viernes, 30 septiembre 2022
Kase.O. Festival Vive Latino España 2022. Recinto Expo Zaragoza. Foto, Ángel Burbano
Kase.O. Festival Vive Latino España 2022. Recinto Expo Zaragoza. Foto, Ángel Burbano

CRÓNICAS: Festival Vive Latino España. Recinto Expo Zaragoza, 2 y 3/9/22. Por Alejandro Elías

Ha existido un error histórico en lo referente a la música rock cometido por España -y toda Europa- a lo largo de las décadas: centrar siempre toda la atención en EEUU y Reino Unido y obviar lo que se hace en Latinoamérica. Con la llegada de internet y sobre todo de Spotify ese error ha ido mermando, pero los cadáveres que ese desliz ha dejado por el camino son innumerables e imperdonables. Quizá el más sangrante de todos fuera Soda Stereo, jamás llegaron a ser conocidos al otro lado del charco siendo que llenaban estadios en todo el continente americano y el valor artístico de sus discos fue innegable. Al igual que ellos, numerosas bandas de una calidad incuestionable -muy superior a la mayoría de las españolas- se perdieron en el olvido y fueron condenadas al ostracismo por industria, medios de comunicación y público. El festival Vive Latino, creado y celebrado durante años en México, ha sido la punta de lanza del rock en el continente americano y este año ha desembarcado en Zaragoza para, entre otras cosas, saldar esa cuenta histórica y hermanar musicalmente -de una vez por todas- ambos lados del atlántico. El valor cultural, musical y artístico que esto supone debería ser -sin ningún otro aliciente- absolutamente suficiente para que cualquier persona mínimamente interesada en la música estuviera presente en el festival celebrado este pasado fin de semana en el Recinto Expo. Poder ver en directo y a la vez a Babasónicos, Café Tacvba, Aterciopelados, Molotov, Mon Laferte, Instituto Mexicano del Sonido, Little Jesus, Mula, Ximena Sariñana, Caligaris y tantos otros es un privilegio de tal tamaño que la persona que no haya estado se debería arrepentir toda su vida. Si a eso le sumamos la tanda y la talla de artistas españoles que se dieron cita, la ausencia es totalmente injustificada. Con una organización rozando el notable, con una puntualidad milimétrica en los horarios de actuaciones y unas instalaciones poco mejorables, el festival ha sido todo un éxito. El viernes destacó el concierto de Babasónicos, banda mítica argentina que dejó a todo el público noqueado de principio a fin con un sonido fresco y vivo y una puesta en escena que sorprendió a todos. Coque Malla fue el más destacado de los artistas españoles, revisitando tres canciones de Los Ronaldos con las que se metió al público definitivamente en el bolsillo, sin contar la colaboración sorpresa que hizo en su última canción con el mismísimo Kase.O. Lo de Mon Laferte es caso aparte: supone una revelación casi espiritual ver a esta artista en directo. Todos los allí presentes tuvimos la misma sensación de estar presenciando algo excepcional y de una altura difícilmente igualable. Aterciopelados sonaron de lujo con una banda reducida a cuatro músicos. El carisma de su cantante Andrea Echeverri no tienen parangón y consigue que cada actuación de la banda colombiana sea única e inolvidable. León Benavente optaron por un repertorio demasiado discotequero, hecho que restó en su contra pues poseen otras canciones de un corte más pausado que podrían haber resultado menos ruidosas y más coreables. Aún así, el público definió su concierto como una “apisonadora” y no les falta razón. Pero para el firmante, el momento cúspide de toda la primera jornada -y quizá de todo el festival- fue el concierto de Molotov. Llegamos con no demasiadas expectativas y algún prejuicio y nos volaron la cabeza a todos con su sonido, sus hits y su ya famoso cambio de instrumentos, trasladándonos a los años 90 presenciando pogos entre el público y altercados policiales. Vetusta Morla, sin embargo, nos dejaron algo fríos, al igual que sus compañeros de generación Love of Lesbian, quizá por el hecho de la sobrecarga de exposición de ambas bandas a lo largo de los últimos años. Cerró la jornada el maestro Sho-Hai haciendo lo que mejor sabe hacer, el “rap hardcore que nos enamoró”. El sábado fueron sin duda Café Tacvba los que destacaron por encima de cualquier otro artista del cartel. Su colección de canciones, puesta en escena, carisma de cada uno de los componentes y sonido impecable dejan pocas dudas a la hora de hacer esta afirmación. Un concierto de 10. Mikel Erentxun sonó también a las mil maravillas -al igual que todos los artistas del escenario Ambar, nuestra felicitación desde aquí a los técnicos de sonido- y rescató cuatro o cinco clásicos de Duncan Dhu con los que tenía el partido ganado desde antes de empezar. Little Jesus fueron la gran revelación del festival para el abajo firmante, una banda de indie rock de CDMX con un sonido muy interesante y unas melodías pegadizas hasta el extremo. Su compatriota Ximena Sariñana colaboró con ellos en un tema de manera inesperada, anticipando su concierto en el mismo escenario unas horas después. Concierto que también sorprendió por la calidad en las composiciones de la cantante de Guadalajara y por sus músicos, una formación que no pasó inadvertida. Iván Ferreiro, como todos presagiábamos, nos volvió a sorprender una vez más. Con una banda de seis músicos, este pequeño gran artista nunca falla ni defrauda. También tiró de clásicos –“El equilibrio es imposible”, “Años 80”, “M”- pero la infalibilidad de su repertorio más reciente es indudable con gemas como “El pensamiento circular”. Amaral y Leiva ofrecieron dos conciertos notables en sonido y propuesta, ofreciendo su colección de hits al numeroso público que esperaba a ambos artistas, muy queridos en nuestra ciudad. Kase.O quizá fuera el más deseado y no se hizo de rogar, regalando su inefable carisma y sus rimas a un público ansioso por verlo acompañado por última vez de su banda de jazz. Caligaris fueron una fiesta ambulante, con “mil” personas encima del escenario haciendo de su show una tremenda celebración musical. Y para cerrar, dos propuestas muy festivas llegadas de México y Argentina respectivamente: Nortec y Kumbia Queers, bandas ambas centradas en hacer bailar y disfrutar a los más noctámbulos. Sin entrar aquí en cuestiones y polémicas alejadas de lo meramente artístico y musical, ojalá se pueda repetir el festival durante muchos años más. Larga vida, pues, al Vive Latino.

Texto: Alejandro Elías / Fotos, Ángel Burbano / Ver todo

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