miércoles, 30 noviembre 2022
Rufus Wainwright. Jardín de Invierno, Zaragoza 30/6/22. Foto, Ángel Burbano

CRÓNICAS: Rufus Wainwright + Elem. Jardín de Invierno, Zaragoza 30/6/22. Por Alejandro Elías

Rufus Wainwright volvió a pisar la ciudad de Zaragoza tras su anterior y excelente concierto de 2017 en el Teatro Principal. En aquella ocasión el lugar elegido para el recital fue el más acertado, pues la música del cantautor estadounidense está concebida para ser escuchada sin duda en un teatro, donde los matices de su voz y su piano, así como la solemnidad de su interpretación, adquieren todo su esplendor. Para esta ocasión los organizadores de Música al Raso optaron por colocar sillas en el anfiteatro y fue un acierto, sin lugar a dudas, ya que Rufus venía él solo -sin músicos de acompañamiento- y la intimidad, quietud y silencio se preveían necesarios desde el inicio. Aunque el cierzo y el frío amenazaron durante toda la tarde, el concierto se llevó a cabo de la mejor de las maneras y el audio, aun a pesar del fuerte viento, no se resintió en ningún momento. Y es que poco, muy poco necesita el señor Wainwright para sacar adelante su show; solamente con abrir la boca, sería suficiente. Porque esa voz seductora, teatral y exclusiva vibra de una manera tan cautivadora que penetra en el oyente sea cual sea su gusto musical y permanece ahí hasta que él decide. Es plenamente consciente del poder de su garganta y sus cuerdas vocales y las explota a su antojo, enamorando a conciencia a quien acude a oírlo cantar;  y aproximadamente mil zaragozanos acudieron a la cita, esta vez sí, prestos a escuchar y a deleitarse con un concierto que estaba ganado antes de empezar. Puntual y divertido, saltó el americano a las tablas con su sempiterna sonrisa dispuesto a meterse en el bolsillo a la audiencia desde el primer minuto. Comenzó tras el piano de cola, el instrumento que sin duda mejor domina, pues se le podría considerar -con muy pocas dudas- un maestro de las teclas. Y es ahí, sentado en su butaca frente al micrófono, donde Rufus adquiere su magnificencia y sus canciones el punto adecuado para emocionar. No es así cuando se cuelga la guitarra, ya que como él mismo bromeó, es consciente de sus limitaciones a las seis cuerdas. Aun así llegó a la cima con “Only the people that love”, y es que la modulación de su voz sobre los rasgueos de su acústica fue sobresaliente. Tras varios temas con la guitarra, volvió a su zona de confort y le agregó a su interpretación pianística un grado más de nervio y virulencia, llevando un punto más allá el resto del repertorio hasta llegar a su versión a capela de “Over the rainbow”, el clásico impertérrito que se coloca en la voz de Wainwright en una nueva dimensión. Tras su hit “Cigarettes and chocolate milk” hizo un breve amago de fin, para volver con dos bises antológicos: primero la canción más conocida de su autoría “Going to a town”, y segundo el “Hallelujah” de Leonard Cohen, que en la voz y el piano de Rufus Wainwright hizo literalmente llorar a más de uno y emocionarse al resto de una audiencia que se mostró respetuosa y fascinada en todo momento. Abrió la zaragozana Elem, sola también frente a su piano, haciendo gala de dominio técnico tanto con el instrumento como con su voz. Con un repertorio que crece por momentos, sus canciones se afianzan poco a poco en los oídos de sus aficionados, aunque a Laura se le nota aún poco confiada en su voz e imagen, como si estuviera luchando por abrir un cascarón en el que ya se divisan las primeras grietas por donde se ve la luz. Un nacimiento que se divisa temprano y puede dar muchas alegrías a la canción de autor aragonesa de este siglo.

Texto: Alejandro Elías / Fotos, Ángel Burbano

 

 

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