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Cinco años sin Roscón Rock: que nos quiten lo ‘tocao’

Hoy se cumple un lustro sin Roscón Rock, el evento musical que llenó de reivindicación el Paseo Independencia de Zaragoza y las plazas de su Casco Histórico durante una década.

Hoy cumplimos todo un lustro sin Roscón Rock. Cinco años sin un día de San Valero, festivo en Zaragoza y en el que es tradición comer roscón, con plazas y calles céntricas repletas de música en directo como arma pacífica reivindicadora. El Roscón Rock partió de la iniciativa de diferentes músicos rockeros, y no rockeros, de Zaragoza y en asamblea se votó su nombre. Se realizó en pleno ‘espíritu ACMMA’, por ponerle un nombre a lo que en esos momentos estábamos viviendo no pocos jóvenes de la época. ACMMA fue una asociación fundada gracias a la unión de multitud de músicos. Realizaron distintas actividades durante, aproximadamente, tres años. Algo más que una asociación en realidad: ganas de comernos en mundo. Bocados con menos ego y más cooperación. Bajo estas líneas puedes ver algunos vídeos y fotos que prueban que sí, que el Roscón Rock fue algo más que un sueño.

Fueron, en total, diez ediciones que tuvieron lugar de 2005 a 2014. La última se realizó en silencio para llamar aún más la atención. Junto a multitud de músicos dos personas encabezaron este evento reivindicativo, ambos músicos también: Luis Bernadaus durante los primeros años y Carlos Morte tomando el testigo. En ambos casos el trabajo fue mucho más que el reconocimiento personal que recibieron, que no fue el más justo, si bien el conjunto de la iniciativa fue recogido por multitud de medios de comunicación cada año con una respuesta de público que abarrotó las plazas por la mañana y el paseo Independencia por la tarde, en este último caso formando un verdadero roscón gigante que iba, por acera derecha y acera izquierda, de plaza España a plaza Aragón. Más de medio centenar de músicos participaron cada año.

El objetivo del Roscón Rock fue desde el comienzo dar visibilidad al panorama musical aragonés. Principalmente a los músicos. Esta idea iba lanzada hacia instituciones públicas, obvio, pero también hacia medios de comunicación públicos y privados, centros cívicos y culturales, academias y centros educativos, salas de conciertos, tiendas relacionadas con la cultura y, por supuesto, al público. Personas que no tocábamos en grupo alguno pero que teníamos relación con la música también participamos de cerca colaborando de un modo u otro en una iniciativa tan poco común como bien secundada.

Esta jornada pasó a ser habitual entre los viandantes zaragozanos que disfrutaban de los conciertos pero, en demasiados casos, desconocían la finalidad reivindicativa del acto. Para intentar evitar este hecho se repartían folletos informativos y las bandas participantes comunicaban desde sus respectivos micrófonos el por qué del Roscón Rock. Para que las baterías no se moviesen se colocaban mantas en el suelo y así pasó a llamarse cada ‘escenario’: manta. Incluso el de plaza España ocupado por colectivos de DJs. Digo escenario pero las formaciones tocaban a pie de calle; esa era la gracia. Así cada grupo ocupaba una de las mantas, o espacios disponibles, junto a una toma de corriente de la que se encargaba año tras año el Ayuntamiento de Zaragoza. También colocaba vallas. El consistorio, como señalaba la organización siempre, no organizaba, y así era, pero bien es cierto que colaboraba muy activamente. Junto a las mantas, otros elementos característicos del Roscón Rock fueron siempre los guantes de lana sin dedos. El frío requería de guantes pero, claro, un músico suele requerir, a su vez, de los dedos desnudos para sacarle sonido a su instrumento.

Ver a bandas de música unidas por una o mil causas no ha sido lo más común por estos lares. Nos lo decían ya entonces ‘los mayores’ del panorama musical aragonés y lo hemos ido comprobando con el tiempo los jóvenes de entonces. Un año se unió a la reivindicación, incluso, el dúo Amaral apoyando a las nuevas generaciones. Por supuesto tanta unión duró lo que tardan en aparecer los conflictos y, si estos no se superan, hieren de muerte cualquier proyecto, por bonito que este sea. Fueron, eso sí, tiempos bonitos. También es cierto que disfrutar de un día festivo para el ocio particular de cada uno, ya con cierta edad, es mucho más motivador hoy para mucha gente de entonces, como un servidor, que andar temblando de frío horas y horas desde las calles. Es así.

No sé hasta qué punto todo aquello cambió de verdad las cosas. Yo diría que sí mejoraron. Y partiendo de abajo, que es el único modo de que todo avance de verdad. En cualquier caso, sirviera o no para mucho, oye: ¡qué nos quiten lo tocao!.

Por Sergio Falces

 

Ver fotos de distintas ediciones del Roscón Rock desde este link

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