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GRABACIONES: STABILITO – Vida (Autoeditado – 2020). Por Sergio Falces.

Ya ni sé el tiempo desde el cual un servidor no hace uso de esta sección de Aragón Musical para reflexionar sobre los discazos que da a luz esta tierra llamada Aragón. Esto es así, en gran parte, porque no lo voy a hacer mejor que nuestro compañero Stabilito D que, realmente, consigue que escuchemos música con la magia de, simplemente, hablar de ella. Algo altamente complicado y cuyo poder no está al alcance de todo el mundo. Llegado el momento en el que es él quien alumbra el disco definitivo de su actual etapa, no solo me veo en la obligación moral de escribir unas líneas, además me enorgullece poderlo hacer para hablar de una obra tan bien parida. Porque el principio verdadero para grabar un buen trabajo consiste en horas y horas de escuchar música. También es importante lo de ensayar, aprender a tocar más o menos bien, controlar lo mucho o poco que se pueda las labores de mezcla y producción, aunque de estos menesteres se encargue otra persona. Pero que uno se haya zampado un buen número de discos y directos, a modo de vitaminas, proteínas e hidratos de carbono es, al final, lo fundamental para adquirir tablas y ponerlos al total servicio de la creatividad.

Si hay variedad estilística en las escuchas de la música de otros puede pasar que uno firme un disco indefinible. Él lo ha conseguido; su ‘Vida’ es difícilmente encasillable. De esto de escuchar música Diego Martínez sabe pero que mucho. Y es el punto fuerte de su proyecto ecléctico Stabilito aunque, a la vez, supone su punto más débil. Escuchar tantas influencias que, finalmente, no puedas etiquetar el sonido de un epé como este es, posiblemente, lo peor que pueda sucederle a un artista. Pero, paradójicamente, resulta lo mejor para un oyente; alguien que tenga ganas de sentir todo lo que te ofrece un proyecto musical de caminos impredecibles. Más si cuenta con la excelencia creativa e instrumental de este. Por eso, gente como Diego, sacrifica los parabienes que le llegarían con una propuesta de dream pop, de synth pop, de indie, trap o de cualquier sonido alternativo que se precie, por presentarnos una obra que no pueda definirse con tan pocas palabras.

Este grabación supone un escalón más de aquel ‘La gran mentira’ de 2013. Se trata de una escultura más mimada y detallada. Hay rock, psicodelia, completa sinceridad y desnudez en alma e hígado, con canciones reflexivas de más de cinco minutos, exceptuando la que abre el cuento. Esa apertura parte desde arriba con un primer riff de ‘Benson’ que anticipa caña. Como quien acaba de nacer y necesita moverse y descubrir el mundo. Encontramos dos registros de voz en los que escuchamos especial suavidad y, repentinamente, garganta. Esos contrastes aparecen en continuos juegos de pistas que, por momentos, se quedan en un riff para, sin aviso previo, añadir mayor y menor número de intensidad. Utiliza la textura como un instrumento más.

‘Hiroshima’ parte también de una guitarra, en este caso con wah wah, como total protagonista, aunque evitando la fuerza del inicio del trabajo. A modo de energía contenida escuchamos un tema mucho más reflexivo. Descubrimos más registros en la voz, con desgarros que muestran de nuevo la gran versatilidad tanto del Diego músico como del Diego compositor. Este corte nos lleva de la mano, como hecho a posta, a ‘Un actor invisible’, el tercer tema del corto. No podía aparecer de sopetón. Llegas hasta ahí paso a paso. Vuelve a aparecer esa característica de calmarlo todo para dar protagonismo a la voz. Hay más psicodelia y mucha más reflexión. Es un disco muy reflexivo, insisto. Hay intimidades de las que cuesta desprenderse. Aquí aparecen. En cada pasaje queda impregnada la personalidad de Diego Martínez traducida a la artística de Stabilito.

‘El Miracle’ inicia sus pasos con voz distorsionada y ritmo continuo que no cambia en el transcurso de la pieza. Habla de la vida y de la muerte de modo extremadamente abierto, como resumen de lo que significa, en conjunto, este trabajo. Una historia que comienza con tanta vida debe terminar como sucede con todas las historias. ‘Funeral’ es ese final con campanas y despedida. El registro vuelve a variar considerablemente, algo que, me aventuro a afirmar, podría resultar poco comprensible para parte de un público al que le gusta que una colección de canciones suene a lo mismo de principio a fin. Y es el fin de este tema también el del disco y con ello el de una etapa de Diego especialmente creativa a pesar de haber dejado solo dos discos como legado. Trabajos que, posiblemente, resultarán más apreciados en unos años, pero que podemos admirar, sentir, disfrutar y sufrir desde hoy.

Sergio Falces
[email protected]

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