sábado, 25 septiembre 2021
El Anfiteatro del Rincón de Goya en 2006 y en 2021. Por Aragón Musical.
El Anfiteatro del Rincón de Goya en 2006 y en 2021. Por Aragón Musical.

«Desde el Rincón de Goya 15 años después». Por Sergio Falces.

Cumple década y media el reportaje del Rincón de Goya que pasamos a complementar hoy con una comparativa de reflexiones y fotos.

Justamente hace 15 años, publicaba quien escribe esto un especial en Aragón Musical sobre el Anfiteatro del Rincón de Goya de Zaragoza. Puedes consulta en este link cómo quedó. Con fotos incluidas, fue el resultado de mi último paseo a solas entre sus deterioradas piedras. Nadie lo sabíamos pero quedaban tan solo seis meses para su demolición. Recogeríamos la noticia del derribo desde este mismo portal con fotos de excavadoras haciendo su trabajo. Hoy complemento aquellos textos con una comparativa de reflexiones e instantáneas nuevas. 

Formé parte de una plataforma que luchó hasta el final para evitar aquella fatalidad. Intentamos hablar de tú a tú con un ayuntamiento que nos habló pero no acabó de entendernos. Gané enemistades que duran a día de hoy y perdimos una gran reivindicación que, de verdad, consideraba justa. En todo momento pensé, como joven luchador, que el fin del conflicto se decantaría hacia el lado de la cultura. Ingenuidad, divino tesoro.

Incluyo, líneas abajo, un vídeo en el que queda claro el antes y el después. Un recinto donde se programaba cultura y que sufría notables desperfectos esperando una rehabilitación que nunca llegaría. Lugar lleno de magia al que se dejaría morir y que desaparecería para siempre dando lugar a más naturaleza en la naturaleza. Sin una banda sonora complementaria a los pájaros. Me están entrando unas tremendas ganas de cagar.

Vuelvo a pasear por el rincón

Hoy he regresado, 15 años después, a lo que ya no queda de aquel recinto de conciertos entre la naturaleza. Paseé entonces entre unas ruinas que imaginaba podían desaparecer y hoy lo hago con todo aquello solo como un recuerdo. Sobre nada. Es muy triste.

He vuelto a reflexionar con tranquilidad sobre lo que ahora es un prado. Paso a completar, pues, con estas líneas, aquel viejo reportaje. No he podido evitar añadir a esas fotos que tiré entonces con mi cámara, las nuevas que he realizado hoy con mi smart phone para realizar una curiosa comparativa. Entre unas y otras hay una distancia de nada menos que década y media.

Pienso en lo que ha cambiado mi vida en este tiempo. Ni siquiera el Parque Grande José Antonio Labordeta que alberga el Rincón de Goya se llamaba entonces así. Por no mencionar que en 2006 no se me hubiera ocurrido, ni de lejos, que volviera en 2021 al mismo lugar, convertido en un prado, y lo haría con mascarilla obligatoria debido a una pandemia mundial. Y lo más imprevisible de todo: Aragón Musical seguimos adelante, cada vez más sabios, caminando hacia la mayoría de edad. Nunca me lo hubiera podido imaginar. Nada de esto. Nada. Nada de nada.

En la entrada

Me encuentro ya en el Rincón de Goya. En cinco años cumplirá este conjunto arquitectónico un siglo pero no se me ocurre motivo alguno de celebración. Hace muy buen día. Paseando hasta aquí me siento un extraño. Soy la única persona que no lleva chándal. Hay gente andando y haciendo deporte.

Algunos me miran raro. Lógico, a mis pantalones vaqueros ajustados y negro impoluto hay que añadir que llevo ya un buen rato observando en mi móvil la foto que realicé en su día a la entrada al Anfiteatro e intento localizar el punto en el que se encontraba aquella puerta hacia otra dimensión. Ando de un lado a otro, me agacho, me vuelvo a incorporar, me acerco, me alejo. Con el Colegio Público de Educación Especial Rincón de Goya como referencia a la izquierda y un par de árboles a la derecha hallo por fin la buscada ubicación. Y tiro mi primera foto.

El árbol que aparece a la izquierda de las fotos, de cuyo tronco surgen dos grandes ramas, como si de un enorme tirachinas de notas y figuras se tratase, marca la casilla de acceso al desaparecido auditorio natural.

Antigua entrada al Anfiteatro Rincón de Goya
Antigua entrada al Anfiteatro Rincón de Goya

Hay un claro contraste entre la decadencia del recinto de hace 15 años y lo idílico de los árboles, el sol y el trinar de los pájaros de hoy. Tan bonito que da grima. No obstante, como eco de aquellas máquinas excavadoras que se llevaron nuestras piedras de aquí, aparece un vehículo podador que me sigue con su ruido continuo durante mi visita.

¡Ha desaparecido el Monumento a la Madre!

Cuando he escrito líneas arriba «y tiro mi primera foto» no he sido del todo sincero. En realidad he comenzado mi paseo, como sucediera en el reportaje análogo de hace 15 años, visitando una escultura del oscense Angel Orensanz a la que guardo especial cariño. No solo por el valor artístico, sino de modo especial por su historia. A solo unos metros del Rincón de Goya, a orillas del Huerva, se encuentra el Monumento a la Madre. Este fue realidad gracias al grupo zaragozano Rocas Negras y un maratón en el que actuó el conjunto durante 24 horas y 3 minutos y por el cual recaudaría en 1966 la friolera de 14.866,30 pesetas. Ahí es nada. Cosas que pasan, en tal día como hoy, se cumplen justamente 55 años de la gesta. Casualidades de la vida, quizás.

Hace cuatro años, cumpliéndose el 50º aniversario de la inauguración de la obra, entrevisté frente a esa escultura a Santiago Sánchez, vocalista de Rocas Negras. Coincido completamente en las afirmaciones que realizó el músico cuando comprobó el estado lamentable por vandalismo en el que se encontraba la obra: «Que es un monumento a la madre. Nuestras madres y nuestros padres son lo mejor que hemos tenido en este mundo ¿no?».

Pues bien, no sé el rato que me habré pasado buscando el dichoso monumento. Y nada de nada. Teniendo en cuenta lo despistado que soy no es algo tan inusual. Aunque, finalmente, observando detenidamente distintas fotos de la escultura desde el móvil, he conseguido dar con un círculo marcado en la hierba sobre el cual reposara durante más de medio siglo este homenaje en piedra eterna a la madre.

¡Ha desaparecido el Monumento a la Madre! ¡Dios! Con pena he tirado la correspondiente foto. Orensanz ha expuesto sus esculturas en lugares como Holland Park de Londres, el Roppongui de Tokio, la Plaza Roja de Moscú y el Central Park de Nueva York. Incluso en el mítico Estudio 54. Pero, vaya, parece que esta obra, que supone una de las primeras monumentales del artista, ya no podemos disfrutarla. Mal, muy mal.

Monumento a la Madre próximo al Rincón de Goya
Monumento a la Madre próximo al Rincón de Goya

Tras realizar la instantánea procedo a llamar al Ayuntamiento de Zaragoza interesándome por el Monumento a la Madre por el que Rocas Negras se la jugaron. No han tardado en contestar. Me tratan muy amablemente, la verdad. Tras permanecer unos minutos al teléfono mientras preguntan al Área de Patrimonio del consistorio sobre el tema, les he dado mi número a la espera de una explicación. Que un grupo rockero toque durante un día entero para que esta ciudad tenga un recuerdo hacia la madre sí es transgresión, ¡copón!

Vuelvo a traspasar aquella puerta

Regreso a la entrada al Anfiteatro. Traspaso aquella puerta en la que no hay puerta alguna. Pero siento que entro. Hace 15 años la encontraba cerrada y tuve que colarme. Hoy está demasiado abierta. Aún así noto algo especial y no puedo evitar emocionarme. Este lugar está cargado de buenos recuerdos y viajo en el tiempo. En pleno estado de trance… ¿qué sucede? Es mi teléfono móvil. Despierto de sopetón. Se trata del personal del Ayuntamiento de Zaragoza. Tengo una contestación sobre el Monumento a la Madre conseguido por mis queridos Rocas Negras a los que, por cierto, no invitaron a la inauguración del mismo. Todos los detalles en la entrevista que mantuve con Santi en 2017 (risas). No dejes nunca de leernos. Nosotros lo hacemos todo con el máximo cariño.

Me informan desde el otro lado del teléfono que el Monumento a la Madre se encuentra en un almacén. Insisten en que está custodiado en las mejores condiciones posibles. Me explican que debido al vandalismo recibido durante años, la escultura no podía seguir cara al público y se la llevaron de aquí sin que haya hoy plan alguno sobre su posible futura rehabilitación. No suena nada bien. Si tienes un grupo de rock’n’roll y te va la transgresión, pero la de verdad, a lo mejor puedes tomar la iniciativa y volver a recaudar esas 14.866,30 pesetas del ala para que la obra vuelva a contar con su esplendor del pasado. Ubicada, desde luego, en un nuevo lugar, menos apartado. No la jodamos de nuevo. Tómame la palabra, por favor.

¿Por dónde iba? Ah, sí. Regreso a la entrada al Anfiteatro. Traspaso aquella puerta en la que no hay puerta alguna. Pero siento que entro. Me dispongo, pues, a seguir aquella senda que llevaba hasta un césped que siempre pedía revolcones. Al bendito bar. Por supuesto también a los duros asientos del desaparecido anfiteatro. Aún hoy cuesta creer que el recinto ya no exista.

Hace unas semanas el actual Ayuntamiento de Zaragoza barajó junto a la Asociación Intersectorial de la Música realizar conciertos aquí. Desde Aragón Musical ni siquiera quisimos perder el tiempo en hacernos eco de algo que no iba a llegar a nada. Tal propuesta no logró pasar la puerta del Área de Parques y Jardines tan fácilmente como servidor acaba de hacer con la de sus recuerdos. Esa programación parece que irá a otro punto de este parque, el Jardín de Invierno. Aunque todo está por ver. El lugar es también muy reivindicable para la cultura. Ahí han tenido lugar multitud de conciertos y, recordemos, se encuentra en el hueco de una antigua gravera, por lo que junto al efecto de los árboles que lo rodean, cuenta con un microclima que lo protege incluso del cierzo más ventolero.

No puedo dejar de nombrar la iniciativa El Bosque Sonoro, que desde la localidad de Mozota, muy cercana a Zaragoza, ha dado con una ubicación maravillosa, también desde orillas del Huerva, que aúna naturaleza y música. Como la unidad que son. Por otra parte, este verano, las gentes de Aragón Musical visitamos un anfiteatro calcadito al desaparecido del Rincón de Goya. Fue en Pau y nos devolvió, inevitablemente, a aquella Zaragoza de finales del S XX. Bueno, aquí, en la Zona Expo, junto al Ebro, hay un anfiteatro. Pero solo un anfiteatro. Sin infraestructuras que hagan que programar conciertos cuente con ventaja alguna. Por eso no se organiza desde hace años entre sus paredes absolutamente nada de nada. Es lo que tiene construir rápido y mal. Contextualizo: actualmente estamos viviendo una pandemia y la cultura al aire libre no está de más.

Entrada a escenario y camerinos

Leonard Cohen, Camarón, John Mayall, Paco de Lucía, Radio Futura, Niños del Brasil, Black Crowes, El Niño Gusano, Los Modos, Luna, Héroes del Silencio. Son solo algunas de las propuestas que pasaron el umbral de la puerta de entrada a escenario y camerinos del emblemático recinto. Busco la antigua ubicación del pequeño edificio en el que se encontraba y que, si mal no recuerdo, contaba incluso con una planta subterránea.

Mientras intento concentrarme en mis labores fotográficas no puedo evitar volver a aquellos festivales del Bar Shaman, local que cerraría sus puertas en 2004 y que daría lugar a La Lata de Bombillas. Javi siempre al pie del cañón. Que no nos falte gente así, por favor, y cuando derriben el siguiente rincón de cultura de esta ciudad, nos inventemos mil más. Y tiro la foto porque me toca.

Entrada al escenario y camerinos del Anfiteatro Rincón de Goya
Entrada al escenario y camerinos del Anfiteatro Rincón de Goya

No deja de ser curioso que este anfiteatro comenzase su actividad en 1985 y solo estuviese en activo 21 años. Recuerdo el revuelo que se montó en la ciudad con su inauguración y lo bonito que se veía recién construido. Desde el Ayuntamiento de hace década y media nos aseguraron que fue una construcción realizada para ese periodo de tiempo. Tal cual. Si los romanos levantasen la cabeza y si, además, lo hiciesen tan bien como acostumbraban con sus anfiteatros. Vaya cabeza la de los romanos, troncos.

Vuelvo a ser público

Sigo mi paseo. Se une a la fiesta del vehículo podador un venerable señor con una podadora de mano nada silenciosa. Toman de la mano a mis oídos en este viaje como recordando que no hay parque sin ruido y de haberlo estará mal cuidado. Los coches que circulan por el tercer cinturón hacen el resto. Ese cinturón no encaja aquí pero a este no se le puede demoler. A este no. No es cultura.

Camino ladera arriba. Al fin tomo asiento, aunque sobre la hierba, sin asiento. ¡Me vienen tantos recuerdos! ¿Estaré haciéndome mayor? Voy a tomar alguna foto para distraer al corazón.

Gradas del Anfiteatro del Rincón de Goya

Desde las gradas del Anfiteatro del Rincón de Goya
Gradas del Anfiteatro del Rincón de Goya

Foto va, foto viene, se cuela por la pantalla del teléfono móvil un WhatsApp que me pregunta sobre a qué hora quedamos para acudir  esta tarde a un evento que pinta muy bien. La joven artista Erin Memento actúa con intervención artística simultánea de Maiky Maik. Además en un marco tan especial como es el Foro de Caesaraugusta.

Erin no contaría aún ni con 10 años cuando realicé ese primer reportaje en 2006. Ni ella ni la gente de la música de su quinta, con ventaja la más preparada, pudo vivir un concierto desde este rincón. Al menos que recuerden. No sufrieron impotencia por aquella demolición y se perdieron todas aquellas protestas previas en las que se llegó a reunir a 2.000 personas desde la ladera próxima al Rincón de Goya con actuaciones improvisadas como las de Violadores del Verso, Juako Malavirgen, Samba da Praça, Isma de El Vicio del Duende, Karhe, Blue Joke y Tetra Break. Así lo recogimos en Aragón Musical a cinco meses de la demolición.

Es justo aludir al trabajo de Luis Bernadaus como una de las personas que movió también todo aquello y con la que acudí en varias ocasiones a citas convocadas por el Ayuntamiento de Zaragoza en las que quisieron convencernos de la no viabilidad de la restauración de aquel lugar de conciertos al aire libre. Si algo hay que reconocer de aquel equipo de gobierno es que siempre tuvieron sus puertas abiertas. Tanto para hablar del Rincón de Goya como para cualquier otra cuestión, como también hicimos. Algo que no puede decirse del consistorio actual. No vamos a mejor.

Subo al escenario

Intento subir de nuevo al escenario. Aunque, claro, ¿dónde carajo estaba el escenario? Desde él incluso llegué a realizar un concierto y la sensación que viví en aquella jornada vuelve a recorrer mis venas. Hoy los artistas toman fotos a su público desde el escenario. En la época del Rincón de Goya solía suceder al contrario, ya ves. Siempre que te dejase la organización colar una cámara o no te la pillaran en la puerta, claro.

Me hago pasar por músico de 2021 y tiro la foto desde aquí. Mi público se reduce a gente paseando, abundante flora, aves y no pocos insectos. No falta, por supuesto, el personal del Área de Parques y Jardines deleitándome con el cantar de las máquinas de la poda. No son mi público, más bien yo soy el suyo, aunque no esté disfrutando mucho de su necesaria actuación.

Desde el escenario del Rincón de Goya

Comienzan a acumularse los mensajes en mi móvil y empiezo a recibir llamadas. Es lo habitual a prácticamente un mes de los Premios de la Música Aragonesa. Tengo demasiados mensajes sin contestar, si estás entre las personas ignoradas, de verdad que lo siento. Organizamos los premios el 20 de junio. Luego, quizás, hablamos.

Supondrá la 22ª edición y nuestros segundos premios realizados fuera de Zaragoza, en concreto en Alcañiz. El lugar es brutal. También al aire libre y también en un anfiteatro que emociona siempre visitar, el Pui Pinos. Ya lo quisiera para sí la Zaragoza que vio irse al Anfiteatro del Rincón de Goya. Pero, claro, hablamos de una construcción hecha a conciencia, sin prisas y con todas las infraestructuras y facilidades para recoger lo que se tercie. Otro nivel.

Adiós, rincón

Es una delicia que 15 años después me encuentre preparando cosas tan bonitas y que siga con más entusiasmo que entonces disfrutando de cada una de las historias que tengo entre manos. Es un verdadero privilegio. Sin crecer… ni cambiar convicciones… ni descafeinar rebeldía… Pero, vaya, ahora mismo me toca trabajar duro y he de dejar el sol, los árboles y los recuerdos aquí, bien guardados, para nutrirme de ellos cuando sea necesario. Me llega a dar hasta tristeza escuchar las máquinas podadoras cada vez a menor volumen. Me alejo.

Aquel sueño de pasear en Zaragoza entre árboles hasta llegar a orillas de un río y disfrutar de música en directo desde la naturaleza llegó a ser verdad en un tiempo. En realidad, naturaleza y cultura en un mismo rincón no es algo que suene tan mal ¿no? Con tercer cinturón o sin él ¡Qué carajo!

Sergio Falces
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