malo. Jesús es un cúmulo de emociones en un frasco delgado, casi esmirriado pero lleno de energía. Es un diamante pulido con ganas de ser conocido y reconocido. Un abrazo, un golpe en la espalda, un saludo y un “hace mucho que no coincidimos”, reconozco que poco a poco me he ido alejando de la noche y de sus vicios. Dos cortados y un poco de nervios ante mi nuevísima situación. Se acomoda en mi sofá y saca dos discos, uno para mí y otro para regalar a quien me plazca, sabia maniobra de marketing, ojalá hubiera pensado lo mismo en su día, me habría ahorrado alguna que otra caja en la mudanza.

Jesús Viñas ha acudido para escuchar junto a servidor su primer disco firmado como él mismo. Algo que me lleva a creer que ha tenido todo el peso en la obra, primer error. Se ha rodeado de dos escuderos totalmente compatibles. Por un lado tenemos a Álvaro Aragüés en la producción musical (también en el asunto de las guitarras), de él me cuenta que siempre ha tenido la penúltima palabra, que ha hecho la selección de las seis canciones que forman Siempre hacia delante y que ha sido el Gran Hermano que todo lo observaba. Por el otro lado está Mapi Pérez, joven diseñadora-ilustradora-personadelrenacimiento que se ha encargado de todo el tema de ilustración y maquetación, digno de aplauso y que nos sumerge en el mundo de Jesús Viñas quien con 25 años parece que lleve toda una eternidad en esta cambiante escena. Habla de cómo fue a casa de Mapi a tocarle las canciones y de cierta conexión cósmica espacial. Cosa de artistas, cosas de aristas.

Hablamos de “Hacia delante” y de Standstill y su “hacia adelante”, tendría que profundizar con Ana Muñoz sobre lo correcto y lo incorrecto. A mí hay palabras que se me alejan poco a poco. Me cuenta lo presentes que ha tenido a Jamie Cullum y a John Mayer en este disco y me nombra a Antilópez, a los cuales tendré que echarles algún que otro oído. Pero en todo el discurso de Viñas aparece Álvaro Aragüés como el principal cómplice. Cuenta que en Luna Nueva siempre le tratan de lujo pero que no le dejan afinar su voz, que solamente está contento con la mitad de las voces del disco en lo que a mí se me antoja como un ataque de falsa modestia, Jesús canta y afina siempre bien, maldito sea. Pretendía que le exigieran un puntito más en la grabación. ¿Se imaginan a un alumno pidiendo al profesor que le ponga un examen más difícil? Creo que estoy en otra Liga. Hablamos de mis alumnos y del eterno discurso de ir a por el diez y quedarse en el siete. Ve a por el infinito y tráeme una estrella, aunque sea muerta.

Jesús me habla de la importancia que ha tenido la lírica en este EP, como si yo fuera alguien a la hora de juzgar cualquier texto. “He madurado” dicta, pero creo que quiere que salga de mi boca. En ocasiones hace falta ayuda externa para encontrarse a uno mismo, y con la conversación creo que de eso mismo va este Siempre hacia delante. Es cierto que la verborrea de Viñas ha mejorado y que acordarse de Ceratti o de Calamaro no riñe con tener en mente a Coltraine. También es cierto que mi juicio está atrofiado por gente como Montefusco, Ferreiro o Dylan (quienes por cierto han coincidido en mi cadena musical y le han puesto un punto de dificultad al alumno como éste requería). Le pregunto sobre la situación personal que ha rodeado a cada canción y me habla de un Erasmus totalmente distinto al que concibo. Fuera de fiestas, de alcohol, de sexo y de eternas resacas, el Erasmus de Jesús estuvo lleno de soledad, como si de una canción de Amaral se tratara. Con 24 años y un cuarto de siete metros cuadrados, sin un círculo de confianza y en un país tan raro  y lleno de rarezas como Francia debe salir algo bueno. La mayoría de canciones, confiesa, salieron de esa época.

Claro, luego sale Cuti en un prólogo y debe cambiar el discurso. Y como él dice, se siente viejo y honrado, porque el músico aragonés siempre está necesitado de altas dosis (merecidas) de aplausos. Pero nuestro propio carácter hace difícil el coito final. Quiere nombrar a Sopeña y a Cebrián como referentes, pero sinceramente a mí se me escapa cualquier guiño, al menos en este disco. Da igual, ambos son genios, contingentes y necesarios. Inserto el disco en la cadena y subo el volumen al 22, no quiero perder detalle, sería injusto teniendo al artífice a un metro de distancia. Último Trago abre el EP con una acústica deliciosa, me cuenta que se enamoró de ella cuando trabajaba en Zingla vendiendo instrumentos y que tuvo que apodarse de ella y consumar el acto. El tema de corte pop habla de la chica que te falta por conocer, de la canción que falta por componer y que deja siempre preguntas sin respuesta. Sin duda la forma contenida de cantar es perfecta para el estilo. Tres minutos y medio y perfecta canción para la radio.

Creo en ti es la canción necesaria en el disco, es la que debe sobrevivir ante un ataque zombie y la catarsis nuclear que nos espera. El creador tiene doble personalidad, algo presente en las seis canciones. Dice que la compuso tirado en el suelo de su habitación, lloró, como lloran los valientes. Una canción de autoimpulso “vamos Jesús, cree en ti un poco”, haciendo el papel de mamá y papá y puede que el de la abuela sin criterio de confianza. La canción suena un poco a Xoel y tiene un punto brillante en el puente. Una guitarra muteada que tengo que escuchar hasta cuatro veces porque es una delicia. Jesús, sin darse cuenta hace un karaoke sobre su propia canción imitando los coros de Alba Bau con quien ya coincidió en su etapa de Gran Carvin.

Siempre hacia delante está hecha para comandar la grabación y lo hace sin fisuras. A estas alturas ya reconozco que este disco es una autoayuda para Viñas, si nadie me ayuda me ayudo yo. Mi abuelo siempre decía “que cada perrico se lama su cipotico” y tenía más razón que un santo.  Tiene un toque latino que hace que de repente Chayanne me venga a la cabeza y sonría, Jesús no sabe por qué y no se lo comento. Él mueve las manos imitando una batería y ríe cuando le digo que es una canción de él para él. Me habla de la sombra prolongada de los ex amantes y de un trágico puente Alemania – Francia que destruyó una relación, una de tantas.

Conmigo hasta el final abre la segunda parte del EP, a mí se me queda cojo, “puede ser” me contesta pero no le veo convencido del todo, él está orgulloso y es así como debe estar, que le importen una mierda mis palabras y las de los demás, así le irá genial. Es un tema que ya tocaba con Los Chicos Voodoo y con Gran Carvin. Lo noto a la primera, está poco maduro comparado con las tres primeras pero tiene una parte final deliciosa, una coda que empalma con la intro y deja buen sabor de boca al oyente. Primavera retoma la senda correcta, “coño, Amaral” aludiendo a la harmónica y a la soledad. No. Es una amiga francesa, una de esas rebeldes antitodo de las que es imposible no enamorarse, él también cayó, ella no. Le pregunto si ella ha escuchado la canción, me dice que se la tocó en directo y que algo pilló. Por fin encuentro una segunda persona en el disco, hay vida aparte de la de Jesús en el mundo de Jesús. Siempre se necesita una mano amiga para levantarse y aunque sea un sueño onírico u onanista, ayudar ayuda. Cenizas cierra el disco, una canción que no me termina de convencer por la confrontación negativa-positiva a lo largo de la canción. Me llevo muy mal con la esquizofrenia, los que me conocen bien ya saben el porqué. El tema comienza triste, abajo, pero muy bien cantado. Un blues normalizado, una retrospectiva del año en Francia, dónde está ahora y dónde estuvo ayer. Hablamos sobre la estética del tabaco, a pesar de no fumar la imagen tiene una fuerza del copón. Piensa en ti, me dice (me digo), no eres el centro, sigue hacia delante, joder. Sus piernas están cruzadas pero no denoto nada de nerviosismo. Está contento con su obra y lo hace saber.

A estas alturas y con el disco finalizado me vuelve a comentar que no está contento con las voces y me vende el concierto del sábado. Va a ser El Concierto, no va a haber ningún otro mejor. Le comento que no puedo ir, que me he alejado de la noche y que lo va a tener difícil para vender el resto de conciertos. “Esto es lo mejor que he hecho hasta el momento”. Suena a órdago. Casi sin tiempo la conversación nos lleva a Rock Camp, a niños tocando la discografía de The Doors, a niñas cantando Kinks y The Who. Un escalofrío recorre mi piel, hay futuro. Por último hablamos de Guille Martín y su mezcla desde L.A. Allí le va muy bien y me arrepiento de no visitarle y conocerle cuando mi culo recorrió esa infernal ciudad. Siempre apoya a la ciudad. Así es Jesús Viñas y su Siempre hacia delante, un grito de socorro que espera ser recogido por algún guante amigo. La puerta se cierra con un hasta pronto y me pierdo entre el innumerable montón de ropa que espera a ser tendido.

Stabilito, D.
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